Independencia y recuperación patria

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/ 19 de septiembre de 2020
/ 12:04 am
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Independencia y recuperación patria, Por: Abog. Octavio Pineda Espinoza(*)

Llegó el 15 de septiembre a Honduras bajo la aplastante realidad de la pandemia del COVID-19 o coronavirus que nos hizo de nuevo, cambiar la forma de las celebraciones oficiales y no oficiales después de 199 años del nacimiento de nuestra nación a la vida independiente de los poderes fácticos de aquella época, sin embargo, y a pesar de la parafernalia oficial para ponerle una cara dizque alegre a la fecha conmemorativa, la mayoría de los hondureños nos preguntamos si somos realmente independientes, libres y soberanos, pues encontramos en nuestra realidad nacional muchas muestras tangibles de todo lo contrario.

No hay duda que seguimos siendo el terreno de la influencia o “el patio trasero”, como han dicho algunos historiadores, de la gran potencia del Norte, los Estados Unidos de Norteamérica que prevalecen en su supremacía continental y en donde, los centroamericanos en general y Honduras en particular tenemos un valor geopolítico menor que el de otras latitudes del mundo, valor al que por cierto, tampoco le hemos apuntado a sacar provecho. Todos los imperios a través de la historia se han comportado igual, así que, echarle la culpa al gigante del Norte de todos nuestros males es erróneo, tendencioso, infértil y poco inteligente, pues naciones más pequeñas que la nuestra, han sabido como negociar mejor esa influencia geo-política y han mantenido en el proceso, algo de su dignidad e independencia.

También es cierto que, como la nación más empobrecida de América Latina, gracias a malas administraciones gubernamentales, en especial, las de los últimos doce años, tenemos dependencia de los organismos internacionales de todo tipo y de los que llamamos “gobiernos amigos”; esa es la triste realidad cuando te conviertes en el mendigo de todo el mundo y cuando quienes gobiernan no tienen una visión de país distinta a la de mantener el status quo, mientras ellos despilfarran el presupuesto del Estado o simple y llanamente se lo roban, en una nación donde se pierden cincuenta mil millones al año en corrupción lo que profundiza la pobreza y la dependencia.

El gobernante actual, una persona sin escrúpulos de ninguna naturaleza, de carácter dictatorial, creído que el país es su hacienda personal, es la muestra más clara que no tenemos ninguna independencia real, pues ha vendido a la patria por pedazos, siempre y cuando, como dicen varios, le den su tajada, así es que, nuestras mejores carreteras son manejadas por ecuatorianos, que nos cobran por transitarlas; Puerto Cortés, nuestro puerto más importante es administrado por filipinos; quien tiene la distribución y el cobro de la energía eléctrica es una empresa colombiana; nuestros minerales preciosos son manejados por canadienses, gringos, italianos y otros; nuestro sur encantado pronto se convertirá en una colonia koreana; el agua, líquido vital y estratégico en San Pedro Sula es manejado por italianos; gran parte de Trujillo, zona de las más ricas de Honduras, es canadiense y buena parte de nuestra famosa banca privada es árabe y podríamos seguir enumerando casos que nos demuestran, que en realidad, hemos perdido toda independencia, porque además las negociaciones para distribuir todo eso, son leoninas y vergonzantes.

La ciudadanía hondureña ha perdido su independencia de pensar, de expresarse, de actuar, de activar y luchar por sus conquistas también, típico de un gobierno dictatorial en donde el Estado de Derecho ha sido desmantelado, la institucionalidad y los poderes han sido cooptados por una organización narco-criminal incrustada en el poder, en un partido político pero con cómplices en todas las organizaciones políticas, sociales, económicas, empresariales, gremiales y hasta religiosas del país, que, ante la realidad dramática de nuestra población, agachan la cabeza y besan los zapatos del dictador antes de levantar un dedo, en defensa de los trabajadores, de los médicos, de las enfermeras, de los pacientes, en fin, de los ciudadanos postrados ante el manejo irreverente e ineficiente de la pandemia.

Por eso se hace necesaria, una recuperación patria, que nos devuelva, primero nuestros derechos fundamentales, como el de elegir y ser electo, como el de tener gobiernos producto de procesos electorales transparentes, diáfanos, limpios de manipulación, limpios de acuerdos bajo la mesa entre los cafres políticos, acostumbrados a negociar para su propio beneficio en detrimento del resto de los hondureños, una recuperación que nos permita retomar vía presupuesto y políticas claras, el impulso a la educación en vez del armamentismo, a la salud en vez de la mal llamada seguridad nacional, de la austeridad frente al despilfarro, de las decisiones de las mayorías frente a las imposiciones, de la ley y el orden frente a la represión ilegal y sin sentido, del empleo digno frente al desempleo rampante, de la justicia frente a la impunidad.

No hay duda que debemos celebrar el valiente esfuerzo de nuestros próceres hace ya 199 años, ese intento idealista por construir una franja de naciones prósperas, fuertes, unidas en la adversidad y en la bonanza como las soñó Morazán y, precisamente en su memoria y por reconocer a esos grandes hombres y mujeres que dieron el último sacrificio al entregar su vida en pos de esa meta e ideal, es que debemos los hondureños recuperar Honduras, para nosotros, para nuestros hijos y para los hijos de nuestros hijos.

(*) Catedrático universitario. Secretario general del Partido Liberal de Honduras.

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