Liderazgo político

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/ 31 de agosto de 2020
/ 12:20 am
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Por: Marcio Enrique Sierra Mejía

En Honduras, la sociedad política cuenta con líderes políticos pero lo que pinta feo es, la ausencia de un liderazgo que capture, con sus ideas, a la mayoría ciudadana. Se reconoce, que los opositores al gobierno y al Partido Nacional tienen una efectiva capacidad de movilización de gran parte de la población ciudadana, pero también, que los nacionalistas no se quedan atrás y activan para mantenerse en el poder.

Unos y otros dan evidencia de tener convocatoria efectiva. La masa ciudadana obedece consignas inmediatas tanto del lado de los gobernantes como del lado opositor. Sin embargo, la falta de integridad en el liderazgo político reduce la capacidad de influir en la conciencia ciudadana, dificultan la toma de decisiones y contamina la ejecución honesta de políticas para transformar, con resultados favorables, las condiciones de vida ciudadana.

Debemos tener meridiana claridad y entender la diferencia entre poder, autoridad e influencia. El nacionalismo tiene líderes con poder, pero lo ejercen de tal manera que los hace perder su legitimidad. El Partido Nacional, conquistó el poder, empero, tienden a ejercerlo mal porque demuestran señales de abuso del mismo, se percibe debilitamiento en la autoridad por quebranto de la legitimidad. Tienden a olvidar la causa por la cual luchan políticamente. Esto no significa que los nacionalistas ya están vencidos o que han perdido fuerza militante. Por el contrario, la fuerte oposición que enfrentan los está orillando a la toma de decisiones que bien podrían sorprender. La política es el arte de hacer posible el ejercicio del poder y demostrar un cambio real para engrandecerse y no caer en la derrota política.

Ejercer el poder, para influir en la vida de los ciudadanos y ciudadanas y conducirlos a luchar por una causa, es saber hacer liderazgo político. Sin improvisaciones, sino que trabajando a favor de las inquietudes que inspiren el apoyo a su lucha política. Es en esto que se está fallando. Se ha perdido la capacidad de cambiar el pensamiento de los demás, en lograr opiniones favorables y en demostrar que las acciones que se emprenden tienen soluciones convincentes.

El poder moral debe recuperarse y la autoridad que se ejerce debe conducir al cambio del pensamiento de los demás, de las opiniones y los resultados. El verdadero liderazgo político es el que sabe bogar en tiempos de crisis, el que tiene voluntad y capacidad para adaptarse a las adversidades, pero, sobre todo el que sabe tomar decisiones en tiempos difíciles.

La ciudadanía pone a prueba el carácter de un líder político cuando le da poder. Esto precisamente le da la capacidad de dirigir los destinos de la nación, pero más que todo, la oportunidad de dejar un legado histórico al realizar decisiones que cambian la vida de la nación, por ejemplo, lo que hizo Abraham Lincoln al abolir la esclavitud en los Estados Unidos, o de otra naturaleza, como lo que hizo Herbert C. Hoover, al tomar decisiones incorrectas, en el contexto de la Gran Depresión de 1929. A Mahatma Gandhi, se le recuerda por haber sido el líder hindú que se atrevió a desafiar el statu quo de la India colonizada, su liderazgo y su capacidad de movilización, quedaron probadas en la famosa Marcha de la Sal, cuyo resultado exitoso, es hecho político inigualable, y así, hay otros ejemplos, como el de Winston Churchill y el reverendo Martin Luther King Jr. Dignos líderes políticos que dejaron legados históricos por el liderazgo político que practicaron.

Los nacionalistas, en la actual etapa de crisis que atraviesa la nación y ante el repudio que ha logrado generar la oposición política, al victimizarlos con los temas del narcotráfico y la corrupción, tienen aún la oportunidad de demostrar capacidad para cambiar y delinear una visión de futuro pospandémico esperanzador, generando consensos y acciones de cambio. Tienen que demostrar un liderazgo moral y éticamente comprometido, con una visión política convincente del futuro, que entusiasme a la ciudadanía y gane su confianza.

Pues bien, ¿cuáles son los desafíos que enfrentan los nacionalistas para demostrar un liderazgo con capacidad de cambio y proponer una visión de futuro pospandémica? Son tres los desafíos políticos que visualizo: 1. Combatir la corrupción pública y demostrar con hechos una política de prevención y control del presupuesto. La corrupción afecta la débil democracia que tenemos y es el principal estigma que levanta la oposición en contra del nacionalismo. Son precisamente los hechos corruptivos lo que más daña el liderazgo político. 2. Cambiar la racionalidad de la política económica y proponer una estrategia efectivamente inclusiva. 3. Demostrar la inclusión social y el desarrollo de las comunidades y poblaciones vulnerables. Hay que liderar la nación con moral y ética aplicada. Ya no convencen las promesas, pero sí los ejemplos prácticos que evidencien el cambio en el liderazgo político.

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