Guillermo Anderson: Música y literatura como complementos

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/ 20 de septiembre de 2020
/ 01:40 am
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Guillermo Anderson: Música y literatura como complementos

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Por: Rubén Darío Paz*

Al valorar la creación artística-musical en Honduras, durante las últimas décadas nos encontramos con una serie de nombres que han marcado momentos imperecederos en el imaginario nacional. Sin embargo, hay otros que llegaron para convertirse en referentes, tanto que su vida y obra marcan una tendencia, es el caso de Guillermo Anderson.

Rommel Guillermo Anderson Avilés, conocido únicamente como Guillermo Anderson, nació en la espléndida y bullanguera ciudad de La Ceiba, el 6 de febrero de 1962 en el seno de una familia con entornos favorables y proclives hacia la contemplación artística. Ambiente que facilitó el rumbo y la sensibilidad del virtuoso que se estaba formando. Un niño que desde cuarto grado escribe un estribillo “Señor pelícano, cómo deseo a veces poder cazar, como caza usted…”, obviamente ya es una muestra de talento precoz, sin olvidar que antes de llegar a la escuela, una abuela generosa le había enseñado a leer. Después de concluir estudios de secundaria en su ciudad natal se trasladó a Estados Unidos.

Anderson se graduó en Letras con énfasis en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de California en Santa Cruz (1986), donde también hizo estudios de teatro y música. De ahí germinaron las primeras propuestas de música y teatro que estuvieron orientadas a niños de padres inmigrantes como Los Chiquitos.

En su amplia obra musical se percibe la influencia de los grandes cantautores latinoamericanos, con mayor énfasis de brasileños como Chico Buarque, Gilberto Gil y Caetano Veloso, y más de alguna vez comentó sobre su admiración por el destacado catalán Joan Manuel Serrat. El formarse en los Estados Unidos le permitió profundizar sobre la cultura anglosajona, además de estar al tanto de muchos cantautores, especialmente de la obra del enigmático poeta de la contracultura Bob Dylan. Conoció la música del artista Paul Simon, personaje que desde los años 70 ya había incorporado el uso de instrumentos andinos en sus composiciones.

Como artista responsable siempre reconoció las influencias musicales en su obra, sin embargo, Guillermo fue fiel a su entorno marítimo, a su contacto permanente con los ritmos caribeños, incorporó producciones dedicadas a mostrar la cultura de garífunas y misquitos. El fusionar ritmos como la parranda, la punta, reggae, salsa, blus, calipso, jazz latino e incluso rock, fueron parte de la experimentación y sus resultados fueron atrevidos, pero notables.

Una vez establecido en su ciudad, emprendió el rol de gestor cultural, moviendo e involucrando otros actores locales, tan importantes en el fomento cultural, pero que es necesario despertarles, y es que Guillermo desde su pasión por su oficio contagiaba optimismo. Al conocerle durante un viaje de Tegucigalpa a La Ceiba, pude percibir su transparencia, su alegría y un marcado interés por la cultura hondureña.

En 1987 organizó “Colectivartes”, un espacio importante para jóvenes músicos y de otras disciplinas. Su éxito les llevó a las primeras giras, incluso fuera del país. El proyecto que más sobresale en esa etapa fue el espectáculo de danza, teatro y música “Sabor a Sombra” basado en la obra poética de su coterráneo Nelson E. Merren. Por muchos años, Guillermo estuvo interesado en musicalizar las mejores creaciones de poetas nacionales. En este campo, poco se ha hecho en Honduras, salvo excepciones, nuestros músicos han realizado interesantes propuestas para musicalizar obras referentes.

Resulta seductora la creatividad del artista, desde el momento de titular sus álbumes, y así destacan en la memoria colectiva En mi país, Retratos, La fuerza que tenés, La fiesta en el bosque, En el patio de mi casa, Los rumores del mar, Todos unidos, Encarguitos del Caribe, Costa y color, Pobre marinero, El tesoro que tenés, Desde el fondo del mar, Mujer canción mujer, Del tiempo y de trópico, Lluvia con sol.

Es tarea difícil decidir cuál es la canción más emblemática de Anderson, bajo el criterio que su obra abarca más de 300 canciones, sin duda, es profunda en el sentido estricto de la palabra; sin embargo, una de las más conocidas y utilizadas para promovernos como nación y con mucha aceptación en los distintos sectores es En mi país:

“En mi país de guamil y sol ardiente/ Se ve la historia en los rostros de la gente/ Hermosa tierra, vuelo de gaviota herida/Tenés la luz que va repartiendo vida. / Sos la semilla y sos la fuerza en el arado. Tenés el alma en el bullicio del mercado.
Suene la guitarra y la marimba.
Las maracas con el acordeón.
Que suene la flauta y la caramba.
Suenen el tambor y el caracol”.

De especial recuerdo es “Fiesta en el bosque”, pues su propuesta lúdica, orientada a generar conciencia ecológica en los escolares, tuvo una gran aceptación, en ese álbum se escucharon La rana feliz, El tigrillo, Toca la caramba y Arroz con leche. Numerosas escuelas del país lograron incluso dramatizar los textos.

Rana feliz
La rana feliz es feliz
Se sabe canciones y canta
Per per per per per per
Como mueve la garganta
La rana feliz es feliz
La orilla de lago es su hogar
De mañana caza mosquitos
Y por la tarde sale a nadar (…)

Con gran acierto, incorporó sones de la caramba, un instrumento tradicional, antiguamente utilizado en las regiones del centro sur-occidente del país, actualmente casi relegado, pero que aún sigue ejecutándose en el municipio de Nueva Celilac en Santa Bárbara.

Debemos valorar que Guillermo, como buen conocedor de los elementos costumbristas, también incorporó tradicionales rondas infantiles como Arroz con leche, se quiere casar…, composición de autor desconocido correspondiente al folclor francés que data desde mediados del siglo XIV. Además de recrear la canción con nuevos ritmos, le incorporó con esa libertad propia de un artista, letras locales Arroz con frijoles, se quiere cazar, con una muchacha que sepa bailar…

El tema migratorio: como constante de inspiración
A lo largo de su vida el tema migratorio despertó mucho interés en el artista, inicialmente porque en sus inicios él orientó parte de su convivencia con familias de migrantes. Así que recurre a esa mezcla de nostalgia con una gran valoración por la gastronomía hondureña, especialmente por el occidente de Honduras, donde su esposa tiene vínculos familiares, además de ser una región donde él ofreció numerosos conciertos y se le otorgó un importante galardón.

El encarguito
Ya que escribiste del norte y te hacen falta muchas cosas
Ahí te mando un encarguito cortesía de Doña Rosa
Ojalá pasen la aduana y las compartas con mis tíos
Y que al probarlas se olviden por un ratito del frío
Te van los nacatamales
Te va un chicharrón con yuca
Una olla de curiles
Tajaditas y montucas
Te mando un buen chinamito
Un atol y seis baleadas
Te va un tapado olanchano
Y sopa de capirotadas (…)

Si hay algo que debe acentuar en la trayectoria de Guillermo es el hecho de incluir en sus producciones a la cultura garífuna, sus tambores, maracas, sonajas, pitos, caracoles. Varios miembros de esta etnia, fueron incorporados como parte del elenco, algunas canciones se cantaron en ese idioma, al igual que en algunos de sus coros. De magnífica aceptación fue el Santo Negro, especialmente en las comunidades garífunas, y que Guillermo cantó en ese idioma.

Liru laludun weyo, lubuidun lafuachu hate ha
Liru laludun weyo, luibuidun lafuachu hate ha
Liru laludun weyo ñudunugua hamuga.

Del disco el “Tesoro que tenés”, que no es más que un legado hacia la conservación de nuestra Biosfera del Río Plátano, amenazada por inescrupulosos terratenientes, que no han valorado la presencia de las culturas vivas, y tampoco logran comprender, el significado armonioso de los recursos naturales para los pueblos vernáculos. El artista, investigó y viajó en varias ocasiones a La Mosquitia, siempre mostró interés, en esa forma distinta con que los ritmos caribes se ejecutan a través de la guitarra, en dicha región. Recuerdo que coincidimos esporádicamente un par de veces, mientras conversábamos con el músico don Juan Wood. De ahí surgieron temas como “Don Juan toque la guitarra”. Años después creó “Misquita linda”, una hermosa composición donde hizo un recorrido por simbólicos lugares de Gracias a Dios.

Misquita linda
Te fui a buscar a Puerto Lempira
y en Brus Laguna no te encontré
en Wampusirpi te habían visto
lejos estabas cuando llegué
Misquita linda te sigo buscando
Misquita linda aquí estoy llorando.
Te fui buscando hasta Kaukira
con sacrificio llegué hasta Ahuas.
de Belén caminé hasta Cocobila
Y pregunté por vos en Raista….

Desde su formación literaria, Guillermo alguna vez manifestó “A veces siento que cuando estoy componiendo estoy en una especie de agradable lucha libre con el lenguaje. Son pocas las veces que gano… otras veces es juego al escondite con ellas. Una buena parte del componer es el aspecto literario del acto. Esta el reto de la versificación métrica; como colocar a mi antojo lo que quiero decir dentro de lo que me permite un formato establecido, si se trata de canción popular”.

Las fuentes cotidianas como muestra de inspiración
A mí me interesa decía Guillermo, “estudiar las tendencias de la música que escucha la gente en los buses urbanos, en la calle, las radios populares y las discotecas. Me gusta enfrentar esa realidad porque de alguna forma la música es la literatura de la gente que no lee. En Honduras donde lo que más escuchan los jóvenes es reggaetón, me cuesta hablar de “poética en la música”.

Un interés marcado en presentar un país diferente
Al revisar múltiples entrevistas y conversaciones de Guillermo, siempre resalta ese amor constante a Honduras, ese sueño de construir un país mejor, esa fuerza por dar a conocer y fomentar esos detalles que como hondureños además de identificarnos, debemos sentirnos orgullosos. “En mis conciertos lo que hago es presentar a un país más allá de los terribles estereotipos y titulares horrorosos que nos han creado la imagen que hoy tienen de nosotros esos países. Presentar un país con seres humanos que trabajan, luchan y esperan un país mejor. Un país con una riqueza increíble en recursos naturales y turísticos”.

“El reto es presentar lo hermoso que puede ser un país sin perder el sentido crítico de su realidad. Al final un grupo de asistentes se levanta con carteles y banderas, peticiones y denuncias al gobierno. Han sido respetuosos de mi concierto y están en toda su libertad”, esto escribía Guillermo Anderson en su blog después de un concierto en Barcelona en 2015. (…) “Por muchos años mi país ha sido asociado con la violencia, yo quisiera mostrar que es un país que tiene muchísimo más que contar, muchísimo más que ofrecer. Y mi trabajo quizás sea un reflejo de eso. Para mostrar una imagen más fresca y un lado mucho más humano de este país que se llama Honduras. De alguna manera yo salgo a trabajar como cantautor en un país donde hay muchísimas historias que contar, yo siempre me veo llenando ese vacío que yo hubiese querido que existiera cuando yo me estaba formando”.

Sus propuestas a lo largo de su carrera
Guillermo trascendió por su calidad. Su música estuvo repleta de interesantes propuestas, su amor a Honduras, a la naturaleza, a sus tradiciones y a su gastronomía. Temas como el cambio climático y la constante problemática migrante, ocuparon gran parte de su vida. Su inquietud por las letras nos legó, “Bordeando la costa”, “Del Tiempo y el trópico” y el cuento “Zompopito y sus amigos”. El año 2002 se le designó con justa razón Embajador de Buena Voluntad, recibió múltiples reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Arte, desde el Estado hondureño.

Conociendo el interés y formación de Guillermo por las letras hondureñas, muchos celebramos el aparecimiento de su libro de relatos denominado Bordeando por la costa (San Pedro Sula- 2002). En numerosas entrevistas el artista dejó su fascinación por el mar, por la naturaleza, recordemos que niño quiso ser biólogo, entomólogo y hasta llegó a tener un improvisado “laboratorio de saltamontes” en su casa.

Su libro “Bordeando la costa” es un puñado de breves relatos donde discurren admirables historias del mar, en él se refiere a cantos de sirenas, gaviotas en vuelo, delfines, cayucos, estrellas de mar, cielos estrellados, aves que nadan, peces que vuelan, vientos que cantan, olas turbulentas, tormentas copiosas, luces misteriosas y marineros expuestos al sol. El texto, es placentero, de fácil intuición para distintas edades y reflejan elementos biográficos del autor, más su lucha constante de hacer conciencia en la conservación de nuestros recursos naturales.

Del tiempo y el trópico
Se trata de una publicación que conozco únicamente por referencias de mi amigo Julio Escoto, quien escribió en el 2002 los textos a 40 fotografías del renombrado artista alemán Hannes Wallrafen. La obra se editó en tres idiomas y fue presentada en Ámsterdam, Holanda y se acompañó con nueve melodías de la creación de Anderson. Las referencias apuntan a que se trata de una obra de gran formato, novedoso, y sobre todo producto de tres personas con alto grado de sensibilidad y compromiso en sus carreras. Lamentablemente, la obra escasamente se conoce en Honduras, valdría la pena retomar, quizás un proyecto de reedición y volverlo accesible al público.

Obra póstuma: Zompopito y sus amigos
Es importante destacar el entusiasmo de Guillermo por concluir una obra, incluso ya afectado por su enfermedad, y así lo comentó su esposa Lastenia Godoy: “fue el último proyecto en el que Guillermo trabajó” y que “lo terminó ya estando enfermo”. (…) Creo de alguna manera que el cuento lo mantuvo optimista y ocupado en las cosas que eran importantes para él, los niños siempre siguieron siendo una de las preocupaciones de Guillermo”, añadió.

Su legado debe estar vigente
Aunque seguimos disfrutando y valorando la trayectoria de Anderson, se debe ir más allá, en su ciudad natal o alrededores sería oportuno crear una reserva ecológica con su nombre, una fundación artística, bautizar una avenida, reeditar sus obras, crear un centro cultural o al menos institucionalizar un premio con su nombre. El tiempo también diluye las buenas ideas, reconocer su legado es prolongar su presencia, y recordarle a las nuevas generaciones que Guillermo Anderson fue un hondureño excepcional.

Falleció el 16 de agosto del 2016, en la ciudad de La Ceiba que le vio nacer. Su sepelio fue impresionante, su féretro fue llevado en una lancha repleta de flores, artistas, amigos y familiares, más cientos de niños dispersos en varias cuadras, hicieron vayas mientras lo despedían, lloraron, cantaron y aplaudieron en reconocimiento a Guillermo Anderson, como una gloria de Honduras y a ese que siempre nos recordó que en Honduras todo se puede lograr. Nunca vamos a dejar de reconocer que detrás de ese hombre exitoso, siempre estuvo el apoyo incondicional de su esposa Lastenia y sus tres hijas: Emilia, Rocío y Marianela, para ellas nuestro abrazo en reconocimiento.

Tomado de la Revista Rosalila N° 7 -CUROC-UNAH, Santa Rosa de Copán, 2020.

*Rubén Darío Paz. Director de Gestión Cultural en el Centro Universitario Regional de Occidente – Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Docente investigador en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán en Santa Rosa de Copán. Historiador, egresado del doctorado de Antropología Cultural en la Universidad de Salamanca, España. Ensayista y fotógrafo. Es miembro de Número de la Academia de Geografía e Historia. Correo rubenga1934@yahoo.com Teléfono (504) 8902-7049

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