Gratuidad internacional

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/ 24 de diciembre de 2020
/ 12:03 am
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Por: Segisfredo Infante

En una época de hipotética alegría para el “Mundo Occidental”, debe prevalecer el espíritu de “gratuidad”, y de “gratitud”. Sobre todo en el caso de Honduras, que a pesar de los pesares, y en el contexto del desastre natural, ha recibido, gradualmente, el auxilio de algunos países lejanos y cercanos. En primer lugar agradecemos a la Fuerza Aérea de Estados Unidos, que acompañó a la Fuerza Aérea Hondureña en centenares de vuelos de rescate por diversos rumbos. Seguidamente a los hermanos salvadoreños, que hicieron presencia física durante el huracán “Eta”, con caravanas de alimentos.

Empero, mucho antes de los huracanes, recibimos auxilios médicos, con equipo de bioseguridad, del Estado de Israel, por medio de la “Asociación Shalom”, y luego esta misma Asociación se ha encargado de recolectar alimentos para entregarlos directamente a los damnificados del valle de Sula. Pocas semanas después del desastre natural, Israel fue el primer país en hacer presencia física con un equipo de soldados y técnicos de su Ministerio de Defensa, con el fin de auxiliar a los damnificados y realizar diagnósticos y pronósticos ligados a las inundaciones, derrumbes y deslaves, en la señalada subregión occidental de Honduras.

No debemos olvidar, jamás, que poco después de la guerra fratricida de julio de 1969, la República de Yugoeslavia, bajo el mando del mariscal Josip Broz Tito, fue el primer país en acceder a venderle aviones de guerra a Honduras. Casi en forma simultánea, el segundo país en vender aviones defensivos, y en adiestrar a sus pilotos, fue el Estado de Israel. Ningún tercer país, en aquel entonces, deseaba venderle aviones de guerra a la República de Honduras. Porque siempre nos han tenido estigmatizados a nivel internacional, por causas sustantivas; pero también por mentiras exageradas, debido a que, en un alto porcentaje, algunos hondureños se prestan a la acción corrosiva de autoflagelarse internacionalmente. Estos datos sobre la compra de aviones los he recibido en conversaciones personales con los coroneles retirados César Elvir Sierra (QEPD) y Francisco Zepeda Andino, el “aguilucho”, quienes también han publicado sus libros respectivos, bien documentados, dicho sea de paso.

La visita recientísima de la Reina Letizia de España, ha venido a llenar nuestros pulmones con oxígeno renovado, como una muestra concretísima que las relaciones entre el Estado hondureño y el Estado español, y sus respectivos pueblos, son inquebrantables, al margen de los vendavales políticos e ideológicos de por aquí y de por allá. Esta visita de doña Letizia de Borbón a la zona norte de Honduras, cobra mayor relevancia en un momento en que la pandemia sigue atacando con fiereza la salud de los españoles y de los hondureños, por causa de una enfermedad que comenzó en un país del Lejano Oriente, tal como la “peste negra” vino de Mongolia, durante la “Baja Edad Media”, en los albores del Renacimiento italiano y europeo. La sola presencia de la Reina en una zona devastada por dos huracanes consecutivos, es “fotoevidencia” de grandeza de una dama cuya imagen y cuyo nombre han quedado grabados para siempre en nuestros corazones catrachos. Por otro lado poseo, personalmente, una deuda moral impagable con el Rey Felipe Sexto de Borbón, y con el embajador, prosista y poeta don Miguel Albero, por haberme otorgado la “Condecoración del Mérito Civil” que se les concede, gratuitamente, a ciertos ciudadanos del “trasmundo”, como le gustaría expresar al filósofo José Ortega y Gasset, si todavía viviera. Y es que cuando hablamos de España es casi imposible soslayar los nombres de filósofos de enorme valía intelectual como el mencionado “Don José Ortega”, Eugenio D’Ors, Xavier Zubiri, Julián Marías, López Aranguren (un católico que al final simpatizó con el protestantismo) y la exquisita María Zambrano. (En otro contexto recapitularé los nombres de los pensadores españoles medievales y modernos, entre ellos el rabí Moshé Maimónides y el padre Francisco Suárez).

Cuando leí por primera vez la “Divina Comedia” de Dante Alighieri, en una fea versión en prosa, recuerdo haber reparado en que los ingratos, según el autor, van a parar al peor círculo del “Infierno”. Después leí la misma obra en unos versos italianos y españoles maravillosos. Quizás la memoria me traicione. Pero me parece que Dante confina en el peor círculo a los ingratos. Por eso deviene la obligación moral de ser agradecidos con las personas e instituciones nacionales e internacionales que brindan auxilio desinteresado en los momentos de tragedia y calamidad.

Tengo comprendido, además, que han llegado unos auxilios de Taiwán, Chile y México, respectivamente. Y que una niña de diez años, llamada Emma Cabanillas Oquelí Turcios, se ha instalado en una calle de París, Francia, para solicitar ayuda en beneficio de los damnificados. Ojalá todos los hondureños fuéramos como la niña Emma, hija de mi especialísima amiga Lolita Oquelí Turcios. En otro momento relataré una anécdota positiva del ingeniero Carlos Flores, en el contexto del huracán “Mitch”.

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