Cuadro de Danza de la UNAH: 39 años transmitiendo siglos de costumbres y tradiciones

ZV
/ 27 de septiembre de 2020
/ 05:40 am
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Cuadro de Danza de la UNAH: 39 años transmitiendo siglos de costumbres y tradiciones
El elenco fundador en una de sus presentaciones.

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Por Eris Gallegos

Cuando el Cuadro de Danza Folclórica “Arte” de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) salta a la pista, más de cinco siglos de costumbres y tradiciones hondureñas saltan al mismo tiempo.

El pasado 12 de septiembre, el cuadro artístico cumplió 39 años durante los cuales ha transportado el folclor nacional dentro y fuera del país. China, Perú, Brasil, Costa Rica, México, El Salvador, Estados Unidos, son parte de los escenarios de sus históricas presentaciones.

A pesar del bombardeo mediático del modernismo y el paso avasallor de las modas extranjeras, el elenco artístico universitario sigue siendo sinónimo de la identidad nacional y sus miembros son los embajadores de una cultura en peligro extinción.

“Son cosas que no te las enseñan en todos lados, y que me han servido para mi vida personal y laboral”, dice Carlos Fuentes, exintegrante del grupo, quien llegó al cuadro a mirar a un compañero y terminó bailando.

“Han cambiado muchas cosas, pero la pasión, la emoción y la alegría con la que uno sale a bailar cada vez, sigue siendo la misma de la primera vez”, señala.

Ni en tiempos de pandemia ha dejado de ensayar y exponer vía zoom ese baile ancestral que se ha venido transmitiendo de generación en generación desde tiempos precolombinos.

A largo de estos seis meses de confinamiento, el cuadro se ha mantenido activo en festivales nacionales e internacionales, con videos de presentaciones de años anteriores y que resumen las 141 danzas folclóricas que se bailan en Honduras.

DIFUSORES DE LA CULTURA

El Cuadro de Danza Folclórico fue organizado en 1981 por su actual director-fundador, Jorge Ferrari, un quijote de la identidad nacional, que ha marcado toda una época en el quehacer artístico y cultural de la principal casa de estudios del país.

En aquel entonces, Ferrari y un grupo de entusiastas estudiantes se propusieron darle cumplimiento al artículo 160 de la Ley Orgánica de la UNAH, que en su parte sustantiva ordena a la Alma Máter contribuir a la difusión general de la cultura.

En ese sentido, se propusieron diseminar por todos los rincones de la patria el folclor nacional, transportar internacionalmente las costumbres y tradiciones de la gente y fomentar entre los estudiantes y la hondureñidad en general el amor y el respeto por el pasado histórico del país.

Casi cuatro décadas después, cientos de jóvenes han formado parte de este emblemático grupo ensalzando la herencia cultural indígena, colonial, mestiza y negra del país con sus típicas canciones y danzas.

Por aquí desfilaron estudiantes de las diferentes ramas del saber y que ahora son abogados, economistas, contadores, administradores, periodistas, ingenieros, odontólogos, entre otras profesiones.

“Arte forma parte de mi existencia, me ayudó a cumplir un sueño que tuve desde niña, pero que en Honduras no hay donde aprender: ser bailadora profesional de danza, somos una familia unidos por el folclor nacional”, dijo la periodista Wendy Fúnez, con una amplia carrera en diversos medios impresos, radiales y televisivos del país.

Con sus anchos y bordados vestidos, trenzas largas -las mujeres-; caites, sombreros de ala doblada y machete en la cintura -los hombres-; estos talentosos bailarines han mantenido vivos los diversos elementos culturales distintivitos de cada una de las regiones del país.

“Me siento orgullosa de haber integrado a mi Arte de mi corazón. Deseo que todas las personas que lleguen a integrar el cuadro lo hagan por amor”, señala Ana González, exbailarina.

SECRETOS BIEN GUARDADOS

El elenco está compuesto normalmente de seis parejas y hasta 15, cuando los eventos son grandes. La Tusa, El Guapango Chorotega, La Colosuca, La Campesina y El Sueñito, son las danzas más aclamadas por la gente, que suele embelesarse y colmar de aplausos los pasos sincronizados y los romances arrullos de las parejas a punto de besarse.

En cada danza y cada canto, hay un secreto bien guardado de la identidad hondureña. La Colosuca, por ejemplo, hace referencia a una legendaria mujer indígena-maya o lenca que se convirtió en ave por una mazorca de maíz.

En los otros, los contenidos son tan amplios y variados desde cuentos, leyendas, mitos, casos, perras, refranes hasta loas, alabados, bombas, adivinanzas, brindis, y piropos.

Cada presentación de este cuadro de danza es una lucha contra el extranjerismo, la indiferencia y la ignorancia, que socava las raíces patrias. En la medida que avanza una canción, vienen a la mente de los presentes los inevitables pensamientos sobre la gente, aldeas, pueblos y ciudades. La Sucia, El Cadejo; las agrestes montañas de Lempira, las ruinas mayas, las playas y la brutal conquista son solo parte de esa herencia identitaria presente en cada “caitazo”.

Los integrantes de este grupo no reciben ni un centavo y practican hasta diez horas semanales. Subsisten con sus propios recursos y las donaciones de exmiembros. Pero eso no importa, su riqueza es espiritual y mientras haya una canción y unos buenos caites, estarán listos para bailar otro año más de tradiciones y costumbres con el mismo lema: Por siempre y para siempre, Arte.

“Arte, se resume, para mí, en cinco palabras: Familia, respeto, responsabilidad, estudio y sobre todo compromiso”, subrayó Astrid Osorio, exbailarina.

Más que un grupo artístico
En este aniversario, me doy cuenta cuántos años han pasado desde que ingresé en 1997. Me siento realmente dichosa de ser parte de este grupo no solo representativo del país sino a nivel internacional, me ha dado muchas alegrías, este grupo es más que un grupo artístico, es una familia, parte de mi vida.

Contacto con nuestro pasado
Es propicio reflexionar sobre la importancia de fomentar el arte y la cultura a través del folclor. Es un recurso invaluable de manifestaciones populares y de nuestros pueblos. Balilar folclor es un contacto con nuestro antepasado y conectar con la gente. Representa inclusión, profesionalismo, investigación y estudio continuo. Es estética, belleza y expresión.

Mis hijos crecieron viéndome bailar
En el primer semestre de 1988 matriculé la clase con Jorge Armando Ferrari. Todos los sábados tenía una cita con el cuadro en la sede de la Calle Real de Comayagüela para entrenar. A las pocas semanas, me invitó a formar parte del cuadro y me incorporé a los ensayos en la Escuela Estados Unidos, sede de la práctica. Durante todos estos años, 32, he tenido muchas satisfacciones y grandes experiencias, no solo en las presentaciones y la convivencia, mis hijos crecieron en el cuadro viéndome ensayar y bailar y eran sus compañeros de mis giras. He visto generaciones, que se han formado en diferentes profesiones. Unos se enamoraron en el grupo, formaron sus familiares; otros regresaron a sus pueblos y otros se fueron a tierras lejanas.

Un sentido de pertenencia
Es una escuela de formación porque me ha ayudado a definir un paso, dominar mi cuerpo, cómo memorizar una coreografía, cómo mantener el ritmo en una pieza musical, cómo recrear la expresión de esa danza. También he enriquecido mis conocimientos sobre arte y cultura nacional y he fortalecido mi identidad nacional, Arte ha dejado en mí, un sentido de pertenencia, que trasciende a disciplina, compromiso, responsabilidad y liderazgo, pero sobre todo una gran familia de muchas generaciones, donde han surgido lazos de amor, empatía, apoyo y solidaridad.

Tags:cultura
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