¡SALGAMOS DE LA JUNGLA!

ZV
/ 27 de septiembre de 2020
/ 12:53 am
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¡SALGAMOS DE LA JUNGLA!

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SON tantos los problemas que abruman a sociedades frágiles como la nuestra, que los ciudadanos de buena voluntad miran hacia todos lados de nuestra jungla, y no atalayan el camino más probable para la solución de los problemas individuales y colectivos. La jungla metafórica de problemas y obstáculos que nos rodean, pareciera estar cerrada frente a cualquier posibilidad de amplios horizontes. Sin embargo sabemos que, en el proceso de intensa evolución humana, los hombres y mujeres, después de caminar, cazar y comer frutos y raíces, se detuvieron o sedentarizaron, abriendo espacios en los bosques de cualquier tipo, creando nichos apropiados para levantar civilizaciones espléndidas.

Un caso próximo en términos geográficos, fue el de los mayas clásicos que a fin de alejarse de otros grupos humanos que les pudieran hacer demasiada competencia, se internaron y aislaron, por un tiempo, en las junglas y selvas de la parte sur de la vasta región mesoamericana, hasta llegar a la subregión centro-occidental de Honduras, en donde además de construir emplazamientos urbanísticos envidiables, estudiaron las estaciones del año y el movimiento de los astros, enriqueciendo las cosmogonías previas, e inventando una escritura sofisticada y los números, al igual que otras civilizaciones del “Creciente Fértil”. Es más, los mayas caminaron mucho más lejos que otras civilizaciones precolombinas al crear, por su propia cuenta, el símbolo del “cero”.

Si bien es cierto que el mayor porcentaje de población antes de la llegada de los españoles al futuro territorio hondureño estaba compuesto por comunidades lencas, de origen lingüístico “macrochibcha”, es imposible ignorar que en el occidente de lo que hoy es Honduras floreció durante varios siglos la ciudad-Estado de Copán, en donde algunos autores han supuesto que se inventó el mencionado “cero”, quizás al mismo tiempo, o a la par, en que lo inventaron los “hindúes”, sin tener entre ambas civilizaciones ninguna conexión demográfica ni mucho menos geográfica. Esto apoya la tesis que los mestizos hondureños no debieran padecer de ninguna clase de complejo de inferioridad frente a los países metropolitanos, en tanto que a la grandeza de las culturas y civilizaciones mesoamericanas, se suman perfectamente los aportes de las civilizaciones europeas en los últimos quinientos años.

Un problema de terrible autoestima nos hunde y nos atasca en los más profundo de la selva y de la jungla histórica en que actualmente nos encontramos. El fuerte deseo canibalesco de hacernos daño, unos a otros, hoy por hoy pareciera insuperable. Sin embargo, todas las junglas y las selvas del mundo tienen entradas y salidas. Nosotros los mestizos debemos empeñarnos en alcanzar un cierto grado de sabiduría colectiva para afrontar los desafíos y trabajar en todo momento con la mirada puesta en el difícil horizonte, a fin de superar nuestro nivel de atraso que a veces colinda con la desesperación y la flagelación entre los mismos paisanos.

Otras sociedades mestizas demostraron en el pasado histórico, relativamente lejano, que se podían perfectamente levantar, casi desde la nada, civilizaciones respetables, con repercusiones hasta el día de hoy. La primera de todas fue la civilización mestiza del Antiguo Egipto, que dicho sea de paso fue la más duradera de todos los tiempos. Seguidamente colocaríamos a los mestizos diversos de la India, quienes florecieron en las proximidades del río Ganges y del Indo. En la actualidad los “hindis” o “hindúes” mestizos han demostrado grandes habilidades en las matemáticas, en la urbanización moderna y en el negocio de la informática.

En consecuencia, los hondureños tenemos la obligación moral de explorar todas las rutas posibles hacia el desarrollo integral. No debemos esperar que vengan los extranjeros a resolvernos todos los problemas. Ni tampoco debemos copiar ciegamente los submodelos foráneos, que muchas veces fracasan en sus países de origen.

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