El rey mosco y el poder imperial

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/ 22 de septiembre de 2020
/ 01:09 am
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El rey mosco y el poder imperial

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Carlos López Contreras

El uti possidetis iuris y la doctrina Monroe. Muchos de los estados recién independizados de la Corona de España a principios del siglo XIX, quedaron como peces en las aguas embravecidas del mar Caribe surcadas por tiburones, como lo proyecta en su mural “Sueño y realidad” del maestro Miguel Ángel Ruiz Matute.
Fue precisamente para sostener la independencia y la integridad territorial que se invocó el uti possidetis iuris, como también la doctrina proclamada por el presidente James Monroe, en el sentido de que las naciones americanas independizadas no quedan sujetas a futuras colonizaciones por potencias europeas, muy consistentes ambas doctrinas.

Las pretensiones británicas: Al disolverse la Federación centroamericana, Inglaterra, promovió el establecimiento de cabezas de playa en la zona de La Mosquitia y en las Islas de la Bahía, con el propósito de obtener una posición estratégica ante la posibilidad de la construcción de un canal interoceánico o un ferrocarril interoceánico, rutas estratégicas que habrían de cruzar el territorio centroamericano, con el fin de satisfacer sus intereses marítimos y comerciales mundiales.

El centro de gravedad del canal interoceánico recaía en la desembocadura del río San Juan en el Mar Caribe, que se suponía que podría ser la entrada del canal interoceánico. En cambio, si se optaba por un ferrocarril interoceánico, Inglaterra o su agente en Centroamérica apostaba al valor que Roatán y el archipiélago hondureño jugarían como centros de operaciones del comercio interoceánico por Honduras.

Mientras Inglaterra planeaba y ponía en marcha su estrategia, la expansión territorial de Estados Unidos de América hacia el oeste, la convirtió en una potencia bioceánica al dominar las costas del océano Pacífico, proyectando una nueva situación internacional que requería ajustes, frente a la posible colisión de los intereses de las dos potencias marítimas en el mar Caribe. Un acuerdo provisional fue logrado por medio del Tratado Clayton-Bulwer en 1850.

En medio de las tensiones entre Estados Unidos e Inglaterra, Honduras y Nicaragua se esfrozaron en el campo diplomático para preservar su independencia e integridad territorial.
En septiembre de 1847, el cónsul británico Federico Chatfield, proyectando el poder de la fuerza, conminaba a los gobiernos de Honduras y Nicaragua a que reconocieran el derecho territorial del rey de Mosquito… como entendiéndose desde el “cabo de Honduras hasta la boca del río San Juan, …advirtiendo que el gobierno de Su Majestad no puede ver con indiferencia ningún atentado a usurpar los derechos o territorios del rey de Mosquito, quien está bajo la protección de la corona británica. En octubre de 1850, reitera el mismo reclamo a la Cancillería hondureña.

Por otra parte, como una expresión de diplomacia de las cañoneras, en octubre de 1849 el cónsul inglés llegó a Amapala a bordo de la fragata Gorgon, y ocupó la isla de El Tigre, mientras el capitán del vapor Plumper ocupó, en la costa atlántica, la fortaleza de Trujillo, bajo el pretexto de que el comandante de este puerto se negó a pagarle el importe de varios reclamos de súbditos británicos.

En respuesta, el gobierno de don Juan Lindo prohibió toda relación con los puntos ocupados por los ingleses y puso la isla de El Tigre por dieciocho meses bajo la protección de Estados Unidos de América, instrumento internacional que no fue ratificado por Honduras. Después del desgaste de las guerras napoleónicas y de librar dos guerras con Estados Unidos, la de independencia y la de 1812, el imperio británico optó por retirarse de los territorios ocupados en Centroamérica.

No obstante lo anterior, en violación del Tratado Clayton-Bulwer de 1850, en marzo de 1852 el imperio británico declaró las Islas de la Bahía oficialmente una colonia británica, hecho que desencadenó nuevas tensiones entre Estados Unidos e Inglaterra. En 1853 el Senado de los Estados Unidos denunció la colonización británica de las Islas de la Bahía, violatoria del Tratado Clayton-Bulwer y de la Doctrina Monroe. James Buchanan, ministro de Estados Unidos en Londres, retomó con firmeza el reclamo de la colonización de las Islas de la Bahía y la ocupación de territorios centroamericanos en La Mosquitia, expresando que carecía absolutamente de méritos jurídicos, pues la posesión de facto de territorios centroamericanos, había sido renunciada por Inglaterra por medio del Tratado Clayton-Bulwer. Así lo expresó el ministro Buchanan al Secretario Lord Clarendon, en octubre de 1853.

Con estos antecedentes, se establecieron las condiciones para que Inglaterra desistiera de sus pretensiones imperiales sobre territorio continental e insular hondureño y, ante los reclamos hondureños, suscribiera el 28 de noviembre de 1859, en la ciudad de Comayagua, el Tratado Cruz-Wyke, por medio del cual reconoció soberanía hondureña sobre las citadas islas y la costa norte de Honduras en el sector de La Mosquitia.

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