A propósito de los 130 años

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/ 24 de febrero de 2021
/ 12:55 am
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A propósito de los 130 años
Independencia y recuperación patria

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Abog. Octavio Pineda Espinoza (*)

El 5 de febrero cumplió 130 años de fundación el Partido Liberal de Honduras, el partido decano de todos los partidos en el país, del cual han surgido la mayoría de los partidos existentes hasta ahora; y cumple este aniversario especial justo cuando la nación se acerca a sus 200 años de vida republicana, en la encrucijada histórica más importante de todos los tiempos, justo cuando las fuerzas oscuras de la corrupción, el narcotráfico, el lavado de activos, la destrucción del Estado de derecho y la institucionalidad nacional, han permeado los 3 poderes del Estado de derecho, para convertirlos en comparsa de un jefe de gobierno indigno del cargo que ostenta, ilegal e inconstitucionalmente, alguien sin valor personal, cobijado bajo el manto de su deleznable actuar.

Pero no hablemos de lo que todos sabemos y que, muchos, cobardemente callan; hablemos de la responsabilidad depositada sobre nuestros hombros, la que nos entregaron nuestros ascendientes y que nos susurran desde la eternidad: “Dale a tus hijos, un mejor país del que te heredé”, de 130 años de historia al arribar este terruño sagrado a sus 200 años de vicisitudes, sabiendo que es cierto que la historia de Honduras, “se podría escribir en una lágrima”, porque la mayoría de aquellos que ostentaron y ostentan del poder real en Honduras, no son más que traficantes de privilegios y constructores de fortunas asquientas para los conciudadanos, individuos, pseudo personajes que no entienden, que hay una gran deuda social que debemos pagar todos los políticos, los de ayer, los de hoy, los de mañana.

Es mi ferviente anhelo, que, el Partido Liberal se vuelva a unificar porque representa, en realidad, la única salvación real para que este pueblo abandonado vuelva a tener, algo parecido a una vida digna, por lo tanto quienes se quieran equivocar, por conveniencia, porque les va muy bien en sus ONG, en sus consultorías, que les vaya bien, muchas veces, con las mismas personas que dicen atacar acuerdan, por el tilín, tilín del que hablaba mi padre, Rafael Pineda Ponce, el destino funesto de 9 millones de personas sin considerarlos, aquellos quienes enfrente de las cámaras, de los medios, de las redes sociales, dicen una cosa, pero, una vez convocados por Hernández o sus secuaces, dicen, actúan y se comportan de otra. Contra ese tipo de falacia quiero dirigir hoy mi argumento principal.

Se acabó el tiempo señores y señoras; se acabó el tiempo de seguir dejando a corruptos, tiranos, villanos y farsantes saquear a este país; lo que sigue?, si el hondureño es inteligente, articulado, respetuoso, estudioso de la historia, consciente, fiel a la palabra del mismo Dios como sé que somos, es tomar la antorcha y pronunciar el verbo, es levantarnos sobre nuestras miserias propias para alimentar y finalmente alcanzar un ideal mayoritario a nuestras ambiciones, es convertirnos en constructores de nuestro propio destino.
Lo más importante, es que olvidemos partidos, olvidemos ideologías falsas de izquierda o de derecha, todos toman café “a la misma hora, y en el mismo lugar” como dice la canción de Arjona, unos se visten de mártires y otros se visten o se desvisten con tal tengan una ganancia. Aquí hay revolucionarios de cafetín y derechistas de sticker, retomemos de nuevo nuestro país, evitemos que esos malos hondureños sigan invadiendo nuestras mentes, nuestros pensamientos, nuestras actitudes, nuestra alma, nuestra conciencia, nuestras decisiones, nuestro actuar civil.
No permitamos que nos inunden con falsas realidades nuestras aulas, nuestros hogares, nuestras tertulias ciudadanas, que envenenen con propaganda oficial, el pensamiento de nuestros seres queridos, no dejemos que el marketing domine nuestras vidas, que lo hagan de nuevo, que nos engañen con las viejas y derruidas falacias, aquellas que nos alejan de la razón y del entendimiento, que destruyan nuestra patria, nuestros sueños y nuestros anhelos, las ilusiones de nuestros hijos.
No olvidemos, amigos y hermanos liberales, que en 130 años gloriosos, con virtudes y defectos normales, nunca se nos olvidó nuestra consideración por el vecino, nuestro apego al ser Supremo, a la ley, a nuestros principios, a la libertad en todas sus formas, al orden, a la solidaridad y a la misericordia real, aquella que no se dice ni se enseña, al amor a Dios y al prójimo.

Hay en mis palabras, en mis letras y escritos, la misma emoción que mi padre me enseñó a tener por este país, por la nación a la que pertenecemos y al pueblo de dónde venimos y de dónde, inequívocamente somos desde tiempos inmemoriales hasta la eternidad, miembros, y agrego que con orgullo ciudadano, sigo perteneciendo a ese vibrante, vigoroso, rejuvenecido y ahora fortalecido Partido Liberal de Honduras, al que algunos querían matar.

Finalizo con este mensaje amigos liberales, no olvidemos que tenemos más cosas que nos unen que aquellas que nos dividen y que, como decía John F. Kennedy, debemos preguntarnos siempre; “No lo que tu país puede hacer por ti; sino, lo que tú puedes hacer por tu país”.

(*) Catedrático universitario. Secretario General del Partido Liberal de Honduras.

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