Amigos que, nos dejan

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ZV
/ 30 de octubre de 2020
/ 12:04 am
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Por: Juan Ramón Martínez

“El miedo universal por excelencia, es el de la muerte”, describe Sara Mesa, en un ensayo publicado bajo el título, “Perder el miedo, un manual para la vida”. El miedo ha acompañado al ser humano desde el principio de los tiempos. Desde los griegos, hasta Camus, pasando por Harari, sabemos que sin miedo habrían sido imposibles las religiones. Por lo que el sentido de culpa, el perdón y la resurrección, permean la cultura occidental, más temerosa de la muerte, porque cree menos; se siente poco culpable, y más apegada a los bienes materiales. Somos frágiles. Para morir, solo hace falta estar vivos. Nada más.

Lo anterior se me ocurre ante la muerte de los demás. En mi caso, después de la muerte de los míos, de mi muerte, la que más me impresiona es la de mis amigos. Yo no sé si esto, me llevará a votar en una dirección o la otra. No soy teólogo; pero su muerte, me provoca pena y dolor, que solo mitigo cuando escribo, hablo de ellos y los despido. Estos últimos dos meses, me ha estremecido la muerte de muchos, especialmente porque no he podido despedirlos como acostumbramos. Por ello, aprovecho esta columna para hacerlo, compartiendo con su familiares mis condolencias por sus ausencias.

Ovidio Navarro, abogado de prestigio, miembro de la Corte Suprema de Justicia y exfiscal general de la República, fue un amigo al que nos unió, la tierra común –Olanchito, de donde era su familia, naciera y viviera sus primeros años– el respeto intelectual y una ética orgullosa, con la cual consideramos que, debíamos honrar a nuestros antepasados. Su fallecimiento inesperado, solo llegó a mi conocimiento, porque una de sus hijas está entre mis direcciones telefónicas. Solo a ella le pude presentar mis sentidas condolencias, asegurándole que su padre, durante su vida, honró la práctica del derecho y dio lustre a la amistad, basada en el mutuo respeto, la consideración y la solidaridad fraterna.

El capitán, Domingo Meza, ha sido –en los últimos tiempos– el mejor relacionista público de las Fuerzas Armadas. Educado y cordial, dispensaba respeto y admiración por doquier. Me hizo el honor de su amistad y su admiración. Cada vez que le urgía una información, llamaba por teléfono o escribía un correo electrónico. Y cuando había una reunión de la institución que representaba, tenía el talento de hacerme sentir que, era el más importante de los invitados. Aunque sabía que su talento y profesionalidad, le permitía hacer sentir lo mismo que yo con sus centenares de invitados, siempre aprecié su habilidad para hacerme sentir bien en sus reuniones. La última vez, en el momento del retiro profesional reglamentario, se tomó una fotografía con Rodrigo Wong Arévalo y conmigo que, guardo con orgullo y satisfacción. No le he podido dar el pésame a sus familiares, por lo que aprovecho esta oportunidad para decirles que, deben estar orgullosos de su paso por la tierra. Hizo el bien y cultivó amistades por doquier, entre las que me incluyo yo.

A Thelma Villeda de Avelar, la conocí en la Escuela Superior del Profesorado en 1963. Fue muy amiga de Teresa Nasser de Reyes, una extraordinaria mujer que, dejó esta vida en la flor de su juventud. Thelma, fue muy buena estudiante y como paisana de Orlando Iriarte, algunas veces conversamos. Cuando contrajo nupcias con Donaldo Reyes Avelar, siempre le enviaba mis saludos, para hacerle saber que la recordaba, desde nuestros tiempos estudiantiles. Ahora que la muerte ha estremecido su hogar, le hago llegar a Donaldo Reyes, amigo especial, hospitalizado, las muestras de mi sentida condolencia y aprecio. Sabiendo que sufre porque además de la muerte de Thelma, perdió a uno de sus hijos.

Gilberto Zelaya, es posiblemente el más cercano de los amigos que nos han dejado. Le conocí en Tejeras, municipio de Arenal, donde su padre era sastre y yo, muy joven, llegué con una tela a que me hiciera un pantalón. Posteriormente, ya Gilberto Zelaya cursando estudios en el Mejía de Olanchito, destacó como buen estudiante, correcto ciudadano y músico de tempranas habilidades. Formó parte del “Quinteto Melódico”, con Jorge Burgos, Carlos Urcina, Plutarco Meléndez y Bill O´neil Santos. Hizo una brillante carrera médica y forjó una familia que hoy, siente el vacío de su ausencia. A sus familiares, un fuerte y solidario abrazo.

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