¡Mujeres divinas!

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/ 14 de febrero de 2021
/ 12:33 am
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¡Mujeres divinas!
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Por: Mario Hernán Ramírez
Presidente vitalicio Consejo Hondureño de la Cultura Juan Ramón Molina.

Uno de los principios básicos para exaltar a esos seres prodigiosos que durante nueve meses nos mecen en sus vientres, por lo menos hace un tiempo atrás para demostrarle nuestra admiración, gratitud y respeto era el que a una mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa. Ese principio de auténtica vocación humanitaria se perfiló en el mundo entero por centenas y centenas de años, hasta que de un tiempo acá ha ido perdiéndose y transformando al hombre en un monstruo de mil cabezas, convirtiéndolo en enemigo acérrimo de las que se merecen todo el amor del mundo.

Así lo demuestran las estadísticas que a diario registran los diferentes medios de comunicación ahora al instante y al alcance de toda la humanidad. Es triste, muy triste, pero es la realidad, sobre todo en nuestra querida patria que según los últimos reportes durante el mes de enero y lo que va de febrero son casi 30 las mujeres que han sido víctimas del endemoniado odio hacia ellas por parte de hombres deshumanizados que han perdido el sentimiento hacia las que por principios lógicos de la vida son nuestras compañeras de hogar; llámese madres, esposas, hijas, abuelas, nietas, etc.

La Federación de Asociaciones Femeninas de Honduras, Mesa Redonda Panamericana, las de “Visitación Padilla”, Grupo Femenino Ideas, la Comisión de Derechos Humanos y otros entes de similar importancia creados precisamente para proteger y enaltecer a la mujer, han dicho muy poco respecto a esta alarmante degeneración, a sabiendas que el Congreso Nacional, Corte Suprema de Justicia, FFAA, Policía Nacional, ligas campesinas, sindicatos, organizaciones profesionales como el Inprema, Copem y los colegios de abogados, médicos, ingenieros, economistas, etc., están llenos de mujeres, que constituyen un baluarte inextinguible de fuerza mayoritaria, tienen también la obligación de alzar su voz enérgica denunciando por todos los puntos cardinales del planeta esta lamentable situación, que ha venido a agravar la crisis pandémica, huracanada y otros factores que nos tienen manos arriba y de hinojos, implorando al Creador, misericordia, piedad y compasión por Honduras, hoy por hoy, pasando por los peores momentos de su historia en todos los órdenes de la vida.

El año pasado perdimos de manera natural preciosas vidas de importantes mujeres, que mucho realce le dieron a la patria con sus actuaciones, a lo largo de su existencia, verbigracia Sor María Rosa, Isabel Salgado del Castillo, Sonia Vindel de Cálix Suazo, Virginia Figueroa de Espinoza Murra, Alicia Matamoros de Ramos, Alba Alonso de Quesada y muchas más que sería prolijo señalar en este espacio. Otra gran cantidad han caído, también, como producto de los fenómenos arriba señalados y de otras enfermedades crueles como el cáncer, diabetes, dengue y muchas patologías más, que de igual forma contribuyen a la extinción de valiosas vidas humanas.

Nosotros no acostumbramos abordar temas de semejante naturaleza, pero, honradamente, ante esta violenta vorágine que nos llama poderosamente la atención a todos los hondureños, creemos como una obligación elevar nuestra voz de protesta, también ante el avance tormentoso del femicidio en Honduras, al que debe ponerle ojo, pero, mucho ojo el Congreso Nacional que es el encargado de emitir leyes y en atención a que en el mismo laboran algunos togados, o sea las personas encargadas de emitir las leyes de la jurisprudencia, actúen de inmediato emitiendo uno, dos, tres, cuatro o cinco decretos que puedan frenar esta tempestad de asesinatos tan crueles y despiadados como los registrados en los últimos días, sobre todo el más abominable que ocurrió en la próspera y tranquila comunidad de La Esperanza, Intibucá, que por sus características ha estremecido a la nación entera y exigido a los encargados de impartir justicia que diluciden en el menor tiempo posible este bochornoso suceso en el que una bella joven, fiel representante de quienes están al frente de la pandemia haya sido la víctima, precisamente de los encargados de vigilar, servir y proteger las vidas y propiedades de los hondureños, los llamados policías preventivos, a cuya autoría, supuestamente, se debe este flagrante delito.

Entonces, elevemos un himno a la madre y entonemos la bella canción que interpreta el famoso canta autor mexicano Vicente Fernández “Mujeres divinas” y pidamos a la Madre de Dios sus bendiciones para estas tierras de pan llevar, para que cesen de una vez por todas los crímenes contra nuestras mujeres, máxime los perpetrados por los llamados guardianes de la seguridad pública.

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