Con todo respeto…

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/ 18 de febrero de 2021
/ 12:30 am
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Con todo respeto…
Carolina Alduvín

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Por: Carolina Alduvín

Cuando escuche esta frase, prepárese, viene una sugerencia no solicitada –en el mejor de los casos– una crítica, un buen regaño, o una ristra de insultos; es el equivalente verbal a aquellas escenas en un programa cómico mexicano, donde un personaje sacaba un peine, acomodaba con esmero y hasta con cariño el pelo de su interlocutor y, acto seguido, dejaba ir una sonora cachetada, o puñetazo, y terminaba expresando que lo dicho no había sido muy brillante. Una especie de lubricante para dejar ir majaderías, o pedir permiso para precisamente lo contrario: faltar al respeto.

Pasan ya casi dos semanas de la muerte –por asfixia mecánica, de acuerdo a los forenses– de una ciudadana, detenida por no acatar el inútil y contraproducente toque de queda. Dictamen que contradice abiertamente lo expresado en el punto 2 del Comunicado de la Secretaría de Seguridad a través de la Policía Nacional, fechado el recién pasado 7 de febrero y sin firma, que reza: “La ciudadana fue detenida…, … los agentes la descubrieron intentando quitarse la vida mediante asfixia por suspensión, por lo que de inmediato fue trasladada al Hospital Enrique Aguilar Cerrato, donde falleció”. Aspecto que también fue desmentido por el reporte de ingreso al hospital, que afirma, llegó sin vida.

Y, en manos de esos irresponsables, mentirosos y hasta donde hay indicios –falta que dejen de taparse y los jueces den su veredicto– asesinos, está el servicio y la protección a la población, según el lema al calce de sus comunicados. Cierto, no todos están podridos, hay muchos buenos y serviciales elementos, hacen lo que pueden con los recursos que se les asignan, o es lo que pregonan, publican una que otra captura, uno que otro decomiso, estadísticas en las que contabilizan actuaciones policíacas, detenciones por faltas y delitos, órdenes de captura cumplidas, comisos de drogas, comisos de armas y vehículos recuperados. Se mantienen ocupados, pero no basta, las pandillas no dejan crecer, de sembrar terror, de apoderarse ilegalmente de inmuebles, delinquir impunemente, traficar drogas y un largo etc.

Se sabe que los delincuentes, especialmente los narcotraficantes están mucho mejor equipados que ellos y que no se atreven a entrar a los vecindarios donde las pandillas han sentado sus reales, pero que no nos mientan en forma tan descarada, no están en control de nada y en vez de proteger, hay detenidos que mueren en sus instalaciones, no dan explicaciones y cuando lo hacen, insultan la inteligencia hasta del más ingenuo. No han podido detener la ola de asesinatos de todo tipo, son desleales entre ellos, cuando se trata de auxiliar a los lesionados, cuando la multitud, justamente indignada rompe el orden, pero se hacen un nudo como cómplices cuando de ser requeridos se trata. Se pide se les investigue, y nadie sabe, nadie supo.

Con sus disposiciones absurdas, como el toque de queda –como que el virus lo va respetar– la crisis sanitaria se va a controlar, cuando por lo visto, termina siendo una excusa más para abusar de su autoridad. En países civilizados, a quienes circulan en estado inconveniente, más bien se les escolta hasta sus domicilios, me encantaría saber cuántos contagios de CoViD19 se evitaron encarcelando y asfixiando a una estudiante. Las cuentas en sus cerebritos, seguramente les indican que muchos más de los que han propiciado durante las aglomeraciones a raíz de las protestas y plantones organizados y nutridos por la ciudadanía indignada que exige justicia.

Justicia que pasa por no pretender vernos la cara, por no intimidar a los reporteros que cubren la fuente, por tener la hidalguía de no taparse unos a otros, por no recurrir a un simple traslado o rotación para que siga habiendo impunidad, por permitir a fiscales y otros operadores del sistema hagan su trabajo sin ser o sentirse amenazados, por dar un paso al frente y reconocer su responsabilidad, por no valerse de superioridades jerárquicas para torcer a la dama de ojos vendados y balanza en mano, inculpando a los que reciben órdenes.

Dicen que haber cambiado las viejas usanzas, que ahora respetan los llevados y traídos derechos humanos, cabe preguntar entonces: ¿los de quién?, ¿de los delincuentes?, ¿de las víctimas indefensas?, ¿de los familiares?, ¿de la sociedad a la que dicen proteger y servir? Con las honrosas excepciones que confirman la regla, dirigentes de la Policía, no merecen respeto.

carolinalduvin46@gmail.com

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