El zoomorfismo en dos cuentos de Rocío Tábora y Marvin Valladares Drago.

ZV
/ 27 de septiembre de 2020
/ 12:48 am
Síguenos
01234
El zoomorfismo en dos cuentos de Rocío Tábora y Marvin Valladares Drago.

Más

Por: Linda María Concepción Cortez

A través del tiempo han sido contadas muchas historias en las que se personifica a criaturas míticas cuyas características son una mezcla entre lo humano y lo animal, tales como las sirenas, el minotauro o faunos. En la antigüedad muchas culturas adoraban a este tipo de seres ya que a algunos se los consideraban dioses, como por ejemplo Thot y Anubis en Egipto. Los pájaros especialmente llevan una gran trayectoria como personajes en las cosmogonías y en la literatura, ya que el hecho de poseer alas les brinda el don de volar, alcanzar grandes alturas y ver el cielo y la tierra en su totalidad.

Ese vuelo hacia la inmensidad ha sido alegorizado anteriormente por los poetas sufís tal como en Pájaro solitario de San Juan de la Cruz o también ha simbolizado la búsqueda de la libertad o de la sabiduría en el Risâla del pájaro de Avicena; de tal manera que el canto, el plumaje colorido y exótico de dichos animales han inspirado infinidad de versos, poemas y canciones. Las aves han movido a la humanidad, por su extravagancia y sus dotes voladoras, motivan a descubrir, inventar y descifrar los enigmas de la vida cotidiana, del misticismo, la filosofía, la religión y los cánones artísticos.

En la cultura hondureña existen varias leyendas donde se fusionan pájaros y humanos como “La chorca”, mujer-lechuza-vampira que chupa la sangre de los bebés recién nacidos y “La Colosuca”, mujer que fue transformada en un ave llamada “tanuna” o “Correcaminos”, como castigo divino por mostrarse inconforme con el maíz que Dios le dio para alimentar a sus hijos.

Las aves representan metáforas o simbolismos de muchas cosas, todo depende del punto de vista cultural y artístico; para el caso en este apartado se hará un comentario sobre los cuentos “Pájara pinta” (2001) de Rocío Tábora y “La fábula del pájaro troglodita” (2012) de Marvin Valladares Drago, ya que son relatos donde las aves tienen el papel protagónico.

Para comenzar es importante señalar que los autores abordados en este artículo son originarios del occidente de Honduras.

Rocío Tábora (1964), nació en Santa Rosa de Copán, es psicóloga, escritora de cuento y ensayo, se ha desempeñado como funcionaria pública en diversos cargos de gerencia estatal. Su obra ha sido incluida en Antología de cuentistas hondureñas (2003). En el año 2001 publicó Cosas que rozan el cual contiene 16 poemas en prosa y 5 relatos breves divididos en los siguientes apartados: “Cosas que no se guardan”, “Objetos perdidos”, “Asuntos para confesar”, “Para morirse de tristeza”, “Cosas que se vomitan”, “Cosas que rozan”, “Más allá de las cosas”.

De ahí extraigo el relato breve “Pájara pinta”: esta es la historia de un ave que cayó herida por volar en invierno; sin embargo, el mayor culpable de sus golpes es el mundo contaminado de basura, odio y toda la inmundicia humana.

Sus alas se estremecieron nerviosamente, los golpes acumulados todavía le dolían… recordó rápidamente la tragedia… ocurrírsele a ella volar en aquellas fechas… los vientos y lluvias estaban locos, nunca se le ocurrió pensar en los cambios climáticos, el recalentamiento del globo terráqueo, la acumulación de bolsas plásticas, los rostros malhumorados, la escasez de ternura, y en que los fantasmas acorralados en la fuerza bruta de ese desastre le estrellaran estrepitosamente quebrándole las alas, manchándole de sangre sus plumas amarillas, dejándole la mirada borrosa de llanto indeleble y el corazón comprimido hasta impedirle volar de nuevo. (Tábora, 2001, pp. 72-73).

Tanta suciedad y podredumbre la hace caer, entonces sus huesos y alas se dislocan, en ese estado es encontrada por él:

[…] un dedo suave recorrió su cabeza, era él, allí estaba, desde que la encontró inconsciente y sangrante no le había dejado sola, curó cada centímetro de sus alas y cada tarde le abría el balcón como invitándola a familiarizarse con el cielo, mientras fingía leer el diario desde una silla de madera;… (Tábora, 2001, p. 73).

Ella recibe protección y cuidado, él quiere que ella se quede a vivir ahí, apenas la conoce, no sabe quién es pero no le importa, ni siquiera por los cuestionamientos que los vecinos tienen acerca de ella ¿qué clase de pájara es?

[… ] además nunca supo su procedencia, hasta sus vecinos le criticaban por lo que consideraban una absurda afición con una pájara perdida, de dudosa clasificación y casi moribunda… pero aún así le fascinaba, le gustaba observarla, esperaba que volara de nuevo y que anidara por el resto de sus días en su jardín… (Tábora, 2001, pp. 73-74).

Las connotaciones a través de los adjetivos “perdida” y de “dudosa clasificación” indican que quizá sea una mujer no aceptada socialmente. Los vecinos ven mal el hecho de que él la proteja, cosa que a él no le importa. No obstante, se suscita entonces una analogía que se metaforiza mediante el teriomorfismo de mujer/pájaro, puesto que a pesar de los deseos de él por brindarle estabilidad ella finalmente se quita las vendas de las heridas y decide irse.

[… las nuevas plumas pequeñitas se le desprendieron de un tirón, se vistió rápidamente, voló hasta el observador de pájaros que ahora dormitaba, le depositó un beso en los labios y se aventuró a caminar entre las palomas de la plaza más cercana… después de pintarse los labios salió a buscar alpiste, palmeras, un país y las risas de los niños perdidos. (Tábora, 2001, p. 75).

La narrativa de Rocío Tábora se estructura en prosa altamente poética, exquisita en el manejo del lenguaje, es erótica, fuerte y dulce a la vez. Una mujer auténtica que ante los golpes físicos y espirituales se sana y se reiventa a sí misma para afrontar la vida real. Sus contextos son la patria, la casa, la piel y el olvido. Hay una ruptura del sexo como tema tabú para la mujer: la libertad sexual sin ataduras ni vergüenzas por lo que goza de gran fortaleza interna, lo que se convierte en el elemento principal en su propia construcción de la relación entre casa/país/mujer. Sus temáticas giran alrededor de la brutalidad, la guerra, la violencia, el odio, la ignorancia y la misoginia dentro de un país desordenado que no cumple con las leyes.

Por su parte, Marvin Valladares Drago (1969), nació en Gracias, Lempira, escritor, cantautor, consultor e investigador en temas culturales, abogado, columnista en periódicos nacionales e internacionales, miembro de grupos literarios y musicales. Fue incluido en los Cuadernillos de Poesía Papel de Oficio, editado por el Ministerio de Cultura y “País posible”; también en Antología del cuento hondureño siglo 21, entre otros.

El libro La fábula del pájaro troglodita (2012), está conformado por 46 cuentos, agrupados en tres secciones: “Cuentos con dormida adentro”, “Cuentos de amor para armar” y “Del fútbolito y otros demonios”. Estos se caracterizan por ser relatos breves con finales súbitos, en su mayoría absurdos o irónicos.

El cuento “La fábula del pájaro troglodita” presenta la historia de un zanate, según el diccionario: “m. C. Rica. Guat., Hond. y Méj. Pájaro dentirrostro, de plumaje negro, que se alimenta de semillas.” La trama comienza cuando este pájaro come muchos nances, tantos que no puede alzar el vuelo, se cae del árbol y se golpea, el río lo arrastra y durante el viaje va observando el mundo desde el agua:

“ […] vio a una india que bajaba por un sinuoso camino cargando un crío y un tercio de leña balanceado sobre la cabeza. Más abajo, unos campesinos desharrapados trataban de arar la tierra reseca de unas laderas; una yunta de bueyes escuálidos remataba la visión.” (Valladares, 2012, p. 58).

A medida que va apreciando los elementos del paisaje, el zanate medita acerca de la limitación humana de tener que trabajar para comer. En el trayecto también recuerda y medita sobre los consejos que le dio su madre acerca de la vida, y además comparte con el río la sabiduría de todos los tiempos, en lo que se convierte en un viaje kármico hacia el conocimiento.

Esa primera noche el río le contó sus íntimos secretos, sus aventuras y tristezas, el canto de sus aguas arrulló la agonía del plumífero y cuando los peces se durmieron y la luna despuntó, en un arranque de generosidad, el “caudaloso” transmitió sus vastos conocimientos al “receptivo alado”.

En un momento de la noche – el zanate, sabio para entonces -, compartió con el culto río, las complicadas ecuaciones del vuelo de las aves y, al final, a petición expresa secreta de las migraciones de ciertas aves, ese indescifrable misterio que los hombres jamás comprenderán y que estos alados se llevan a la tumba. (Valladares, 2012, p. 59).

El zanate es un viajero que en este caso no puede volar, es arrastrado por la corriente; no obstante, su travesía se convierte en un ascenso hacia lo espiritual, el mundo se va abriendo ante él para develarle las respuestas de aquellos intrincados códigos de la existencia a través del intercambio de experiencias entre él y el río.

En la madrugada, con la puesta de la luna, el río le confesó también sus penas: de cómo la influencia nociva del humano había mermado el caudal de sus amados afluentes; de cómo el hombre, a pesar de que se servía de sus recursos, había envenenado sus aguas; de la sangre inocente que en muchas ocasiones había transportado en su caudal; de las guerras, de los asesinatos que había presenciado; de los pobres ahogados; de cómo, hace muchísimo tiempo, coexistían en armonía con otros animales desaparecidos, muchos de ellos extinguidos por la mano del hombre. Le confesó también su mayor temor: entre los afluentes y los peces circulaba el rumor que sus aguas iban a ser embalsamadas en un enorme dique.

Antes que amaneciera, el río le contó el secreto de la tierra… (Valladares, 2012, p. 59).

La voz narrativa ve el mundo desde los ojos del pájaro, el camino recorrido por las aguas del río es la fuente del conocimiento original. Al final el pájaro muere ahogado, el río lo deposita en una orilla donde un chamán encuentra el cuerpo del plumífero y lo coloca en una estaca. La fabulación se vierte en una trama donde el concepto del psicopompo en el pájaro y el chamán se fusionan en un contexto donde la naturaleza es origen y conclusión, el alfa y omega del todo. El simbolismo es intrínseco y se concentra en el respeto a la vida, la valoración del entorno, de los elementos como la tierra, el agua, los seres vivos y todo aquello que rodea ese ambiente. Esta alegoría se demuestra con la voz lírica que se bifurca en la conversación del ave que percibe el mundo desde abajo y el río que se lamenta por el destructivo comportamiento del hombre. El pájaro mira y siente el sufrimiento de los humanos, de la flora y de la fauna, en tanto que el zanate es educado por el río y por la naturaleza como un proceso ornit
o-filosófico.

La narrativa de Marvin Valladares Drago se caracteriza por la ironía y el pastiche, esta es literatura con mucho sentido del humor con la tendencia a reírse de sí mismo y de todo lo que sucede, las situaciones llegan a extremos ridículos que se vuelven hilarantes, son historias muy divertidas; el nivel de lenguaje utiliza certeramente los coloquialismos y regionalismos en un gran manejo del “coloquialismo literario”. Los temas abordados en esta obra son el militarismo, el chisme, la migración ilegal, la infidelidad, el descuido de los gobiernos hacia los sectores más vulnerables, el amor inconcluso, el fracaso, el fútbol y memorias de la niñez y adolescencia del autor. Sus protagonistas son personas comunes que no destacan por nada, son de bajo nivel educativo, desempleados, amas de casa que viven en precaria situación económica y social. Estos cuentos, unos breves, otros más extensos tienen la gran cualidad de que estiran el suspenso en el lector quien se siente como impulsado como en un trampolín que lo arroja hacia el final de la historia, final que generalmente es absurdo, fantástico o irónico.

En cuanto al zoomorfismo hay que destacar que otros poetas han cantado acerca de la erudición de la naturaleza, por ejemplo: Federico García Lorca en “Invocación al Laurel”, o Vicente Huidobro en “Viajero”, en estas líricas la voz poética aprende de lo que las hojas, la lluvia, los ríos, la tierra misma le enseñan en su sapiencia ancestral. De este modo, se recuerda que el ser humano se ha desarrollado porque ha aprendido del mundo que lo rodea. El sentido de las cosas y el entorno se altera hacia un plano filosófico, es decir lo sustancial para la formación de la esencia del ser, pero también surge la preocupación ante el comportamiento destructivo del hombre y su irrespeto hacia los recursos naturales.

Otros escritores latinoamericanos han personificado su voz lírica mediante la transformación en aves, lo que se aprecia en el poema “El pájaro yo” de Pablo Neruda, o “Peregrinaje” y “El despertar” de Alejandra Pizarnik, así como el poema “Soy un ser, mitad pájaro, mitad mujer” de Concepción Curiel. Esta particularidad se explica según Bachelard (1968) citado por María Ángeles Roque Alonso (2009) cuando dice: “la ascensión, el deseo de verticalidad es la razón profunda que motiva la facilidad con que la ensoñación volante es aceptada en nuestra psique, por lo que el ala surge como símbolo de purificación racional.” (Roque Alonso, 2009, p. 237).

Al igual que en estos autores, en las historias de Tábora y Valladares la pájara pinta y el zanate son usados como símbolos para representar transiciones en la vida: ella es nómada, no se quedará en un solo lugar y él hace un viaje hacia el conocimiento, se transforma. El vuelo, el movimiento y la transición implican una etapa de evolución natural en la existencia humana.

Finalmente, es importante valorar las propuestas de estos dos autores del occidente hondureño, cada uno se distingue por su estilo personal que lleva mucha propuesta, innovación y reflexión intelectual. Tanto Rocío Tábora como Marvin Valladares Drago se distinguen por esa autenticidad y experimentación en sus procesos de creación artística. A través de sus visiones podemos percibir la visión de un país devastado y enfermo donde solamente queda reinventarlo cada día.

Este artículo fue publicado originalmente en la Revista Rosalila, año 1, número 2, marzo 2018, UNAH-CUROC, y fue reeditado para esta publicación en Diario La Tribuna.

Linda María Concepción Cortez, es Máster en Estudios avanzados en literatura española e hispanoamericana, por la Universidad de Barcelona. Licenciada en Letras con orientación en literatura, Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Es docente del área de Letras del Centro Regional Universitario de Occidente UNAH.CUROC, Santa Rosa de Copán. Contacto lindamaria25@yahoo.com.mx . Celular 96735116.

REFERENCIAS
Roque Alonso, M. A. (2009). “Las aves, metáfora del alma” pdf. Cuadernos del mediterráneo (12), 236-244. Recuperado el 8 de agosto de 2016, de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3119588
Tábora, R. (2001). Cosas que rozan. Tegucigalpa: Iberoamericana.
Valladares Drago, M. (2012). La fábula del pájaro troglodita. Tegucigalpa: Lascaux Editores.

©2022 La Tribuna - Una voluntad al servicio de la patria. Honduras Centro América