Lecciones sobre el liberalismo

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/ 16 de abril de 2021
/ 12:03 am
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Lecciones sobre el liberalismo

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Por: Juan Ramón Martínez

Los liberales hondureños, conocen muy poco de la historia e ideología del liberalismo. Cuando Luis Zelaya dice que seguirá siendo liberal, afirma una expresión vacía. Especialmente porque ignora los orígenes del liberalismo, su evolución y las formas que expresa en los tiempos actuales. Y porque su conducta, tiene muy poco que ver con los orígenes de esta palabra que, durante el Imperio Romano tenía una alta valoración. Por ejemplo, Cicerón, “observo en “Sobre los deberes” que las liberalitas representaban el vínculo de la sociedad humana, el fundamento de la amistad, que conlleva ayuda mutua y la generosidad”.

Es decir que, igual que ahora, el pensamiento liberal es abierto, tolerante y dispuesto a la convivencia con el resto de los miembros de la colectividad. Durante la época medieval, “San Ambrosio, obispo de Milán y uno de los padres de la iglesia, observó que la justicia y la buena voluntad, “forjan los cimientos de cualquier comunidad saludable. La preocupación por los métodos educativos, fue en aumento y en el Renacimiento abundaron los tratados sobre la instrucción de los niños. De Erasmo de Róterdam a Juan Luis Vives, la clave era enlazar el poder con la verdad y la libertad con el bien. Las artes liberales reflejaban los principios de una educación aristocrática, basada en la lectura de los clásicos, la generosidad, la prudencia y la moderación”. El reiterado aspirante liberal, respaldado por Nasralla, no tiene en su comportamiento, ninguna cercanía con estos conceptos. Más que generoso luce mezquino. Y en vez de prudente y moderado, más bien parece un hombre sin fronteras morales, un ciudadano imprudente verbalmente, que le preocupa, muy poco el tema de la libertad. Más bien parece un político reflejo, en el que sus posturas solo son válidas en la medida en que se oponen críticamente al pensamiento y comportamiento de quienes considera sus adversarios. Es decir que su identidad liberal, como la mayoría de sus correligionarios, solo se basa en la negación de las posturas conservadoras que, levemente representan los miembros del Partido Nacional, que por momentos parece más liberal que los miembros del Partido Liberal. Como es el caso de Luis Zelaya que Óscar Flores habría llamado cachureco con corbata roja.

En el ánimo de colaborar con la educación de los políticos, a fin de fortalecer sus lecturas y reflexiones, nos permitimos comentar “La historia olvidada del liberalismo” obra de la pensadora estadounidense Helena Rosenblat, siguiendo las notas que al respecto escribiera Daniel Capó en Nueva Revista, de Madrid España. La autora citada, afirma que el liberalismo moderno, como lo conocemos ahora, nació vinculado con el individualismo, y fue estimulado por el aparecimiento de la Reforma Protestante, en la medida en que determinara que la salvación del hombre, es fruto de una relación individual y particular entre el hombre y Dios, sin intermediación de la Iglesia Católica, severamente cuestionada por Lutero. De forma que “todo cristiano, todo hombre, debía poner el bien común por encima de cualquiera otra consideración”, establecieron.

Pero el liberalismo que nos llegó a América, fue heredero de la Ilustración. Y ya, en el siglo XVII, “dos autores británicos Thomas Hobbes y John Locke, serían los padres fundadores del liberalismo, a pesar de sus marcadas diferencias”. En efecto, la visión de la humanidad y la conducta del hombre es en Hobbes, marcadamente negativa, puesto que sostenía que los hombres eran incapaces de gobernarse a sí mismos y convivir pacíficamente, por lo que, en consecuencia, necesitaba, un líder poderoso “que los mantenga en el temor y dirija sus acciones hacia el bien común”. Locke, mientras tanto, vio en el liberalismo una conducta optimista del género humano. Para él, “la sociedad -dice Rosenblath- dependía del intercambio de bondad. Sin ella, la sociedad apenas podía mantenerse unida”. Y sin la unidad, la existencia y progreso de la misma se vería severamente comprometida. José Martí, en su expresión “republica del amor”, rinde homenaje al optimismo generoso de John Locke.

Los liberales, especialmente los seguidores de Luis Zelaya, parecen, alejados de las tesis del liberalismo. Más bien, lucen muy cercanos a las posturas del anarquismo, especialmente en el rechazo de la autoridad, el menosprecio a la convivencia y la resistencia al acuerdo, para hacer posible el bien común. Luis Zelaya por lo menos, parece un paradigma del antiliberalismo nacional.

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