Médicos heroicos

MA
/ 30 de septiembre de 2020
/ 12:53 am
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Médicos heroicos
Infraestructura resiliente ante desastres

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Álvaro Sarmiento

Hace unas horas, fue llamado a la presencia del Señor, mi primo hermano, el doctor Manuel Sarmiento Rodríguez, uno de esos soldados de primera fila que han caído en esta guerra contra el COVID-19. Es el momento que muchos pacientes, conocidos, amigos y familiares, sacan del baúl de los recuerdos, acciones, obras, palabras, de un gran médico, esposo, padre, hermano, primo, tío, que seguramente para muchos también alivió dolencias del alma. Comienzan a llegar a la familia testimonios, uno de los que más me ha impactado “sin duda, parte de su éxito como médico, que su especialidad era la medicina integral familiar, fue su afectuosidad. No era una relación basada en la simple amabilidad del médico/cliente. Establecía una relación personal de amor con la persona amada y viceversa”.

La tradición familiar, inició ya hace bastantes años con su padre, el doctor Manuel Sarmiento Soto, de quien seguramente aprendió la costumbre de tratar a todos los pacientes por igual y ayudar a aquellos que no podían costear sus tratamientos. Es conocido también el doctor Marco Antonio Sarmiento, en sus amenas tertulias televisivas y columnas en LA TRIBUNA, apoyando al paciente de diabetes. Como se comprueba que la familia es la mejor incubadora de gente buena.

Hemos visto más de cuarenta de estos héroes, caídos en “batalla”, y miles contando al personal sanitario, que deben presentarse confiando en Dios y las medidas de prudencia, olvidándose en el día a día de ellos mismos, digamos que trascendiendo a su propia seguridad.
Parece que la “nueva normalidad”, se caracteriza con una heroicidad diaria, sin grandes titulares ni desfiles o premiaciones, que obliga a muchas y muchos a actuar de manera calladamente heroica, arriesgando su propia vida cuidando a los demás.

Este tránsito doloroso, me llevó a recordar a otro gran médico, el doctor Ernesto Cofiño Ubico, que emprendió su camino a la casa del Padre el 17 de octubre de 1991, fiel laico del Opus Dei, que falleció en “olor de santidad”, uno de los primeros pediatras de Guatemala, que fundó el primer sanatorio antituberculoso infantil en 1942, laboró como director médico en la Sociedad Protectora del Niño. Su cuidado por los niños con tuberculosis fue sencillamente apasionado. Tuve el honor de conocerle personalmente a mediados de los años 80 y por su sencillez jamás hubiera imaginado ver su proceso de canonización que inició en el año 2000. No solamente fue un médico extraordinario, también esposo, padre, abuelo y amigo, seguramente le veremos en los altares, un pediatra, que se hizo santo entre microscopios, niños desvalidos y a punto de morir, o dando charlas a profesionales para ser mejores cristianos. Fue heroico en el cumplimiento de su deber diario.

La heroicidad no está exclusivamente presente en actos digamos extraordinarios, de esos que se ven una vez en la vida, generalmente lo está en el día a día, y este es el mensaje que nos dejan tantas personas que se nos adelantan en este viaje, que todos estamos haciendo. Procurar hacer amable y alegre la vida a los demás a través de cosas pequeñas, haciendo con la mejor perfección posible el trabajo ordinario y excediéndose en el trato amable y profundo a los demás.

Y demos gracias a Dios por habernos permitido conocer y tratar a los médicos/enfermeras heroicos, como el doctor Sarmiento que ha dejado un legado a imitar. Y por favor apoyémosles, cuidándonos mucho, sin exponernos innecesariamente y sonriendo con más frecuencia a nuestro prójimo.

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