“ENTRE EL RUMOR Y LA CALUMNIA”

“ENTRE EL RUMOR Y LA CALUMNIA”
ZV
/ 21 de diciembre de 2020
/ 12:03 am
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EN medio de una montaña de revistas viejas que revisábamos para tirar a la basura, encontramos un ejemplar de LA TRIBUNA del 1 de septiembre de 1987. Por el abuso que se hace hoy en día –especialmente por las “chatarras de los chats” y adictos de la redes sociales– al honor y a la dignidad de las personas, llamó la atención el editorial del periódico intitulado “Entre el Rumor y la Calumnia”. Aquí el texto del artículo cuyo contenido no ha perdido vigencia y hoy por hoy, –por esos arrebatos de odiosidad de muchos y la acostumbrada tendencia destructiva a la imagen personal, pero igual, a la imagen del país– resulta aún más relevante: “Si en el pasado el rumor era arma que se echaba a rodar, con la esperanza del creador de que tal rumor creciera, se volviese una montaña aplastante, en la medida en que las bocas iban transmitiéndolo, hoy en día es la franca acusación irresponsable, la insinuación mal intencionada y la calumnia franca, las armas que campean en los debates políticos”.

“Pocos son los que se tocan los hígados para endilgarle a un político, padrinos inexistentes, mecenas escondidos, financieros tras batidores. ¿Para qué molestarse en aportar pruebas? La bola de nieve, pequeña como su inventor, crecerá y encontrará eco en las almas sencillas o mal informadas. Nadie correrá a investigar si lo que se dice es cierto o falso. Esa no es la intención del calumniador. Tampoco este tiene por qué preocuparse porque le emplacen en demanda de pruebas. Bastará encogerse de hombros y a seguir la rutina; empuercar honras, sembrar la desconfianza, ensombrecer los hombres y las causas. En suma, destruir por el prurito de destruir, como un recurso de la propia impotencia”. “Cuando tales acusaciones se concentran alrededor de hombres públicos que en determinado momento debaten sus diferencias, ya se toma las falsedades, las acusaciones y los rumores calumniosos como algo natural, parte “del juego político”, dicen, como si el descenso moral no fuese un daño grave que se inflige a toda la sociedad. Otras veces ocurre, que se hacen filtrar informaciones incompletas, dadas en principio con carácter confidencial, para que la resonancia de los medios de información haga que las imputaciones improbadas queden flotando en el ambiente, con graves e irreparables consecuencias para las víctimas. De nada vale que después se hagan aclaraciones, se demuestren los hechos tal como son y se trate de parar el escándalo”. “El mal ya quedó hecho, sin que nadie asuma ninguna responsabilidad, ni moral ni política, ni judicial. Todos nos quedamos impávidos, solo contemplando el desfile de los daños ocasionados”.

“Algo así le ha acontecido a uno de los altos dirigentes del M-LIDER, a diputados del Congreso Nacional y a magistrados de la Corte Suprema de Justicia”. “En este último caso la gravedad de las informaciones no probadas plenamente reviste un aspecto preocupante, porque las imputaciones se atribuyen a una alta fuente de las Fuerzas Armadas. Que se dijo, que no se dijo, que se insinuó que no ocurrió tal cosa, que se malinterpretaron los datos, etc. Eso ya no tiene importancia. Lo que queda haciendo estragos es la posibilidad de que tales hechos pudieran haber ocurrido. O que la fuente original de la imputación hubiese sido sorprendida con información falsa, o incompleta o mal recogida. ¿Pero quién detiene a los que capitalizan a su favor la explotación del infundio? Nadie. Es, como decían nuestras abuelas a propósito del honor de una doncella: que era como querer recoger después un agua que se tiraba al patio”. “Aceptar que en política todas las armas son buenas es un tremendo error. Por este camino del vituperio y de los golpes bajos la sociedad se degrada, la opinión pública se confunde y el ciudadano joven, poco acostumbrado a esos recursos innobles, terminará pensando que la mentira y la zancadilla son atributos normales de la política y de los políticos que, por lo tanto, nada se pierde, en lo moral, usándolas cuando es necesario. Por el bien de todos, no digamos como hombres lo que no podamos sostener como caballeros. La máxima es vieja pero útil aún”.

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