A sus 80 años sueña con reabrir restaurante

ZV
/ 13 de diciembre de 2020
/ 05:20 am
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A sus 80 años sueña con reabrir restaurante
Para hacer realidad su sueño de poner su negocio, el emprendedor invirtió en material de construcción y uso de maquinaria.

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Hace más de 20 años, un entusiasta pescador sureño partió desde la ciudad-puerto de Amapala, en la Isla del Tigre, Golfo de Fonseca, en el departamento de Valle, rumbo a la capital hondureña con la ilusión de abrir un restaurante de mariscos.

El amapalino logró su sueño, sin embargo, hoy, a sus 80 años, y en plena pandemia de COVID-19, no tiene ni un centavo en sus bolsillos, pero sí un legado de recetas médicas de fármacos que no puede comprar. ¿Qué lo llevó al fracaso?

Desde niño, aprendió a pescar en el Golfo de Fonseca (océano Pacífico), junto a su padre, a quien recuerda como el “mejor pescador” de Amapala; creció con una caña de pescar en la mano y se alimentó a lo largo de su vida con pescados, cangrejos, camarones y curiles, lo que, según dice, lo convirtió en un hombre fuerte y entusiasta.

Para darle un mejor futuro a su esposa y a sus ocho hijos, se mudó a vivir a Tegucigalpa y decidió apostarle a lo que más conocía: los frutos del mar.

Con sumo esfuerzo inauguró su restaurante en la planta baja del mercado “Álvarez”, en Comayagüela, deleitando a diario a miles de capitalinos con sopas marineras, ceviche de pescado, entre otros platillos. Pero en 1998, el huracán “Mitch” convirtió en lodo su esfuerzo; perdió su negocio y tuvo que volver a empezar “de cero”.

SEGUNDO INTENTO

Lejos de darse por vencido, decidió tocar puertas y fue así que la administración del mercado “La Isla”, en junio de 2013, lo autorizó para instalar su puesto de ventas de mariscos preparados, en un área de diez por 20 metros, en el cuarto arco del puente.

Muy contento, don Pablo invirtió los ahorros de toda su vida en hacer realidad, por segunda vez, su sueño de abrir un restaurante, comenzando con las obras de adaptación del terreno donde edificaría su restaurante.

“El lugar era una letrina, un basurero, botadero de animales muertos…”, explica don Pablo, sin embargo, por haberse desempeñado por 21 años como inspector de limpieza de la alcaldía, “ad honorem”, no tuvo inconveniente en asear la zona.

Luego, según cuenta, compró ladrillos, arena, cemento, tubería, grava y adoquines, entre otros materiales de construcción.

De repente, recibió una terrible e inesperada noticia: Había que demoler el relleno donde haría los cimientos para edificar su restaurante, pues por allí pasaría una nueva calle en construcción.

“La máquina estaba emparejando el material de relleno que traían las volquetas, cuando se presentó el licenciado Roberto Ochoa, que era el gerente de Orden Público, manifestándome que parara el trabajo, que por ese lugar pasaría la otra calle que daría otro acceso al mercado La Isla”, recordó el veterano pescador.

“Me opuse porque tenía permiso de la alcaldía, me dijo que sabía, pero que era una obra de utilidad pública y que me reubicarían en otro espacio”, relató.

Bajo el compromiso escrito de las autoridades municipales, de reubicarlo en el sexto arco del puente “La Isla”, don Pablo accedió de buena fe a que las obras de relleno que había hecho fueran demolidas. Ahora, solo espera que se le conceda el espacio acordado para volver a abrir su restaurante y hacerle frente a la crisis económica agudizada con la pandemia.

¿LA VENCIDA?

Como un tesoro, este hondureño luchador guarda consigo constancias y fotografías que documentan legalmente el compromiso adquirido con él por parte de la alcaldía.

“El actual gerente de Orden Público, Donadín Fuentes, se declara sin autoridad para hacer la reubicación que desde hace tres años estoy exigiendo; pido al alcalde un momento para hablar, le pido ayudarme, ‘’Tito, clamó don Pablo.

Exijo reubicación inmediata, estoy pronto a morir y quiero dejar esto arreglado”, señaló el afectado, en una de las tantas cartas que le envió al alcalde y que, según él, sus secretarias jamás le entregaron, ya que “Tito es buena gente, si él supiera que necesito que me reubiquen el negocio, él ya me habría ayudado”. (CF)

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