“EL SILOGISMO”

“EL SILOGISMO”
ZV
/ 28 de agosto de 2020
/ 12:52 am
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¿CUÁNTOS, virtud de esta crisis infernal que le ha caído al mundo encima, estarán inquietos sobre qué pueda depararles el futuro inmediato, una vez que despierten de esta amarga pesadilla? Cuántos se estarán preguntando ¿si lo que hago, será útil todavía en el mercado laboral? ¿Si con las habilidades que tengo, o con el título que obtuve u obtendré, podré conseguir trabajo? Incluso, para los que tenían empleo y ya no tienen –consecuencia de la destartalada infraestructura económica– si lo voy a poder recuperar? Más incierto el panorama, reflejado a la luz de algunas visiones agoreras. Ello es que la inteligencia artificial sustituirá las capacidades de la mente humana. Cuando el entrenamiento recibido por la persona durante toda una vida sea obsoleto. No hay cómo plantear el silogismo, sin formular correctamente la premisa fundamental. La necesidad de revisar si lo que se enseña, si el plan de estudios para escuelas, colegios e institutos, públicos y privados, y el currículo académico de las universidades –en fin comprendido a todos los niveles del sistema educativo– es todavía relevante al mercado laboral.

Yendo más allá, ¿si los planes de enseñanza de la actualidad –la naturaleza de las asignaturas para las profesiones que se ofrecen, y la índole de los títulos que se entregan– van a colocar al país en un nivel de ventaja o desventaja respecto a los demás? Ya no de aspirar competir en el mundo; tan solo superar la condena tercermundista. De allí, queriendo propiciar el debate inaplazable, de una cuestión de la mayor trascendencia, sobre lo que muy poco ha habido hasta ahora, surgió un conversatorio entre la AMC y autoridades educativas. Entendemos que fue invitado el secretario del ramo, sin embargo, por impedimento de mayor urgencia, se excusó. Todos los demás concurrieron al zoom: Rosalpina Rodríguez, Presidente Ejecutiva, UNITEC; Roger Valladares, Presidente Ejecutivo, UTH; Francisco Herrera, Rector, UNAH;
 Armando Euceda, Director de Postgrados, UNAH; Elio Alvarenga, Rector, Universidad Católica; Marlon Brevé, Rector, UNITEC;
Senén Villanueva, Rector, USAP; Javier Mejía, Rector, UTH;
Hermes Díaz, Rector, UPNFM;
Julio Raudales, Vicerrector, UNAH;
Misael Arguijo, Vicerrector Académico, Universidad Católica; y Darío Cruz, Vicerrector, UPNFM. ¿Cómo desentonar del propósito que animó la convocatoria, contando con semejante surtidor de talento? Cada uno, a su debido turno en el uso de la palabra, dio su aportación. De esas torales, no criterios banales de los arrabales.

Escuchamos hablar desde el combo de la virtualidad y de lo presencial, hasta el azaroso proceso de la conectividad para demasiados maestros y estudiantes. De los procesos de adaptación a las nuevas realidades. De las políticas “más flexibles, innovadoras, emprendedoras”, que deben permear en la enseñanza. De los “nuevos tipos de liderazgos, orientados a la acción, pero enfocados en la gente; visionarios pero realistas; ambiciosos pero humildes”. Uno de ellos, sugirió como punto de partida de la discusión, el título de su libro, que tomó prestado de Chermyshevski: ¿Qué hacer? Escuchamos los acostumbrados lamentos sobre la pérdida del buen hábito de la lectura. A ningún lado se va con divagaciones superficiales sin tocar la raíz del problema. Nada se puede, –escuchamos decir– si no hay un deseo de “querer aprender”. Y ese deseo hay que estimularlo. En lo que a la lectura concierne, hasta sería necesario obligarlo. ¿Qué tipo de sociedad queremos? –fue una aportación, complementada por otro razonamiento– “la universidad no da un producto terminado, solo enseña a que “aprendamos a aprender”. “Usted de lo que ha venido hablando en sus editoriales –ilustró otro amigo– es “de la mente escolarizada”, como lo explica el catedrático en cognición de Harvard, Howard Gardner. Para no terminar siendo “destino turístico de los antropólogos”. Nos hicieron recordar algo sobre lo que dijimos escribiríamos, la primera vez que nos contaron la historia. “Recuerdo la tarea de mi maestra –refirió el rector– traigan una breve reseña, sin recurrir a muchas consultas, sobre lo que cada uno de ustedes entiende por cultura”. Ninguno se acercó a la definición: “Cultura –les dijo la maestra con un semblante de dulce ternura– es lo que queda después que uno olvida lo que aprende”. Nada más exquisito. Reinventarse, adaptarse, cuantas veces sea necesario. Para resistir los hamaqueos que se sufren. Solo con cultura. Hay que darle calidad al sistema educativo, fortalecerlo y flexibilizarlo para que aguante el ventarrón que nos sacude; haciendo a la educación confluir con la cultura.

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