La recepción de La Patria del Criollo en la historiografía colonial en Honduras (parte I)

La recepción de La Patria del Criollo en la historiografía colonial en Honduras (parte I)
ZV
/ 29 de agosto de 2020
/ 12:40 am
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La recepción de La Patria del Criollo en la historiografía colonial en Honduras (parte I), Por: Rolando Sierra Fonseca

A la memoria de Marielos Chaverri

Introducción

Al conmemorarse este 2020 los cincuenta años de la publicación del libro del historiador guatemalteco Severo Martínez Peláez. La Patria del Criollo. Ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca (1970), obra que, ha representado un hito dentro de la historiografía centroamericana, y es importante preguntarse respecto a la historiografía del período colonial en Honduras de los últimos cincuenta años sobre ¿Cuál ha sido la influencia y los usos de la obra del historiador guatemalteco en el estudio de la historia colonial hondureña?

Como sostiene Molina (1998): “Sin lugar a duda, una de las obras que ha tenido mayor influencia en la historiografía colonial de Centroamérica es La patria del criollo del historiador guatemalteco Severo Martínez Peláez. Pocas han sido las monografías que han captado tan elocuentemente el entramado colonial. Martínez Peláez, quien acusa una influencia marxista, toma la Recordación Florida del cronista del siglo XVII Francisco Fuentes y Guzmán y entrega una valiosísima interpretación de las bases de la ideología de la clase criolla, la cual justificó la mano de obra servil y barata del indígena y el bloqueo al acceso de tierras (e indios) que padecieron las capas mestizas.”.

De acuerdo con José Cal, uno de los estudiosos de la obra Martínez Peláez esta fue inspirada en los trabajos de José Carlos Mariategui (1928) sobre la realidad peruana, en la que propuso una interpretación marxista basada en la división de la sociedad en clases sociales, particularmente: explotados y explotadores. (Cal; 2010)

La Patria del Criollo incluye los siguientes capítulos: Los criollos, Las dos Españas I y II, Tierra milagrosa, El indio, El mestizaje y las capas medias, Pueblos de indios y La colonia y nosotros. Cada capítulo tiene un aporte especial, No obstante, de acuerdo los estudiosos de su obra, el análisis se centra en los temas históricos sociales, relacionados con la tierra, el repartimiento, las encomiendas, la explotación del indio y el papel de la Iglesia, aspectos que condicionaron el desarrollo del aborigen y que aún tienen repercusiones en los pueblos indígenas de Mesoamérica.

Aunque, si bien este trabajo tiene como propósito conocer cuál ha sido la recepción de la patria del criollo dentro de la historiografía sobre el período colonial en Honduras, especialmente en la obra de las y los historiadores hondureños, no se puede olvidar que Martínez Peláez escribió sobre la historia colonial hondureña en su libro Motines de Indios: la violencia colonial en Centroamérica y Chiapas (1985), en el que estudia particularmente el levantamiento indígena de Macholoa, Así en un primer apartado se hace un recuento de la historiografía sobre el período colonial en Honduras en los últimos cincuenta años y en un segundo apartado se analiza la influencia y usos de la obra de Martínez Peláez en Honduras.

La historiografía del pasado colonial

Para analizar la influencia de la obra de Martínez Peláez es necesario establecer al menos dos premisas sobre la historiografía sobre el período colonial en Honduras: la primera, es que, si se hace un balance de esta, se observa que después de 1970 en que Martínez Peláez publica su gran obra La Patria del Criollo hasta el presente, se puede decir que la historiografía hondureña del período colonial no ha tenido un desarrollo sostenido y ha sido reducidos el número de historiadores nacionales y extranjeros que se han centrado en el estudio de este período, asimismo se observa que la historiografía hondureña se ha centrado más en el estudio de los siglos XIX y XX. (Sierra, 2001) y (Euraque, 2008) La segunda premisa para tomar en cuenta para conocer la influencia de la obra de Martínez Peláez en Honduras es que, dentro de la historiografía colonial hondureña, la influencia de la teoría marxista de la historia es limitada. Desde esta teoría a penas se encuentran los trabajos de Filander Díaz Chávez, Longino Becerra y Marielos Chaverri.

Así al analizar las principales obras que estudian el período colonial a partir de la década de los setenta del siglo XX, siguiendo a Murdo MacLeod (2008), en su análisis sobre la historiografía colonial centroamericana, para el caso de Honduras, considera que la: “cantidad de publicaciones sobre Honduras colonial que sigue en aumento y algunos de los temas tratados no son motivo de sorpresa”. Asimismo, sostiene: “Los escritos de Linda Newson sobre la industria minera y la disminución de la población nativa son muy conocidos. El excelente estudio de Luis Pedro Taracena Arriola sobre política y minería en la alcaldía mayor de Tegucigalpa en el siglo XVIII es más reciente. El productivo historiador Mario Felipe Martínez también ha escrito sobre la misma ciudad y sus alrededores. Los repartimientos de mano de obra para las minas atrajeron la atención de María de los Ángeles Chaverri, quien ha presentado sus conclusiones en al menos dos congresos de historia centroamericana” (MacLeod; 2008).

Destaca, también, que en la revista Mesoamérica, número 42 (2001) dedicada a la historia de Honduras se hayan publicado “Dos de los ensayos que publica analizan el lugar que ocupó Honduras en el comercio caribeño a principios del siglo XVI y la presencia en el país de una numerosa población de esclavos africanos desde los primeros días de la colonia”. Se refiere a los artículos de Guadalupe Fernández Morente “Honduras y el espacio económico del Caribe, 1524-1550” y de Mélida Velásquez “El comercio de esclavos en la Alcaldía Mayor de Tegucigalpa, siglos XVI al XVIII”. También Macleod subraya las diversas y útiles colecciones documentales de Mario Felipe Martínez y la de Héctor M. Leyva. Sorprende, también a este autor que, “la atención se haya concentrado en la iglesia colonial y, sobre todo, en el trabajo de los pueblos nativos y su encuentro con los misioneros mercedarios. Dos historias abarcan tanto el período colonial como nacional, Historia eclesiástica de Honduras de José Reina Valenzuela, en dos volúmenes, y la obra similar de Marcos Carías un año más tarde. Anne C. Collins escribió sobre las actividades de los mercedarios en el occidente de Honduras y Anne Chapman ha logrado reunir gran parte de su trabajo sobre los lencas en dos volúmenes” (MacLeod; 2008).

No obstante, este recuento historiográfico sobre el período colonial hondureño no sería completo sino se toman en cuenta y se agrega los trabajos de Mario Argueta Historia laboral en Honduras: de la conquista al siglo XIX (1983, en el que estudia la esclavitud indígena y negra en la minería, así como la encomienda y el tributo indígena durante el período colonial. Se encuentra también Marvin Barahona que publicó el libro Evolución histórica de la identidad nacional (1991), que sin duda es un giro en los estudios históricos en Honduras al pasar del estudio de los temas políticos y socioeconómicos a la historia social y cultural. En este trabajo Barahona es quien, hasta ahora, ha realizado el estudio más completo sobre la sociedad colonial, al centrar su estudio en el peso de la sociedad colonial en la conformación de la identidad hondureña. Asimismo, Barahona publicó el estudio: Alcaldía mayor de Tegucigalpa bajo el régimen de intendencias (1788-1812).

Posteriormente Marielos Chaverri publica su trabajo: La formación histórica de Honduras. Factores que inciden en la constitución de su territorialidad en el perdido colonial (1993), en el cual demuestra como la conflictividad ha estado en Honduras a la misma formación de su territorialidad durante el período colonial por caracterizarse por la existencia de una serie de zonas conflictivas: “Todos los factores que hemos estado estudiando hasta ahora tanto en sus interacciones como en su evolución temporal van incidiendo en que la definición y que afectan a los limites externos de la territorialidad posible. Estas zonas son el Golfo de Fonseca, la Teguzgalpa y la zona de Omoa. Aunque la problemática se inicia en el mismo momento de la conquista, ha continuado esperando presente hasta la actualidad. La intención de este trabajo es en primer lugar establecer los orígenes de los problemas”.

Roberto Reyes Mazzoni publicó el libro Cristóbal Colón en Honduras (2002). Se trata de un texto de carácter historiográfico, ya que analiza y debate sobre la figura y significado de la presencia de Cristóbal Colón en territorio hondureño a partir de las fuentes publicadas y de la bibliografía existente sobre el cuarto y último viaje de Colón.

En el año 2003 fue publicado el libro póstumo del historiador Salomón Sagastume: Tres ensayos sobre el período colonial de Honduras (2003), en que estudia el proceso de ocupación del territorio hondureño por parte de los conquistadores españoles entre 1524 y 1552; también analiza como en el marco de las reformas borbónicas se presenta un plan para la explotación del palao de campeche en Honduras y Yucatán y elabora un diagnóstico de la sociedad colonial hondureña y sus recursos naturales en el siglo XVIII.

Leticia de Oyuela en su libro Senderos del mestizaje (2006), realiza una revisión teórica del problema del mestizaje en la cultura hondureña a partir de tres hechos denotativos y puntuales que inciden fundamentalmente en el transcurrir histórico y en la forma de interpretar el mismo por una serie de estudiosos de la historia y la sociedad hondureñas. También, Oyuela publicó dos libros sobre documentos comentados de la historia de Honduras: Fe, riqueza y poder. Una antología crítica de documentos para la historia de Honduras (1992) y de la corona a la libertad: documentos comentados para la historia de Honduras, 1778-1870 (2000), ambos constituyen aportes documentales para una historia de los textos del período colonial y la primera mitad del siglo XIX en Honduras y sobre todo permites visualizar la documentación de los casi inexplorados archivos del poder judicial y de la Alcaldía de Tegucigalpa.

La historiadora hondureña Elizet Payne Iglesias. profesora de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica e investigadora del Centro de Investigación en Identidad y Cultura Latinoamericanas (CIICLA), de la misma universidad se ha dedicado a investigar sobre la historia colonial de Centroamérica y sobre Honduras ha publicado fruto de su tesis doctoral el libro: El puerto de Truxillo. Un viaje hacia su melancólico abandono (2007), que constituye un nuevo acercamiento a la historia colonial hondureña, ya que representa el primer trabajo escrito por historiador hondureño que analiza la colonia y una región portuaria del territorio desde la obra del historiador francés Fernand Braudel. En su estudio Payne busca generar una historia-problema, que no solo se limita a narrar sucesos del pasado de Trujillo, sino explicar por medio de un análisis detallado, tanto geográfico, económico y social, las causas o factores del auge y la crisis que caracterizan la historia de este puerto como un fenómeno de Larga duración. Por ello, este el libro se plantea como problemática ¿cómo es que un puerto que tuvo tanto auge en el siglo XVI su devenir se cauterizará por ciclos largos de crisis?, aún cuando haya permanecido en funcionamiento. La autora modela así el desarrollo de la una temporalidad que toma en cuenta los procesos cíclicos y las posibles variaciones de la historia de este puerto en más de cuatro siglos de historia. Resalta que un ciclo crucial en la vida de Trujillo es de 1780 a 1880, que permite entender la larga duración en la historia de este puerto.

Por su parte el historiador Libny Ventura ha publicado dos libros sobre el período colonial Los cripto judíos en Honduras (2008) y El linaje de Lara en Honduras. Siglos XVI al XIX (2009) en los que sigue las huellas de las familias judías en el territorio hondureño y en el segundo libro representa, especialmente, un estudio, como lo ha dicho Segisfredo Infante en el que, “la investigación histórico-colonial más minuciosa que se haya realizado en Honduras sobre una familia en particular, cuyos antecedentes se remontan a las relaciones de parentesco en la ciudad de Sevilla (región de “El -Analuz “ español) y a la presencia física del capitán Fernando de Lara en el pueblo de Tencoa, en los a comienzos de la era colonial hondureña, poco después del intenso subperíodo de conquista”.

También es de destacar dentro de la historiografía hondureña durante este medio siglo los trabajos del historiador y arqueólogo hondureño sobre la minería y la esclavitud Pastor Gómez Zúñiga público su libro: Minería aurífera, esclavos negros y relaciones interétnicas en la Honduras del siglo XVI: (1524-1570) (2012)

La recepción de la obra de Martínez Peláez en Honduras

Después de este breve balance historiográfico al analizar la obra de cada uno de quienes han escrito sobre la historia colonial se observa que la referencia a la obra de Martínez Peláez no se encuentra en todos. Es más, los principales estudiosos del período colonial hondureño, como Mario Felipe Martínez Castillo, Mario Argueta, Leticia de Oyuela, Alejandro Salomón Sagastume, Elizet Payne o Pastor Gómez en sus trabajos no existe referencia alguna a los planteamientos de este autor. Como tampoco, en los historiadores marxistas clásicos hondureños como Medardo Mejía y Longino Becerra, sus aproximaciones al estudio colonial hondureño, no se advierte en sus análisis la influencia del historiador guatemalteco.

El primer hondureño estudioso de la historia en citar y aproximarse a la obra de Martínez Peláez ha sido el historiador marxista Filander Díaz Chávez, quien en su obra ganadora del premio centroamericano de historia del CSUCA sobre la independencia de Centro América destaca el análisis sobre el trabajo del indio y el mestizo en el antiguo Reino de Guatemala. Este autor siguiendo el análisis de la políticas y formas de tenencia de la tierra durante el período colonial desde la perspectiva del historiador guatemalteco, quien plantea que la política agraria se desarrolló bajo una serie de principios, como los siguientes (Martínez Peláez; 1970:129-165):

El principio fundamental de la política indígena en lo relativo a la tierra es el principio del señorío que ejercía el Rey de España, por derecho de conquista, sobre las tierras conquistadas en su nombre. Este principio es la expresión legal de la toma de posesión de la tierra y constituye el punto de partida del régimen de tierra colonial. La conquista marcó una apropiación que abolía la posesión de los nativos sobre sus tierras. Era el rey el verdadero propietario de las tierras conquistadas, el reparto de tierras lo hacían los capitanes entre sus soldados, en nombre y con autorización del monarca, y sujeta a confirmación real. Por lo tanto, cualquier tierra que el rey no hubiera cedido era considerada tierra realenga, es decir, perteneciente al rey y por tanto no podía usarse sin incurrir en delito de usurpación. Por tanto, el rey cede la tierra y no hay tierra sin dueño; nadie puede introducirse en tierra que el rey no ha cedido.

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