Adiós 2020, bienvenido 2021

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/ 4 de enero de 2021
/ 12:21 am
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Adiós 2020, bienvenido 2021

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Por: Marcio Enrique Sierra Mejía

Lo que dejemos atrás superémolo. El 2020 no fue de lo mejor. Todo lo que ocurrió para mal, sea como espejo para ver las decisiones a tomar que afecten positivamente a la sociedad entera. Benditas las elecciones a realizar en el 2021. Nuestro pueblo ve en ellas la oportunidad para que el partido triunfador haga un cambio. Las condiciones de la desigualdad económica no pueden seguir aumentando. Ni tampoco imperando bajo una fachada de democracia. Con cimientos basados en la exclusión social y la concentración de la riqueza en un pequeño grupo de conglomerados empresariales.

Las hondureñas y los hondureños vivimos en una democracia de papel. En la que los procesos políticos no están garantizando la construcción permanente de una sociedad en la que la distribución de ingresos y riqueza es ecuánime. Las decisiones políticas. Particularmente con relación a los dineros y recursos públicos. Contribuyen poco en la satisfacción del interés popular.

Ciertamente. El “billete” influye mucho en la política. Y en nuestro país está condensado en conglomerados empresariales de distinto origen familiar y corporativo. En consecuencia. Es ese poder de concentración lo que causa la acentuación de la desigualdad en la distribución de los ingresos y riqueza. Y sostiene el patrón de poder del manejo de los recursos públicos a su favor. La concentración del “billete” es lo que produce la centralización de poder. Detrás del “billete” hay intereses que lo representan. Y estos influyen más que los intereses propiamente populares.

De acuerdo con la OEA cuando sostiene que: “el riesgo de que las democracias sirvan solo a quienes concentran el dinero y no al interés general representa una amenaza sobre la construcción permanente de legitimidad” (Organización de Estados Americanos (OEA), 2011).

En el 2021 hay que fortalecer el sistema democrático. Asegurar que el gobierno tenga legitimidad. La capacidad para actuar. Ejerciendo el poder en un Estado democrático de derecho. Que aumente la legitimidad social y evite su deconstrucción.

La relación de la política con el dinero debe ser constructiva. Evitando el uso inadecuado de las finanzas públicas. De lo contrario. Su mal uso, va a causar el aumento de la pérdida de confianza social en la democracia. Y la percepción de que los nacionalistas acceden al Estado para hacer corrupción y servir al interés de los ricos y empresarios corruptos. De tal suerte que habrá consecuencias negativas para el Partido Nacional en las elecciones generales.

El “billete” público es para expandir los derechos de la ciudadanía y no para consolidar el poder político de la minoría rica o el poder de los conglomerados empresariales que dominan en el sistema económico nacional.

El principal desafío de las fuerzas políticas de Honduras no es superar la crisis de la pandemia covid-19 y los efectos devastadores de Eta e Iota. Es darle sostenibilidad democrática a Honduras. Lo cual implica evitar la violencia política.

Nuestra democracia está lejos de estar consolidada. Necesitamos aunar esfuerzos para lograr la legitimidad de la democracia en forma estable y permanente. No se trata de transitar a la democracia más bien de establecer un balance de poderes óptimos para que el grado de concentración del poder no haga perder la estabilidad del sistema político. Tenemos una democracia débil. Insegura. En la que el Estado democrático de derecho es tan huidizo. Que la pobreza y la desigualdad que priva en su seno la harán desplomarse.

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