Vivencias de la cuarentena: Una experiencia de solidaridad humana; de acercamiento a Dios y la familia

ZV
/ 6 de septiembre de 2020
/ 12:36 am
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Vivencias de la cuarentena: Una experiencia de solidaridad humana; de acercamiento a Dios y la familia
La Bandera de la patria, debe ser símbolo de unidad y reencuentro.

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Autor: Luis Alonso Gómez Oyuela
Email:luisgoyuela15@gmail.com

DANLÍ, El Paraíso. ¿Cuéntame tu experiencia en tiempo de pandemia? La pandemia no termina, llegó para quedarse, pero no para terminar con todo. Tus sueños, triunfos y derrotas van contigo. Cada día transcurrido ha sido una nueva experiencia, un acomodamiento a un nuevo orden que nunca esperamos. Los que hasta hoy superamos esta crisis hemos visto con dolor partir a muchos amigos y familiares, pero aquí estamos de pie para continuar dando la batalla de la vida.

El reportaje de hoy es para compartir vivencias y experiencias que cada uno de nuestros lectores está viviendo y depositando toda la confianza en Dios. La vida nos enseña a diario que no estamos exentos del dolor. La vida es una “Estación temporal”, escribió el recordado poeta Felipe Elvir Rojas: “Estación temporal, es la vida, con todos sus hechizos y desgracias. Como desesperados nos asimos a ella, sin pensar que es efímera”.

Mercedes Gamero, directora del Centro Regional Universitario de la Universidad Pedagógica Francisco Morazán (UPNFM), con el optimismo que la caracteriza, comparte la experiencia acumulada durante estos 180 días de pandemia.

“He vivido diversas experiencias tales como: disfrutar el cine, mirando aproximadamente 30 películas, que antes por falta de tiempo no había visto. Disfrutar 10 películas clásicas de diferentes géneros, por ejemplo: Casa Blanca, Juana de Arco y tiempos Modernos de Charlie Chaplin, entre otros. Además, terminar de leer libros que había dejado inconclusos, lecturas de libros Online orientados a mi formación académica y novelas de diferentes géneros”. Otro detalle importante, según lo explica, es haber convertido los espacios de su casa en un set de comunicación laboral, social y familiar, que me permite cumplir con mis responsabilidades académicas”, señala.

Mercedes Gamero, nació en una comunidad rural donde su principal vínculo fue con la gente que cultiva la tierra. Para ella la pandemia no ha sido obstáculo para tener mayor dedicación al cultivo y mantenimiento del jardín de mi casa, que implica a la vez; un inventario fotográfico del tipo de plantas existentes. He pasado mayor tiempo con mi mamá, con quien reforzamos todas las medidas de bioseguridad que cualquier familia, que ama la vida, pueda imaginarse.

Entonces no hay tiempo para el estrés, he cocinado diferentes antojos de nuestra gastronomía de la zona oriental, sin faltar por supuesto, los ricos derivados del maíz, algunas veces mi casa se convirtió en un mini Festival del Maíz.

He alimentado mi espíritu escuchando música variada, interpretada por cantantes del ayer y hoy. Las noticias de alta entonación se convirtieron en ruidos para mis oídos. Pero lo más hermoso, he visto con gran satisfacción como los campesinos y ganaderos del valle de Jamastrán no se quedaron en sus casas, desafiaron al virus y al gobierno, para cultivar la tierra y que hoy estemos abastecidos de productos. Todo esto con la complicidad de la naturaleza y la gracia de Dios, en mandar la lluvia que hace producir la tierra.

Todas estas actividades y vivencias que he tenido, han contribuido a mitigar el pánico inducido y natural que ha provocado el virus; en algunos momentos me he sentido vulnerable y he compartido el dolor con familiares, amistades, vecinos, compañeros de trabajo y estudiantes. De igual manera he sentido mucha tristeza e indignación de que los viejos males que arrastramos como país, tales como: la corrupción, confrontación política y violencia siguen vigentes. Y que los responsables de parar estos antivalores, continúen indiferentes.

Estoy confiando en Dios y con la esperanza que esto pasara y que los hondureños, en este mes de la patria, nos reencontremos y nos comprometamos a cambiar nuestras actitudes y ver el futuro con mayor optimismo”.

Lourdes Cruz, con marcada emotividad, afirma que la pandemia en principio represento un duro golpe, “el temor se apodero de toda la familia, las noticias a través de los medios electrónicos se convirtieron en una tortura. Sin embargo, es y ha sido una oportunidad valiosa para acercarme a Dios por medio de la oración. La unión familiar. La solidaridad y saber valorar mi trabajo. Extraño el trabajo presencial en la Casa de la Cultura, escuchar los gritos de los niños en los pasillos, las instrucciones de los maestros en voz alta, atender al público con una sonrisa, los ensayos con las niñas, el abrazo, los buenos días, los aplausos, la música y la convivencia. Los consejos y regaños a veces de quien ha sido mi apoyo constante. Esa casa llena toda mi vida, es mi refugio. En síntesis, la pandemia vista desde el punto positivo, me ha hecho crecer en muchas cosas, especialmente en mi fe y amor a mi trabajo”.

César Ayestas, es maestro y dirigente cooperativista, “he superado hasta hoy la pandemia, extraño el aula de clase con mis alumnos, nos es lo mismo una comunicación virtual que poder estar con ellos físicamente.

En lo personal, este tiempo me ha servido para mantener una mejor relación con la familia, dedicarme a recopilar todos los poemas escritos por mi padre Ismael Ayestas, complementar el álbum fotográfico familiar, escribir la historia de El Arenal. Comenzar una mejor relación con Dios escuchando los audios de reflexión que recibo todos los días y comparto con muchos amigos, todo esto me ha hecho crecer en un área de mi vida a la que poca atención le había dado. Creo que la pandemia es como un renacer a la vida”.

Yolany Hernández, “la pandemia hace seis meses para mí era parte de libros leídos de historia que contaban lo que otros habían vivido, hoy me tocó formar parte de esa historia. Ahora seis meses después, me doy cuenta que no todo ha sido malo; hoy haciendo una revisión podría añadir que son muchas cosas buenas, entre otras; la recuperación de las familias, una gran oportunidad para valorar el núcleo familiar, reencontrarnos, revisar y fortalecer los valores, hábitos y muestras de afecto. Re direccionar nuestro trabajo, no ha sido fácil, pero hemos sumado las estrategias, esto ha incluido la capacitación permanente, hemos agotado los espacios libres para tomar capacitaciones virtuales en todas las áreas posibles. El ejercicio físico, la lectura, congregación virtual en nuestra pastoral familiar donde sentimos el gran apoyo de la familia cristiana. Dios nos permite el don de la vida, ser solidarios. En resumen, vamos hasta el final con marcado optimismo”.

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