Continúa el misterio de un aeropirata hondureño, 45 años después

ZV
/ 27 de febrero de 2021
/ 12:34 am
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Continúa el misterio de un aeropirata hondureño, 45 años después

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Miami. Aunque han pasado ya 45 años, continúa el misterio sobre las razones que llevaron al hondureño Frederick William Hahneman a secuestrar un avión de Eastern Airlines y lanzarse en paracaídas sobre la costa norte de su país con un botín de 303,000 dólares.

Hahneman, quien tenía también la nacionalidad norteamericana, secuestró un Boeing 727 de Eastern que volaba desde Allentown (Pennsylvania) a Miami el 5 de mayo de 1972.

Las especulaciones rodean este misterioso episodio de la aeropiratería hasta el punto de circular la versión que el dinero del botín serviría para financiar una supuesta rebelión en su país de origen.

Hahneman estuvo escondido en Honduras casi 28 días y se entregó voluntariamente a la embajada americana en Tegucigalpa.

En ese año, yo era un corresponsal de la agencia española de noticias EFE en Washington y estuve allí cuando la Agencia Federal de Investigación (FBI) lo presentó ante un juez en un tribunal de Alexandria, Estado de Virginia.

Entonces, Hahneman, con sus gafas y sus 50 años a cuestas, no me pareció el hombre capaz de un secuestro aéreo, de lanzarse en paracaídas y de tener en jaque al FBI por casi 28 días en la selva hondureña.

Fue sentenciado a cadena perpetua y por extrañas circunstancias que no se han podido explicar, le concedieron la libertad en 1984, tras solo 12 años en una prisión en Atlanta.

Murió el 17 de diciembre de 1991, a la edad de 69 años, en Costa Mesa, California, llevándose a la tumba muchos de los misterios de su acto de piratería aérea.

En Easton (Pennsylvania) donde trabajaba como ingeniero y vivía con su esposa, Mary Jane Hahneman, esta todavía se pregunta las razones que llevaron a su esposo a cometer ese acto de piratería.

El Boeing 727, como el secuestrado por Hahneman, era el favorito de los que luego se lanzaban en paracaídas en esos años, ya que tienen, en la parte trasera una puerta con escalerillas par saltar.

Al poco de despegar el vuelo 175 de Eastern, Hahneman sacó un arma y amenazó a la tripulación. Al capitán, W. L. Hendershot, le dijo que le informara a la compañía aérea que reclamaba 303,000 dólares en billetes, seis paracaídas, comida y dos cartones de cigarrillos Benson and Hedges.

El avión aterrizó primero en el aeropuerto de Dulles en Washington para darle tiempo a la compañía aérea a buscar el dinero y luego, por un problema técnico, en Nueva Orleans.

Una vez satisfecho de sus demandas y haber liberado a los 48 pasajeros, Hahneman ordenó al piloto a volar hacia la costa norte de Honduras, donde se lanzó en paracaídas con el botín.

Se estima que el aeropirata, con una mochila donde llevaba el dinero, cayó sobre una tomatera en la población de Siempreviva, en el departamento de Atlántida, entre Tela y La Ceiba.

Según el diario “La Prensa”, de San Pedro Sula, caminó unos diez kilómetros en busca de la carretera hacia Tela y paró primero en la pulpería de Doña Victoria, donde le compró un refresco.

Luego tomó un bus hacia Tela, donde se cortó el pelo, antes de seguir hacia San Pedo Sula, en busca de su madre, la hondureña Delia Pastor Ordóñez, en cuya casa del barrio Paz Barahona, permaneció varios días. Su padre fue el norteamericano William Frederick Hahneman.

Según ese diario, permaneció escondido más de 20 días en las cuevas de Taulabé, departamento de Comayagua, hasta que un primo suyo, Roberto Martínez Ordóñez, le convenció para que se entregara a las autoridades norteamericanas.

El gobierno norteamericano informó poco después que había recuperado el dinero del botín, pero sin precisar más detalles.

(Fuente Proceso Digital)

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