Sor María Rosa y su largo camino a la beatificación

Sor María Rosa y su largo camino a la beatificación
ZV
/ 26 de octubre de 2020
/ 05:50 am
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Sor María Rosa.
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“No tengamos miedo a ser santos, todos estamos invitados a la santidad”, expresó el Papa Francisco, durante una audiencia general realizada en Roma en el 2013.

La Iglesia Católica siempre hace la invitación a llevar una vida honorable y buscar la santidad, basándose en uno de los versículos de la Biblia “así como aquel que los llamó es santo, también ustedes sean santos en toda su conducta, de acuerdo con lo que está escrito: Sean santos, porque yo soy santo”. Pedro 1,15-16.”

Muchos de los sacerdotes, religiosas e incluso millones de feligreses en el mundo, aceptaron esa invitación, llevando una vida digna a través de los años y dedicando su vida a los demás.

El pasado 16 de octubre falleció sor María Rosa Leggol, un ejemplo claro de solidaridad con el prójimo que dedicó su vida a brindar un amparo a las personas más necesitadas, a niños huérfanos y en riesgo social.

El cardenal, Óscar Andrés Rodríguez, durante la eucaristía de cuerpo presente, celebrada en la basílica de Suyapa, manifestó el deseo de muchas personas que conocieron a sor María Rosa, a iniciar un proceso de beatificación.

“Vamos a emprender el camino de beatificación, pero necesitamos los testimonios de ustedes que la conocieron y recibieron esa bondad, muestren su amor escribiendo lo que les tocó vivir con ella y lo firman”, expresó el cardenal.

BEATO Y SANTO

El proceso de beatificación y canonización conlleva diversas etapas para que se pueda realizar. Pero antes se debe tener en claro el concepto de cada uno.

Beato, se le denomina a una persona que falleció y que en vida mostró notables virtudes que son destacadas y certificadas por el Papa, es una de las fases para ser santo. La canonización, es decir, ser santo se le considera a la persona que presentó una inmensa fe religiosa y practicó con mucho afecto las ceremonias religiosas.

El Vaticano estableció cuatro etapas para llevar a cabo este proceso, cabe destacar que, para introducir una causa, se pide un tiempo en específico mínimo de 5 años desde su muerte, por lo general el Papa opta por ese lapso.

Una vez trascurrido el tiempo, la solicitud pasa por diferentes fases.

Fase diocesana, el primer paso para comenzar, depende de los fieles que conocieron al candidato a santo, ellos realizan una petición al obispo, donde dan un testimonio que esta persona era un ejemplo de vida y siervo de Dios.

Al tener esa petición, el Obispo nombra una comisión para verificar que la fama de santidad de esa persona es cierta. Es en ese momento se recogen los testimonios con hechos sobres las virtudes del personaje.

Fase dos, ser venerable; al tener la documentación se envía al Vaticano, donde historiadores y teólogos trabajan en elaborar una biografía exacta, espiritualidad y signos de heroísmo, eso último se comprueba mediante las obras realizadas por el candidato en favor de otras personas.

Fase de beatificación: para esa etapa, es esencial que se realice un milagro atribuido a la intercesión del venerable. Sí es aprobado, el santo padre indica una fecha y realiza la ceremonia de beatificación.

Última fase, canonización: para ese tiempo, el beato debe ser venerado en su diócesis y se necesitará la aprobación de un segundo milagro, sometido al proceso antes mencionado. El Papa informa a todos los cardenales y determinan una fecha y proceden a la canonización.

Una vez declarado santo puede ser venerado en todo el mundo.

En el caso de los mártires, personas que murieron en defensa de su fe, no requieren de un milagro para ser beato, solo para ser canonizado santo.

UNA VIDA VIRTUOSA

El canciller de la Iglesia Católica en Honduras, presbítero, Carlo Magno Núñez, mencionó las grandes virtudes de Sor María Rosa, “ella consagró su vida a los más pobres y llevó una vida virtuosa que se ve reflejada en las obras que hizo, en el grado heroico como lograr brindarle la educación más de 80 mil jóvenes en Honduras, que ellos le llaman madre”.

“Solo una persona con grandes virtudes, como ella, logra tener una credibilidad, para que los benefactores apoyaran esta obra. Solo una persona que reflejara a Dios, una transparencia podía tener esos dotes y también lo demostró de manera espiritual”.

Respecto al proceso de beatificación de Sor María, explicó: “el cardenal invitó a enviar testimonios sobre lo que hizo Sor María y como benefició a muchos con sus programas. De esta forma juntar los testimonios y acompañarlos para una solicitud en la Sede Apostólica sobre un posible proceso de beatificación, a esto se le domina “nihil obstat”, es decir, que nada se opone para comenzar por la fase diocesana para este procedimiento”.

Por otro lado, el licenciado en ciencias sociales, Carlos Alvarenga Bustillo, resaltó la labor realizada por Sor María Rosa en la sociedad, y cree que no es necesaria una beatificación para honrar las obras que realizó.

“Si recordamos la personalidad de Sor María Rosa, nos damos cuenta que en una sociedad tan diversa pueden ser contados los individuos que ofrendan su vida por los demás. Son pocos los que deciden atender de forma económica, social y emocional a quienes les rodean.

“Más que un proceso de beatificación, ella fue un ser que brilló con luz propia; en pocas palabras, tuvimos una santa, un ángel representante de Dios en la tierra”, agregó.

“No definamos o busquemos beneficios por un título, un nombre, un apellido o una beatificación, veamos lo que estos seres de luz ya nos regalaron en vida; ella es una santa a la que recurrieron sus hijos; y puede convertirse en una santa a la que recurramos muchos de los que estamos en esta tierra y la conocimos”.

UNA SANTA

Para el director arquidiocesano de las Obras Misionales Pontificias en Tegucigalpa, el sacerdote Jorge Castillo, es muy importante para la población tener una santa hondureña y mejor si es de esta época.

“Como dice la Palabra de Dios, por sus frutos los conocerán, es decir, sus obras en bien de los más pequeños y vulnerables por tanto tiempo, dándoles protección y cuidado permanente, dicen que en ella estaba Dios mismo manifestándose en amor, misericordia, ternura y cercanía”, apuntó.

El pueblo hondureño lo sabe, la Iglesia lo sabe, y será fácil determinar su alto grado de santidad por sus virtudes y ejemplos llevados a tan alta perfección.

“Qué hermoso pensar en una santa de nuestros tiempos y de nuestra casa, que sea referente constante a quien poder acudir para que interceda por este pobre pueblo que tanto necesita de cuidado y cobijo. Que Dios, que inició esta admirable obra en Sor María Rosa, la lleve a feliz término”.

El seminarista de Diócesis de San Pedro Sula, Noé Gerardo Hernández, manifestó que “en nuestra sociedad nos podemos encontrar a muchos santos a diario y lo reflejan por sus obras”.

“La santidad es el adorno de la casa del Señor (Salmo 93:5), por eso todos los cristianos estamos llamados a la santidad. Sor María Rosa fue una verdadera cristiana, todo lo que hizo, sus obras, su amor hacia los niños, hacia los pobres, su vida entera y su gran deseo de hacer la voluntad del Señor, nos muestran y nos hacen pensar que está adornando la casa del Señor”, comentó.

“Hay tantos santos y santas que a diario se cruzan con nosotros. Sor María Rosa era una de ellas. Su santidad la vimos reflejada en su alegría, su perseverancia, audacia y fervor, en su paciencia y mansedumbre”.

SANTOS EN CENTROAMÉRICA

En la historia de la Iglesia Católica en Centroamérica solo se han registrado dos beatificaciones y una canonización, dos religiosas y un arzobispo.

En el caso de las beatas, se trata de María Encarnación Rosal (María Vicenta), de Guatemala, fundó la Congregación de Hermanas Betlehemitas, con el fin principal de reivindicar la dignidad de la mujer y formar cristianamente a las niñas, falleció en 1820.

Y María Romero Meneses de Nicaragua, quien trabajó en diversas obras sociales para la formación de las jóvenes, en especial las pobres, difundiendo la devoción a la eucaristía y por la Virgen María, falleció en 1977.

El único santo es el arzobispo Óscar Romero, de origen salvadoreño, defendió a los pobres, y fue asesinado por odio a la fe en 1980. El 14 de octubre de 2018 fue canonizado.

Según un reporte emitido en 2005 por el Vaticano, la Iglesia Católica cuenta con alrededor de 7 mil santos y beatos en todo el mundo. En Honduras no hay registros de beatos, ni santos, tampoco se conoce de algún proceso iniciado.

Todo dependerá de los feligreses y las personas allegadas a Sor María Rosa para que ese proceso de beatificación resulte posible e incluso lograr una probable canonización. (Por Selvin Sánchez).

Grandes virtudes
Carlo Magno (canciller de la Iglesia Católica en Honduras): “Solo una persona con grandes virtudes, como ella, logra tener una credibilidad, para que los benefactores apoyaran esta obra”.

Ofrendaron su vida
Carlos Alvarenga Bustillo (licenciado en ciencias sociales): “Si recordamos la personalidad de Sor María Rosa, nos damos cuenta que en una sociedad tan diversa pueden ser contados los individuos que ofrendan su vida por los demás”.

Santa de nuestra casa
Jorge Castillo (director Arquidiocesano de las Obras Misionales Pontificias en Tegucigalpa): “Qué hermoso pensar en una Santa de nuestros tiempos y de nuestra casa, que sea referente constante a quien poder acudir para que interceda por este pobre pueblo que tanto necesita de cuidado y cobijo”.

Sor es una santa
Noé Gerardo Hernández (Seminarista de Diócesis de San Pedro Sula): “Hay tantos santos y santas que a diario se cruzan con nosotros. Sor María Rosa era una de ellas”.

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