Picho, un personaje inolvidable

Picho, un personaje inolvidable
MA
/ 29 de diciembre de 2020
/ 12:10 am
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Ricardo Alonso Flores

Conocí a Gilberto Goldstein en aquel San Pedro Sula hace poco más de medio siglo, donde casi todos éramos amigos y había una enorme cordialidad que distinguía a la ciudad.
Había una pequeña pero activísima comunidad judía que contribuyó en gran medida al crecimiento local. Recuerdo a las familias Brandel, Rosenthal, Weinzemblut, Fiszman, Neuman, Portnoy, Wolozny, Heller, Starkman y Stayerman, entre otros.

La familia Goldstein, formada por don Boris, el patriarca, su esposa doña Gucha y sus hijos Jacobo y Gilberto, eran sumamente apreciados, sobre todo porque don Boris fue un luchador nato, que comenzó manejando una curtiembre, cuya producción, los cueros, vendía en un almacén en el centro de la ciudad llamado “El Ruso”.
Posteriormente, en ese terreno que comenzaba en la parte sur del parque Baraona y terminaba frente a la denominada Calle de la Policía, donde estaba ubicado el Banco de Honduras.

Los jóvenes Goldstein en su momento, se fueron a estudiar a los Estados Unidos, casándose Jacobo con una joven judía también vinculada con México, Frances y Gilberto con una dama que había sufrido los horrores de la guerra en su Polonia natal, Alice, hoy gran ejecutiva bancaria.

Establecidos ambos en Tegucigalpa, Jacobo comenzó en la banca, pero terminó en el periodismo, en tanto que Gilberto optó por dedicarse a las diversas industrias familiares sin descuidar la banca, en la que logró destacar también.

Independientemente de ello, incursionó con mucho éxito en el deporte, llegando a ser presidente del Olimpia y en la política cuando fue uno de los más cercanos colaboradores de Rafael Leonardo Callejas, primero como candidato y luego como presidente, fungiendo como secretario privado del mandatario.
Lo admirable de Gilberto es porque sobre todo era un hombre conciliador, al que no le interesaban las intrigas palaciegas y trataba de apoyar a quien podía.
Un día se le ocurrió la idea de incursionar en la carrera presidencial, pero pronto se dio cuenta que aquello no era para él y desistió para dedicarse a los negocios.

En su vida hubo un momento muy trágico, la muerte en un accidente de aviación de su único hijo varón Mark, en plena juventud pero que afortunadamente dejó sucesores que continuarán la lucha que inició don Boris.
Aún así, Gilberto siguió con su rutina diaria, pero en cierto momento le apareció la terrible enfermedad que lo llevó a la tumba.
Quiero destacar en él, su permanente caballerosidad, sus gestos amistosos y sobre todo esa bondad que lo acompañó siempre.

Algo muy singular en su vida y raramente logrado por alguien, es que no se le conocieron enemigos, aun moviéndose en esferas donde la envidia y la zancadilla son cuestión de todos los días.
Otra de sus características es la valentía y la decisión con la que enfrentó la enfermedad. En los primeros años era frecuente encontrarlo en algunos centros comerciales, especialmente en los supermercados. Seguía saludando a todo el mundo y la gente le mostraba su simpatía.

Gilberto será siempre recordado como un gran amigo, como un personaje popular y querido, que dejó una huella imborrable en Honduras y una familia a la que también se aprecia mucho.
Por eso pienso que Gilberto Goldstein tendrá una connotación de personaje inolvidable, de un ser excepcional, yo diría que irrepetible.

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