Nos ha nacido un niño

Nos ha nacido un niño
MA
/ 23 de diciembre de 2020
/ 01:35 am
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Álvaro Sarmiento

En esta época la frase que más repetimos de manera digamos indiscriminada, a conocidos, familiares, amigos o personas que encontramos en la calle, es “Feliz Navidad”, muchas veces al menos por escrito agregamos “y próspero Año Nuevo”. Desde hace algunos años, tal vez por influencia de no sé quién, posiblemente por temor a caer mal a alguien, se dice “felices fiestas”.

Para algunos la Navidad se relaciona con los nacatamales, las torrejas, la pierna de cerdo, y muchos platillos de la época, para muchos con los regalos que recibieron de niños, o sencillamente el estrés que representa buscarlos en algún centro comercial. Para otros, cierta melancolía de momentos que no se repetirán porque los protagonistas ya han dado el salto a la eternidad. Otros recordamos los nacimientos enormes o pequeños, en algún banco o casa de la vecindad.

Al final como que nos hemos perdido y olvidado al principal protagonista de la Navidad, a nuestro Señor Jesucristo, que se ha hecho un niño pequeñito, indefenso, débil como lo son todos los recién nacidos. La segunda persona de la Santísima Trinidad, pudo haber decidido venir a este mundo de muchas maneras, digamos más portentosas, más cool. Escogió a la mujer más perfecta y, amorosa de la humanidad como su madre.

Hace dos mil años, José y María buscaban un lugar en Belén, y únicamente encontraron un pobre lugar, al lado de animales, del buey y la mula, en un acto inexplicable, en esa lógica divina que no comprendemos. Mucho menos en este momento, cuando el mundo está tan lleno de sufrimientos.

La reciente felicitación por la Navidad, de monseñor Fernando Ocáriz, da muchas luces para entender y vivir mejor la verdadera Navidad, en medio de una época con el contraste de una pandemia que no termina, “Un Niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, sobre el que está toda la potencia, toda la soberanía y ese Niño está para nosotros, se nos ha dado a nosotros”. Aprovechemos este regalo sin límites ni caducidad, el mismo Jesús. Y repitiendo las palabras del beato Álvaro del Portillo, “El Señor nació para morir por nosotros”, por vos y por mí, por cada uno.

“Que la Navidad sea un tiempo para -mirando a Jesús- que se entrega a sí en Belén… y que también nos esforcemos en la entrega, en el servicio”. En medio del sufrimiento como María y José que vieron a Jesús nacer en medio de animales… Tener que poner a su hijo en un pesebre, momentos difíciles, de sufrimiento pero a la vez momentos de gran alegría, con la alegría de sabernos hijos de Dios con la alegría de sabernos amados por Dios”.

Aprovechemos esta época para hacer nuestro nacimiento en casa, y contemplar la escena, acercarnos al Niño que ha venido por nosotros. Y darnos a los demás es algo tan sencillo, como luchar por sonreír más a la gente que está a nuestro lado, aunque el chiste que cuente no sea muy divertido. Olvidar viejos o nuevos agravios, servir, servir en la cena de Navidad, encargarse de la basura, de esas hojas de nacatamales o recoger la mesa. Poner las cosas en su lugar, y rezar, rezar mucho por tantos en todo el mundo que están pasando mal. Apoye en su parroquia para llevar víveres a los que más los necesitan. Propóngase hacer algo por alguien cada día de la octava de Navidad (del 25 de diciembre al 1 de enero), conviértase en los brazos de ese Niño que nos ha nacido. Y estimado colaborador de LA TRIBUNA y lector, que Dios nos bendiga, le deseo una feliz y santa Natividad del Señor.

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