Las redes de la corrupción en la política

MA
/ 16 de febrero de 2021
/ 01:26 am
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Las redes de la corrupción en la política

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Rafael Delgado Elvir

El país presencia desde hace ya varios años una serie de confirmaciones de lo que ya hace tiempo circula en la boca de la ciudadanía. Ya que nunca los fiscales ni los tribunales hondureños pudieron hacer algo, hemos tenido que esperar las noticias desde los tribunales de Nueva York, donde se va desenredando la madeja que involucra a altos políticos, policías y militares hondureños. Una amplia red va emergiendo finalmente, dibujando un panorama fatal, donde los que debieron legislar, gobernar y cuidar de la ciudadanía, son ahora los que por muchos años actuaron para convertir al país en un narcoestado, en un reino de la corrupción. Ante esto, las lecciones debieron aprenderse y las consecuencias debieron sentirse en todo el país, en especial dentro de los partidos políticos.

Pero no ha sido así. Pese a la confirmación con nombre y apellido de los involucrados en sendos actos de corrupción y narcotráfico, en algunas poderosas estructuras dentro de los partidos políticos, los espacios siguen abiertos para aceptar a los que fallaron desde sus posiciones por voluntad propia. Ascendieron en ocasiones con fraude y recursos ilegales. En otros casos también fue el electorado quien libremente les dio su voto de confianza creyendo completamente en ellos. Fue así que muchos de los que ya conforman la galería del desprestigio para Honduras, tuvieron cargos de diputados, ministros, presidentes de sus partidos y de la República. Pero se rieron a carcajadas de sus ciudadanos cada vez que desde sus posiciones de poder asaltaron el presupuesto del Estado, lavaron dinero, traficaron con drogas, despilfarraron el dinero público.

Para el caso, en el partido de la estrella solitaria se lanzan dos corrientes ambas surgidas de la oficialidad. Sus dirigentes, Nasry Asfura y Mauricio Oliva avanzaron hacia arriba en los períodos presidenciales de “Pepe” Lobo y JOH, gobiernos que a su vez surgieron de la misma cúpula de poder y que por sus hechos comprobados quedarán entre los más nefastos en cuanto a narcotráfico y corrupción. Entre ellos no hay divisiones más que las rencillas personales surgidas de las ambiciones de poder y de impunidad. Las dos callan ante tantas cosas que deben cambiar, pero tampoco pueden hacerlo por su propia naturaleza ligada al pasado y presente nefasto. Mientras tanto, la oposición dentro de ese partido es realmente insignificante, sin capacidad para articularse en un movimiento que adecente a su partido y lo más importante con miedo ante las represalias del poder hegemónico dentro de su partido.

En el Partido Liberal la candidatura de Yani Rosenthal encaja en esta situación. Es imposible calificar su candidatura sin hacer alusión al consenso ciudadano que el país debe recuperarse de males tales como el narcotráfico, el lavado de activos, de la violencia y la destrucción de las instituciones que esto ha generado. Pero una vez más prevaleció el cálculo político de algunas estructuras de poder ante una persona con un expediente imposible de conciliar con el perfil requerido y lo peor con un potencial de seguir agravando la crisis política. Algunos líderes liberales confundieron ciertamente las relaciones de amistad con la obligación ciudadana de escoger a los mejores y a los que más convienen para el país. Otros con un oportunismo sin límites, buscaron sencillamente un espacio donde inscribir sus candidaturas, sin importarles el daño que con ello le infringen al país ante una candidatura inviable.

Por ello es necesario que el ciudadano acuda a la próxima cita electoral del 14 de marzo para apoyar las candidaturas desligadas de lo que precisamente queremos combatir. Nuevamente nos encontramos ante situaciones de suma trascendencia para el país donde se definirá si tenemos capacidad de vencer el pasado para enrumbar el país por una trayectoria más promisoria o seguir hundidos en una crisis que nunca termina y que cada vez más daño hace a los hondureños.

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