LETREROS, NO SOLO EN LA CAPITAL

ZV
/ 13 de febrero de 2021
/ 12:06 am
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LETREROS, NO SOLO EN LA CAPITAL
EL CONTAGIO Y LAS ALARMAS

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NO solo es allá en Tegucigalpa –escribe un lector haciendo referencia al editorial, “Por los Rótulos”– igual ocurre en San Pedro Sula”. “Es una realidad a nivel nacional –comenta otro lector– y no solo están vendiendo sus casas, también mucha gente está vendiendo sus autos; y en el interior se puede observar que han puesto en venta la maquinaria y el equipo agrícola”. Una desgracia mayor, –que vayan a abandonar las actividades agropecuarias– ya que hasta ahora el campo ha respondido proveyendo el alimento suficiente a la población. Las líneas anteriores se refieren al tema publicado en este mismo espacio de opinión: “No hay clientes. Un reportaje gráfico de LA TRIBUNA muestra los niveles de desesperación de tanta gente”. “Un recorrido rápido del fotógrafo por las calles de Tegucigalpa y Comayagüela, pudo captar letreros por doquier de bienes inmuebles desocupados”. “Residencias o locales en edificios de apartamentos ofrecidos en venta o en alquiler”.

“Capitalinos liquidando la propiedad que lograron obtener con el esfuerzo de una vida”. “Otros han abandonado sus viviendas, pidiendo posada en casas de familiares, esperanzados que alguien la alquile o la compre para instalar algún negocio. Solo que los prospectos clientes son escasos”. “Son más los que están cerrando sus negocios que los que abren uno nuevo”. “Los compradores de bienes inmuebles, posiblemente sean acaudalados que ven en el infortunio de otros una oportunidad de inversión”. “Adquirir barato ahora, a precio de gallo muerto, algún activo valioso, usufructuando el desplome de los bienes raíces”. El periódico en varias entregas mostró rótulos colgados en todos lados, de dueños de negocios que en su momento fueron populares, frecuentados por un fiel público consumidor. Hoy exhiben un letrero colocado al frente del establecimiento ofreciéndolo al mejor postor. Con el desplome del mercado, el colapso de la economía, perdieron la clientela. Es una pena cómo familias en aprietos recurren a lo último que tienen en procura de llevar el sustento básico a sus hogares. Los avisos, colocados con dolor en el alma, dando en venta o en alquiler la propiedad que tanto sacrificio les costó obtener, en espera de clientes que no llegan ni siquiera a curiosear. Le parte el alma a cualquiera. Aparecen en las esquinas y zonas de alta circulación, pero también en recovecos escondidos. Casas de alquiler en los barrios de moradores de escasos recursos, pero también residencias en las colonias de bien de gente acomodada. Los clientes son escasos porque esta tragedia es un mal generalizado que, con rarísimas excepciones, golpea sin discriminar.

Cada cual carga con su propia cruz a cuestas. Los que perdieron el empleo y buscan por todos lados, pero no hay trabajos. Varios de ellos –decíamos ayer– operan cocina desde sus hogares. Mandan a sus contactos telefónicos un variado menú para abrir el apetito. Se comunican con amigos y conocidos enterándolos que ahora se dedican al oficio de la alimentación. Pero como hay tantos metidos al mismo negocio, de venta de comida casera, es dura la competencia. Otros emprendedores, computadora en mano, montaron portales digitales ofreciendo sus servicios profesionales a un público acabado. Sin muchos ingresos para pagar. Unos prosperan, pero no así la mayoría. Así que cuando no hay salario por falta de trabajo o cuando fracasa todo intento de compensarlo entablando otra actividad, solo queda rematar los activos, disponer de las propiedades. Las alcaldías como el gobierno central deben activar planes para auxiliar a tanto hondureño desesperado. Las asociaciones y cámaras empresariales deben ofrecer orientación y capacitación a tanto empresario desamparado sobre opciones de readaptación a la nueva realidad. Y la lerda burocracia internacional en las instituciones de financiamiento ¿qué piensa de esos letreros?

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