Arada: su cultura local como alternativa de desarrollo.

Arada: su cultura local como alternativa de desarrollo.
ZV
/ 25 de octubre de 2020
/ 12:47 am
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Debemos reconocer que los nombres de nuestros municipios, van más allá de elementos indígenas o religiosos, pues también existen un número significativo de ellos, que se definen por características geográficas, tal es el caso de Ojos de Agua, Las Lajas (Comayagua), Vado Ancho, Potrerillos (El Paraíso), Arenal (Yoro), Las Vegas, Colinas y Arada en Santa Bárbara para mencionar algunos.

La cabecera municipal de Arada, se extiende sobre un terreno irregular a una altura de un poco más de 430 msnm, en lo que sería uno de los tantos ramales correspondientes a la extensa Sierra de Atima. Arada se localiza a unos 16 kilómetros al sur-oeste de la ciudad de Santa Bárbara y se llega por una vía asfaltada. Fue a inicios de los años 50 cuando se aperturó la carretera que une a Santa Bárbara con Arada. Los ancianos aún recuerdan las enormes dificultades que les tocó enfrentar, sobre todo porque las crecientes del río Ulúa, impedían hasta el cruce de las “balsas de madera”, también recuerdan la llegada del primer automóvil al pueblo, “El Tencoa” que era conducido por el afamado Hipólito Rodríguez.

Antecedentes

Se trata de un municipio creado a principios del siglo XX, anteriormente solo existen referencias de un sitio denominado El Ocotal, que pertenecía a la ciudad de Santa Bárbara. Al parecer sus pobladores buscando mejores tierras para sus labranzas, decidieron establecerse donde ahora se encuentra el casco urbano de “Arada”. Lógicamente el término anterior, nos remite a “tierras preparadas para sembrar”, actividad que se les facilitó por la abundancia de recursos hídricos en sus proximidades, destacándose entre otros el Ulúa y el Palaja, ambos ríos de caudal considerable e importancia significativa.

Pintoresco y desigual

Los vecinos coinciden en que los primeros habitantes de Arada, se establecieron a inmediaciones del otrora barrio “El Culebrón”. Aseguran que donde ahora se encuentra el Parque Central, hubo un enorme árbol de Ceiba, sembrado por Juan Vallecillo en 1906, tan grande que sus ramas cubrían la plaza, de eso solo quedan amplios y mágicos relatos en la memoria de los abuelos y una que otra foto en baúles de antaño.

Sobre una breve planicie

Aquí se distingue la Iglesia Católica, data de la segunda década del siglo XX, un modesto edificio de anchas paredes, inicialmente se trató de una pequeña capilla, ya para el año de 1932 se realizó la actual fachada. El cuerpo rectangular de la iglesia está cubierto con techo de zinc, en su interior y al fondo un crucifijo del Señor de Esquipulas, en los costados los bustos de la Virgen de los Dolores y la Virgen del Tránsito. En los laterales se distinguen imágenes de San Antonio de Padua, la virgen de Suyapa, San Pedro y San Miguel Arcángel, todos en yesería guatemalteca. En su fachada principal destacan tres torres, la del centro es la de mayor altura y porta un viejo reloj de fabricación francesa y que costó ochocientos “pesos”, más dos torres, la del lado derecho tiene una pequeña campana de principios de siglo XX. Se destacan además en el primer cuerpo dos pares de columnas adosadas, una puerta alta con arco de medio punto y algunos escasos detalles geométricos.

Su Parque Central, es pequeño pero acondicionado, se construyó en 1972 durante la administración edilicia de Ovidio Amaya y fue hasta el 2002 cuando se reforestó con las palmeras importadas que luce actualmente. Quizás en un proyecto de ornato posterior nuestros parques y espacios públicos puedan reforestarse con plantas locales, sobre todo con esas que identifican al occidente, como el café y el junco para mencionar algunas. Este atractivo Parque no tiene el acostumbrado homenaje a Morazán o la madre, monumentos repetitivos en el país y que en su mayoría carecen de criterios estéticos.

Se sabe que la primera Alcaldía funcionó en una casa alquilada por el señor Jesús Reyes, ya para 1907 se construyó el primer edificio municipal en el cual se invirtieron “treinta pesos”, bajo la dirección del constructor salvadoreño Caledonio Guandique y el apoyo de Jesús Reyes y José María Ulloa. De la antigua alcaldía municipal no queda más que el lugar inicial, más una serie de importantes documentos históricos que es prioritario conservarlos y son parte de la memoria colectiva. El actual edificio municipal es grande, moderno y con espacios acondicionados.

Murales coloridos

Recientemente en una de sus paredes laterales, se ha realizado un proyecto sobre “murales”, que según los artistas encargados desde sus pinceladas dan cuenta de los principales eventos históricos en el municipio, además que se le rinde homenaje a varios personajes, algunos recordados por su contribución al desarrollo, otros por destacarse y poner en alto el nombre del municipio e incluso algunos por ser parte del paisaje folklórico, entre ellos figuran: Cleofas C. Caballero, Justiniano Reyes, Castorina Flores, Héctor “Queco” Enamorado, Emilia Chávez, Mauro Reyes, Martín Pineda, Matías Figueroa, Francisco Paredes, Victoria “Toya” Rodríguez, José Hernández “Pingüino”, Martín Cardona y Avelino Leiva.

El muralismo bien concebido se convierte en un arte público, más valioso si es orientado a fortalecer la identidad local, quizás recordando nuestras tradiciones, festividades, sitios emblemáticos o recreando episodios del imaginario colectivo.

En el perímetro urbano de Arada, se logran distinguir dos largas avenidas, más una serie de calles que no siempre siguen un plano cuadrado, pero que se adaptan a un relieve antojadizo, bordeando incluso algunas ligeras protuberancias, el crecimiento poblacional es evidente, se extiende en diversos rumbos, por lo que ya es necesario un ordenamiento territorial, sin olvidarse de crear áreas verdes como reservas.

Esta cabecera municipal se compone de los siguientes barrios: El Centro, El Campo, El Farolito, Barrio Arriba, El Tanque, La Pesa, La Vega, Brisas del Sur, El Puente, La Loma, El Carmen (antes Culebrón), El Barrito, La Palca y La Leona. Respecto a sus aldeas, destaca el hecho de que estén bautizadas con nombres de plantas (fitotoponimias) como El Tular, El Palmo, El Ocotal, El Ocotillo, Jimilile, Caulotales. A las anteriores se suman Los Dantos, Buena Vista, Las Marías, Brisas de Oro, Candelaria, Los Planes, La Cuchilla y La Sorca, esta última toma su nombre de la antigua leyenda que sigue contándose en varios pueblos del occidente de nuestro país, donde dicen que La Chorca, “es una ave nocturna de malos presagios que aparecía en los tejados, en las casas donde habían niños recién nacidos, a quienes a través de la “mollera” les chupaba la sangre…” Otros aseguran que se trata de un relato de miedo, para mandar a dormir temprano a los “niños inquietos”. Se creé que el término Chorca evolucionó por uso a Sorca, de ahí el nombre de la aldea.

Manos tejedoras: El Ocotal

Esta pintoresca aldea, destaca porque numerosas familias lideradas por mujeres, a través de generaciones se han venido dedicando elaborar artesanías en junco. Evidentemente este es un proceso que requiere mucha habilidad, se invierten largas horas para elaborar productos como “sombreros, carteras, cestas, llaveros, joyeros, aretes, cigarreras, tortilleras”, y casi siempre las artesanas son mal remuneradas.

Si bien es cierto son varios los municipios de Santa Bárbara donde se realizan artesanías con varias fibras, no existen a la fecha escuelas artesanales locales o exhibiciones permanentes en alguna Casa de la Cultura, que fortalezcan y promocionen este tipo de trabajo. La elaboración del junco descansa en manos de ancianas y con el tiempo se corre el riesgo de que dicha actividad patrimonial se pierda. Hacen falta incentivos para preservar el conocimiento local, tarea pendiente que recae en los líderes municipales, sin olvidar que los docentes también son convocados para presentar alternativas.

No sabemos desde cuándo se iniciaron las artesanías de junco en Santa Bárbara, en algunos relatos se creé que fue a mediados del siglo XIX. Datos más relevantes se encuentran en la serie de medidas que se emitieron durante la Reforma Liberal, donde como política de Estado se está incentivando al cultivo del junco y el henequén en Olancho y Santa Bárbara respectivamente, incluso mencionan la contratación de profesores de Ecuador, para que vengan al país a enseñar hacer “sombreros y jarcia”.

Una feria agostina interesante

La feria de Arada, se celebra en agosto en honor de la virgen del Tránsito, en los últimos años y con la idea de fortalecer la convivencia el primer día es dedicado al aniversario del municipio y para ello se lleva a cabo un concurrido carnaval con música de renombradas agrupaciones. Entre los días 11 y 15 de agosto, diversas actividades se preparan en Arada, especial atención requieren la instalación de comerciantes en los alrededores del Parque central, exposiciones artesanales, muestras gastronómicas, elección de la reina, encuentros deportivos, fiestas bailables y aún se sigue realizando “el palo encebado”. Hace un par de años por iniciativa de la familia Toro, se instaló completamente un Trapiche y se hicieron demostraciones de cómo funciona una Molienda, se compartió con los transeúntes productos como jugo de caña y cachazas, igual de interesante resultó que algunas personas explicaron el nombre de las diferentes piezas de un Trapiche, más los términos comunes en una Molienda, así se mencionó coyunda, yugo, tayacán, mijarra, barzón, prisionero y en cuanto a los productos: miel de taco, miel de batido, cachaza y panela.

Las bases de un “Festival del junco y las artesanías”

Con el ánimo de reconocer el trabajo de las artesanas, a mediados de junio del año pasado, se instituyó desde la actual alcaldía municipal de Arada, el Festival del junco y las artesanías, evento que fue avalado por varios alcaldes de pueblos aledaños, representantes de varias instituciones, con excelentes resultados de participación, pero que por la actual situación de emergencia no fue posible darle continuidad. Es importante que ya está la ruta para este festival y ahora corresponde darles continuidad.

Medicinas alternativas

En Arada, numerosos pobladores le siguen apostando a enfrentar las enfermedades con remedios caseros, utilizando algunas hojas como “El ciguapate, palo de golpe, laurel, aguacate, limón, mango, guayabo y algunas cortezas como la concha de quina, el sauco y el aceite de lesquín conocido además como Liquidámbar”.

Es habitual consumir para varios dolores el “agua o té” de manzanilla, pericón, romero y alucema entre otras. Especial mención alcanzan las “aguas preparadas”, conocidas como “Los cordiales”. Es una mezcla de ciguapate, verbena, laurel, altamisa, flor de piedra, concha de lesquín, quina, canela y manzanilla. Se ponen a cocinar todas las hierbas en un litro de agua, una vez cocinadas se cuelan y se le agrega un bote de hierba buena, esencia coronada, miel de abeja y un octavo de guaro. Pueden consumirse por varias semanas o meses según el estado de la mujer. Sirven para purificar el organismo, eliminar quistes y facilitar la fertilidad de la mujer. Los “cordiales”, afamados son los preparados por la curandera Fidelia “Lela” Cardona, ya que incluso vienen personas de comunidades aledañas a encargarle las respectivas botellas. Con alguna frecuencia en Arada, las familias siguen utilizando los aceites de animales como el tacuazín, zorro y gallina, para diferentes padecimientos.

Un amplio imaginario colectivo

El sector rural de nuestro país, constituye una base cultural que debe valorarse, aún quedan muchos elementos que deben al menos recopilarse, son abundantes los relatos sobre La Sucia, el Duende, El Cadejo, La Llorona, El Hombre sin Cabeza, El Carro Fantasma y La Mula Aparejada. Desde los años 50 los aradeños, recuerdan al talentoso Martín Pineda, quien por muchos años se dedicó a realizar un Nacimiento, con la peculiar característica de que “todas las piezas y ambientes se movían”. Sus habilidades le permitían recrear escenarios naturales con hojas de pacaya, chiribito, barba de viejo y la olorosa flor amarillenta conocida como “calan”.

El rectángulo del Nacimiento era adornado con racimos de coyoles y guineos, también había siguamperos, naranjas, limas, toronjas y “pedazos de caña” listos para compartir, los visitantes podían tomar frutas y a cambio dejar una ofrenda para el Niño y se cantaba “Oh pascua dichosa” a la media noche acompañado por pitos de barro que generalmente eran soplados por los niños. Era común escuchar la detonación de un cohete cuando se finalizaba la construcción y el día 24 de diciembre por la noche se abría el nacimiento al público. Los asistentes eran invitados a compartir los respectivos tamales y el infaltable café con pan.

Los atractivos turísticos

“La Piedra del Gigante”, se trata de un promontorio de altura imponente, donde se destaca de frente un peñón sólido, se localiza a unos cinco kilómetros aproximadamente en dirección nor-oeste del casco urbano y sobre la calle de terracería que conduce a la aldea de Los Planes. Le nombran “del gigante”, porque los ancianos contaban que ahí vivía un hombre “muy alto” y que en tiempos de huracanes, el hombre se refugiaba en la cueva que se localiza al centro del peñón y que es visible “como una ventana” casi al centro del peñón. Sobre esta “cueva” también se apunta que se han encontrado vestigios caseros. Hacen falta estudios espeleológicos, para interpretar al rigor de la ciencia, los ambientes al interior de las “cuevas”, tan frecuentes en la espaciosa Sierra de Atima.

Lagunas con enorme potencial turístico

A 9 kilómetros del casco urbano, tomando la carretera que conduce hacia el municipio de El Níspero, se llega al caserío de “Las Lagunas” perteneciente a la aldea de Buena Vista, ahí se encuentran dos espejos de agua natural, una conocida como La Laguna Blanca y la otra Laguna Verde, ambas distan entre sí a un kilómetro de distancia.

Los vecinos y turistas pueden bañar, pescar e incluso navegar, el vecindario está organizado, el sitio reforestado y cuentan con el apoyo de las autoridades municipales. Sería de mucha importancia acondicionar el sitio con un área de hostelería y restaurante, pues las condiciones naturales son propicias e incluso aprovechar una iniciativa conjunta con las autoridades de los pueblos colindantes, Santa Rita y El Níspero, para fortalecer el turismo regional.

Tradición marimbera

Arada, ha tenido mucho renombre en el departamento, por el uso continuo de marimbas para celebrar sus festividades. Incluso aldeas como El Ocotal, o el ahora caserío “Dulce Nombre”, siempre han tenido sus propias marimbas. En el casco urbano ha sucedido lo mismo, distintos alcaldes han fomentado las celebraciones con los “sones de la madera”. De especial recuerdo es la marimba “Sombras Chapinas” perteneciente a Mauro y Miguel Reyes, por cierto el primero fue músico en la marimba “Usula” de San Pedro Sula. En la actualidad sigue en funcionamiento la marimba “Municipal Aradeña”. Hasta hace un tiempo se estaban impartiendo clases para niños “marimberos” con tanto éxito que hasta grabaron sus propias melodías.

Un personaje ejemplar

Cleofás Calderón Caballero. (1893-1958) El Ocotal, Arada, Santa Bárbara. Fue un renombrado catedrático y ocupó el cargo de director del Instituto Departamental la Independencia. Por su dilatada y ejemplar carrera a favor de la educación nacional, varios centros educativos han sido bautizados con su nombre.

Mi agradecimiento a Nery Antonio Avelar, entusiasta promotor cultural del municipio de Arada, de igual forma a Herminio Vásquez, Lourdes Hernández, Rene Reyes Paz y Plinio Cardona.

Cancincamón, Talgua, Lempira. Octubre, 2020

*Rubén Darío Paz. Director de Gestión Cultural en el Centro Universitario Regional de Occidente- Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Docente investigador en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán en Santa Rosa de Copán. Historiador, egresado del doctorado de Antropología Cultural en la Universidad de Salamanca, España. Ensayista y fotógrafo. Es miembro de Número de la Academia de Geografía e Historia. Correo rubenga1934@yahoo.com Teléfono (504) 89 02 70 49

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