El discurso de Gettysburg

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/ 19 de febrero de 2021
/ 12:01 am
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El discurso de Gettysburg

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Por: José María Díaz Castellanos
Edición: propiedad intelectual

El breve pronunciamiento del presidente Abraham Lincoln en el campo de batalla de Gettysburg, Pensilvania, constituye uno de los discursos políticos más elocuente de la historia de los Estados Unidos. Se pronunció en el Cementerio Nacional del Soldado el 19 de noviembre de 1863.

El presidente homenajeó en pocas palabras a los soldados de la Unión que habían perdido sus vidas en la batalla de Gettysburg, y expresó que, a su juicio, el sacrificio de esas vidas se debía a una de las causas más elevada que la salvaguardia del país. Se trataba de una lucha por la defensa de la democracia, la abolición de la esclavitud y la expansión de la libertad individual.

Recordemos que la esclavitud en Estados Unidos, dos años después, se eliminó con la 13 enmienda a la Constitución de los Estados Unidos aprobada en 1965 por Abraham Lincoln.

Este discurso fue escrito a mano por el presidente Lincoln. En 1864 escribió una copia para la antología “Hojas Auto biografiadas de Escritores de Nuestro País”, compilada para reunir fondos para la causa de la Unión. Recordemos que había una guerra civil (1861-1865), contra los confederados y que hoy se han recordado con su bandera en la toma del Capitolio.

Un dato interesante es que el primer país en abolir la esclavitud en el mundo fue Haití en 1803.

Esta batalla tuvo lugar en la zona rural de Pensilvania, durante los primeros tres días de julio de 1963. El texto es breve, solo tres párrafos que suman menos de trescientas (300) palabras. Lincoln solo tardó unos minutos en leerlo, pero sus palabras se estudian hasta la fecha.

El orador principal de la ceremonia iba a ser Edward Everett, un distinguido de nueva Inglaterra que había sido senador, secretario de Estado y presidente de la Universidad de Harvard. Era famoso por sus discursos. David Willis, un abogado local que estaba organizando el evento, escribió:

“Es el deseo que, después de la oración, usted, como jefe ejecutivo de la nación, separe formalmente estos motivos para su sagrado uso, mediante unas pocas observaciones apropiadas. Será una fuente de gratificación para las muchas viudas y huérfanos que han quedado casi sin amigos por la gran batalla aquí, tenerte aquí personalmente; y volverá a encenderse en los pechos de los camaradas de estos valientes muertos, que ahora están en el campo de las tiendas de campaña o se encuentran noblemente con el enemigo en el frente, la confianza de los que duermen muertos en el campo de batalla no son olvidados por los más altos en autoridad; y sentirán que, si su destino es el mismo, sus restos no serán abandonados”. (Google).

Abraham Lincoln, vestía un traje negro nuevo, guantes blancos y sombrero de copa, montó a caballo en la procesión hasta el sitio del nuevo cementerio. Durante la ceremonia Edward Everett habló durante dos horas. La brevedad del discurso del presidente sorprendió.

Dice así: “Hace ochenta y siete años nuestros padres crearon en este continente una nueva nación, concebida bajo el signo de la libertad y consagrada a la premisa de que todos los hombres nacen iguales.

Hoy nos hayamos embarcados en una vasta guerra civil que pone a prueba la capacidad de esta nación de cualquier otra así concebida y dedicada, para subsistir por largo tiempo. Nos hemos reunido en el escenario donde se libró una de las grandes batallas de esta guerra. Vinimos a consagrar parte de este campo de batalla al reposo final de quienes han entregado su vida por la nación. Es plenamente adecuado y justo que así lo hagamos.

Sin embargo, en un sentido más amplio, no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos glorificar este suelo. Los valientes hombres que aquí combatieron, vivos y muertos, lo han consagrado muy por encima de nuestro escaso poder de sumar o restar méritos. El mundo apenas advertirá, y no recordará por mucho tiempo lo que aquí se diga, más no olvidará jamás lo que ellos han hecho. Nos corresponde a los que estamos vivos, en cambio, completar la obra inconclusa que tan noblemente han adelantado aquellos que aquí combatieron. Nos corresponde ocuparnos de la gran tarea que nos aguarda: Inspirarnos en que estos venerados muertos para aumentar nuestra devoción por la causa a la cual ellos ofrendaron todo su fervor, declarar solemnemente que quienes han perecido no lo han hecho en vano; que esta nación, bajo la guía de Dios, vea renacer la libertad, y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la faz de la tierra”. Abraham Lincoln. 19 de noviembre de 1863.

Cuando Lincoln, el presidente, comienza con la expresión “hace ochenta y siete años”, se refiere a la Declaración de Independencia de 1776. Recordemos que estamos en 1863.

El Diccionario Político dice que democracia: es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

josemdiazcastellano@yahoo.com

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