Las ciudades modelos

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/ 30 de septiembre de 2020
/ 12:57 am
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Las ciudades modelos

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Rafael Delgado Elvir

Disruptiva, atrevida e innovadora son algunos de los calificativos con los que sus promotores desean ubicar en la mente de la gente a las ciudades modelos o zonas especiales de desarrollo. La estrategia de los que promueven la idea no podría ser otra, ante la ausencia de argumentos más o menos convincentes para aceptar la idea de un futuro promisorio con este proyecto. Por ello, el despiste inútil de darle un toque de modernidad semejante a las verdaderas ideas transformadoras de las sociedades y sus economías.

Fue en los oscuros años del gobierno de Pepe Lobo y de Juan Orlando Hernández desde el Congreso Nacional que se aprobó la ley. Desde el parlamento se urdió el plan y después de destituir ilegalmente a los magistrados de la Corte Suprema que se habían manifestado en contra de la aprobación de las ciudades modelo, se aprobó la ley orgánica, dictando que estas ciudades modelos o zonas especiales gozarán de autonomía, tendrán su propia normativa y autoridades, contarán con tribunales y jueces propios que podrán ser extranjeros, tendrán el derecho a establecer sus propios impuestos sobre las propiedades privadas dentro del área, se podrán expropiar inmuebles a favor de los inversionistas y tendrá además residentes.

Transcurrido el tiempo y ante las denuncias que vienen desde las Islas de la Bahía, no hay ni una coma que agregarle al juicio inicial con que se respondió a esta ley. La posibilidad de un desarrollo económico sostenido en el tiempo impulsado por zonas desmembradas del resto del país y concedidas a inversionistas extranjeros con excesivos derechos, sigue siendo un atentado conta la integridad del país y contra la noción moderna de un desarrollo inclusivo. Los propagandistas se remontan a algunas experiencias históricas pasadas que respaldarían la propuesta como la Liga Hanseática de las ciudades alemanas de hace 5 siglos. Pero realmente, contrario a lo que se pretende transmitir este último fue un proceso económico nacido desde adentro del país, liderado por los grandes comerciantes alemanes que afianzaban su poder en Alemania y en el norte de Europa, creando sus propias reglas en detrimento del poder feudal de su país y del resto de la región. Algo así como un proceso desde adentro.

Lo que la experiencia reciente reafirma es lo mismo: los países avanzan en un proceso, donde los ciudadanos, empresas y gobierno en conjunto avanzan creando ciudades vibrantes, instituciones públicas fuertes, con un pueblo saludable y educado, con políticos comprometidos con sus mandatos constitucionales y leyes que rigen igual para todos. Son en esos países estables y en constante progreso, con índices de desarrollo humano en ascenso, donde precisamente fluye la inversión extranjera responsable y comprometida con los principios de la sustentabilidad.

Evidentemente el gobernante, su partido y sus aliados han fracasado por decisión propia. Se han entregado al crimen y actúan contra la legalidad. Han demostrado además un agotamiento mental sumamente peligroso para el país. La idea de desmembrar el país, regalar los recursos, para que vengan otros a desarrollar lo que ellos no pudieron, ni quisieron hacer, es precisamente una clara señal de esa desorientación y la incapacidad que los caracterizan. Pero aún antes, el mal ya está hecho. Desde ya esta ley despierta expectativas sobredimensionadas, promete abundantes ganancias injustificadas, revuelve la codicia precisamente de todos esos supuestos inversionistas que nunca desearíamos en el país.

Construyamos mejor un país modelo e iniciemos sacando a los que llevan mucho tiempo conduciendo al país por el camino equivocado. Elijamos mejores alcaldes, diputados y presidentes. Nombremos funcionarios y jueces apegados a su mandato constitucional. Podríamos también construir una prisión modelo en algún recóndito lugar de Honduras donde puedan pagar sus penas, todos los que le han causado tanta penuria a nuestro país con sus infames actos de corrupción, nepotismo, narcotráfico, lavado de activos y demás crímenes. Con ello habremos hecho bastante en el rumbo hacia un país más próspero sin regalar ni un tan solo metro cuadrado de nuestro territorio.

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