A PROPÓSITO DEL DILUVIO

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ZV
/ 31 de octubre de 2020
/ 12:16 am
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EL CONTAGIO Y LAS ALARMAS
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DEL libro Los “Idus de Marzo”: “Varios años después de la tragedia, hay quienes, como anáfora, han quedado repitiendo “que no se supieron aprovechar las oportunidades brindadas para transformar totalmente el país”. Como si tal transformación fuera posible hacerla en tres años. O que sea responsabilidad gubernamental reconvertir las actitudes colectivas. O realizar el milagro de cambiar, de la noche a la mañana, conductas y resabios arraigados. ¿Cómo se podría transfigurar la parte deplorable del comportamiento en sólidos valores capaces de generar esa ansiada transformación? O sea, aspirar convertirnos en lo deseable, pero actuando de forma indeseada. ¿Qué prodigios se reclaman del gobierno de un país del tercer mundo? Estremecido mortalmente por un fenómeno que lo hace añicos y damnifica a la tercera parte de toda su población. El gobierno hizo hasta más del extraordinario esfuerzo que pudo haberse esperado”.

“Del daño nos repusimos gracias al favor de la Divina Providencia, a la solidaridad internacional y, quizás, al ahínco nacional multiplicado para responder al tamaño de los inmensos problemas que, de repente, de grandes se convirtieron en gigantescos. Los organismos internacionales calcularon que el retroceso era de varias décadas; que se esfumó lo que había tomado más de medio siglo edificar. Que recobrarse tomaría por lo menos eso y más. Pero, en lo que quedaba del período constitucional, se restituyó lo perdido. Cultivos e infraestructura y todo lo que el huracán arrasó, resurgió mejor de lo que estaba. No se sufrieron epidemias, no se perdió un día de clases. En tiempo récord se restauraron las escuelas que sirvieron de refugio durante las evacuaciones. A la hora en punto para el inicio del próximo año escolar”. “Se elaboró, en medio de la ruina y mientras se atendía la emergencia y la rehabilitación, un Plan de Reconstrucción Nacional. Fue consensuada en consulta de cabildos abiertos una Estrategia de Reducción de la Pobreza. El FONAC elaboró –con la participación del magisterio y otros sectores interesados– una reforma integral al sistema educativo. Igual, se puso en marcha un plan renovador del sistema de salud. Se alcanzó el financiamiento de la comunidad de cooperantes gracias a la gestión intensa desplegada en tres grupos consultivos. Valoraron la imagen de unidad proyectada por un pueblo en aprietos, pero dispuesto a no dejarse vencer. Pese a que desgracias ocurren en el mundo a cada rato, haciendo que con la última se olvide la anterior, pudimos mantener vivo el interés internacional garantizando los desembolsos comprometidos y las inversiones totales al Plan de Reconstrucción”.

“Se obtuvo el TPS para nuestros compatriotas residentes en los Estados Unidos, y una moratoria a las deportaciones, logrando tranquilidad y estabilidad laboral a nuestros compatriotas ausentes. Las remesas familiares, que crecieron exponencialmente gracias a la tregua, hoy sustentan la economía nacional, mantienen el valor de la moneda y niveles manejables de inflación. Merced al empeño de las autoridades, la comunidad internacional cambió los términos de referencia para que pudiésemos acceder a la HIPC –ya que Honduras, pese al daño del huracán, aún no calificaba– virtud de la cual logramos el perdón de la deuda. El país dispuso de recursos extraordinarios para inversión social y reducción de la pobreza”. “Con el borrón y cuenta nueva, todos los gobiernos que sucedieron pudieron endeudarse concesionalmente y obtener ingreso abundante, paliando los déficits presupuestarios con recursos frescos. Se logró la ampliación de los beneficios de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe a la que deben su salud las maquilas, los sectores exportadores y otras actividades de la economía y del comercio. No se contó con la fortuna de buenos precios del café en el mercado internacional. (El gobierno tuvo que subsidiar la caficultura). Ni con el ingreso de los demás productos de exportación que arruinaron las inundaciones. Sin embargo, no hubo carestías, se levantaron los cultivos, y se restauró la capacidad productiva. Se mantuvo la confianza interna, la credibilidad internacional y no se perdió la estabilidad política y social. Y quizás lo más importante, en un espíritu de unidad, de colaboración, de trabajo y de armonía”. “Transformaciones, si no todas, hubo importantes reformas. Institucionales y al sistema democrático. El fortalecimiento de la sociedad civil, la desmilitarización de la Policía, la abolición de la Jefatura de las Fuerzas Armadas y la profesionalización del Ejército. Mejoramiento en la aplicación de la justicia, a la obra física que alberga a jueces y operadores de justicia. Reformas del Poder Judicial, incluido el Código Procesal Penal y los juicios orales. La incorporación del Comisionado de los Derechos Humanos como figura constitucional. Leyes como el Código de la Niñez y de la Familia, la Ley Contra la Violencia Doméstica, solo para citar algunas. Se pagaron religiosamente los incrementos salariales progresivos de los estatutos gremiales. Se mejoraron los sueldos y beneficios de los empleados públicos, las enfermeras, los policías y los soldados. En fin, se rehízo un país deshecho”.

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