¿Han errado la vía las iglesias cristianas?

ZV
/ 19 de febrero de 2021
/ 12:05 am
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¿Han errado la vía las iglesias cristianas?
¿Vuelven los oscuros malandrines del 80?

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Por: Óscar Armando Valladares

Movido por la violencia y la descomposición que erosiona al mundo -con su profunda incidencia en Honduras-, el espíritu crítico osa preguntar: ¿ha venido en retroceso el estamento religioso en su carácter de edificador moral y contrapeso de la injusticia y el descarrío? Si esto es así, ¿a qué obedece? ¿A la doctrina? ¿A los doctrinarios? ¿A los dos elementos frente a un devoto cada vez menos sensible y esparcido cada vez más en grandes congregaciones y sectas de maletín, igual que en el ruedo político?

No es infrecuente escuchar a pastores y prelados: “Hay que volver a Dios”, sobre todo cuando se encrespan las olas del crimen y la corrupción impune sombrea el rostro del delincuente. Al punto, la honda dispara otra interrogante: Entonces, ¿de qué han servido tantas casas de oración, tantos predicadores, tantos medios destinados a llevar la “Palabra” sin horas vacacionales y tantas “bendiciones” que en radio y televisión envían dudosos presentadores?

En medio de esa inmensa campaña propagandística -cuyo sustento económico no se explica-, la crisis de orden social y la indiferencia religiosa activa de la juventud en abandono, resalta como factor incidente el comportamiento inapropiado de ciertos “hombres y mujeres de fe” proclives al dinero ajeno, adictos al César de turno u obsesos por la ambición de medrar en política, pero dados a inducir con sus prédicas capciosas al inmóvil conformismo, a la inocua mansedumbre, mientras llega la hora -acentúan compungidos- del encuentro prodigioso con el Santo de Israel, ser supremo que ellos y ellas han venido difuminando en la conciencia de los creyentes. Acerca de esta conducta dual, son valederas algunas observaciones del señor Mario Fumero, por lo cual más de un encopetado líder evangélico le ha enrostrado tontamente su insular cubanía.

Por otro lado, mueve también inquirir ante los móviles y maneras de creer de gente adulta y provecta: ¿Qué o quién es Jehová? ¿Y Jesús? ¿Y la Inmaculada Concepción de María? ¿Una fuerza, una deidad personal, alguien en quién aferrarse con temor, con desesperanza, con variopintos petitorios?, puesto que cuando sobreviene una desgracia, singular o colectiva, lo común es que al pronto clamen: “así lo quizo el Señor”, “a él lo dejamos todo”, “la Virgencita nos cubra con su manto”; o como acontece en la disputa de un juego, un sorteo, una elección, una guerra, cualquier cosa de por medio, en que viene el caso proferir: “Primero Dios, ganaré”, “Jesús está con nosotros”, “el cielo proveerá, “por un milagro estamos vivos”, “ Dios ampara a Papi a la orden”.

Alrededor de estos modos de pensar, de actuar, de tener fe, ha habido encontradas reflexiones como las siguientes: “El Dios de los caníbales, será un caníbal; el de los cruzados, un cruzado; y el de los mercaderes, un mercader” (Emerson). “A Dios rogando y con el mazo dando” (refrán popular). “El hombre religioso solo piensa en sí mismo (Nietzsche). “Un hombre sin religión es como un caballo sin freno” (proverbio latino). “Dios me perdonará: es su oficio” (Heine). “Cree que lo tienes y lo tendrás”. (Erasmo). “Todo el mundo cree con facilidad aquello que teme o que desea”. (La Fontaine). “Creo en un Dios, y nada más, y espero la felicidad más allá de esta vida”. (Paine).

Aunque con lo que concluimos sea nadar en el desierto, digámoslo una vez más: si las iglesias y los pastores siguen propagando únicamente servir, adorar, obedecer, temer, adjudicarlo todo a Jehová y demás divinidades -con sorda indiferencia y desdén de las necesidades existenciales del ser humano-, no calarán sus mensajes de manera edificante, por más que estos sean insistentes como lluvia en borrasca y reiterativos como el oleaje salobre, peormente si la suntuosidad y las comodidades reinan en sus derredores o la conducta de determinados ministros de Dios abonan a la corrupción que nos tiene pisando ya los bordes del precipicio.

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