El príncipe de la poesía hondureña

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/ 18 de abril de 2021
/ 12:11 am
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El príncipe de la poesía hondureña
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Por: Mario Hernán Ramírez
Presidente vitalicio Consejo Hondureño de la Cultura “Juan Ramón Molina”.

Para hablar de este personaje excelso habrá que remontarse al 17 de abril de 1875 fecha de su nacimiento en la noble, augusta y señorial Comayagüela cuna por naturaleza de otros eximios hondureños que con la antorcha de su inteligencia han iluminado el parnaso continental como decir Luis Andrés Zúñiga, Rómulo Ernesto Durón, Salvador Turcios Ramírez, Miguel e Inés Navarro, Rafael Heliodoro Valle, Guillermo Bustillo Reina, Alonso Brito, Jorge Fidel Durón, Luis Amílcar Raudales, Santos Juárez Fiallos, Armando Cerrato Valenzuela, Vicente Machado Valle P., y mujeres como Adriana Hernández de Valerio, Corina Fálope, Ángela Valle, Martha Raudales de Midence, Alba Alonso de Quesada, Rina Turcios de Oquelí y muchos personajes más del portal intelectual de los siglos XIX y XX.

Nos referimos al ínclito portalira, sumo porta estandarte de la literatura hondureña Juan Ramón Molina, quien aparece a la luz del día en la fecha arriba señalada.

De 1875, pasamos a 1908 fecha de su triste fallecimiento, en la ciudad de San Salvador, El Salvador y de ahí para acá en 1911 su fraterno y entrañable amigo el no menos intelectual Froylán Turcios, después de exhaustivas investigaciones logra rescatar por lo menos el 90% de la producción intelectual de Molina y, en 1918 los restos del genial panida son traídos de San Salvador hasta Tegucigalpa para ser sepultados en el Cementerio General de esta ciudad, no sin antes permanecer durante tres días y tres noches en capilla ardiente en el escenario del Teatro Nacional Manuel Bonilla, hoy Casa de la Cultura.

En 1958 conmemorando la mitad del siglo de su desaparición física, los amigos del poeta con la cooperación de la Escuela Nacional de Bellas Artes, colocan el primer busto en su honor en el Cementerio General. En 1965 el genio literario de otro gran centroamericano, Miguel Ángel Asturias penetra a las letras continentales con ribetes de oro al publicar su portentosa obra “Páginas escogidas” con un prólogo de cuarenta cuartillas, en la que destaca la recia personalidad del aeda hondureño y lo asimila con el otro gigante de la región, el nicaragüense Rubén Darío, considerándolos como -almas gemelas-; esa obra de Asturias le merece el Premio Nobel de Literatura, que la academia sueca otorga anualmente al que a juicio de un selecto jurado calificador es escogido como el mejor literato del año a nivel mundial.

La gloria de Juan Ramón Molina continúa creciendo y es a mediados de la década de 1980, cuando por fin se logra consolidar a un grupo de hondureños ilustres compenetrados en la obligación de mantener enhiestos los legítimos valores de la hondureñidad, cuando encabezados por el insigne abogado, escritor, diplomático y ferviente admirador de la obra molineana, don Eliseo Pérez Cadalso, acompañado de personajes como Agustín Córdoba Rodríguez, Héctor Elvir Fortín, Raúl Lanza Valeriano, Dionisio Ramos Bejarano, Antonio Osorio Orellana, Marcial Cerrato Sandoval, Marco Rolando San Martín Carías, Elpidio Acosta Navarro, Juan Domingo Torres Barnica, Daniel Vásquez, Mario Hernán Ramírez y la bella y extraordinaria periodista y abogada Magda Argentina Erazo, engalanando con su presencia este grupo de quijotes que desde ese mismo año comienzan a reunirse semanalmente en la sede de la histórica Casa del Periodista del barrio El Guanacaste, para sesionar puntualmente todos los sábados durante seis y hasta ocho horas inintrrumpidas, lanzando copiosas lluvias de ideas, las que al final culminaron con el mejor de los éxitos, ya que en primera instancia se logró la impresión de una monumental enciclopedia con el sonoro nombre de Obra y vida de Juan Ramón Molina, contentiva de tres extraordinarios trabajos conocidos como Tierras, mares y cielos del propio Froylán Turcios; lo que dijo don Fausto del escritor Arturo (Pituro) Oquelí, finalmente El habitante de la osa del gran Pérez Cadalso, en una edición que se encuentra casi agotada. La infatigable labor de estos intrépidos hondureños, acompañados de tan ilustre dama, continúa con la emisión de una serie de certificados, al portador, avalados por el Banco Central de Honduras, con cifras desde veinticinco hasta diez mil lempiras, mismos que fueron adquiridos por la mayor parte del pueblo hondureño en sus diferentes áreas; con ese dinero que llegó al millón de lempiras se contrató los servicios del genial escultor hondureño, residente en México Mario Zamora Alcántara, para esculpir en bronce el artístico monumento que hoy día se yergue airosamente en los alrededores del parque La Libertad de Comayagüela e inaugurado solemnemente en 1994.

La tarea continúa, siendo en 1998 cuando se inaugura en Quetzaltenango, Guatemala, otro monumento a Molina, para continuar en el 2007 en la presencia de otro artístico monumento en el gigantesco parque Cuscatlán de San Salvador, continuando en el 2020 con un nuevo homenaje al egregio hondureño, en mármol y bronce su figura inmortal, en la heroica ciudad de León, Nicaragua, cuna del gran Darío.

En esta jornada que podemos llamar patriótica, hoy día se encuentran inmersas instituciones como el Centro de Educación Básica Juan Ramón Molina, ubicado en la colonia San Miguel que preside la licenciada Reina Yaneth Galo, dicho sea de paso, presidenta del Consejo Hondureño de la Cultura JRM; Shadai School que cuenta dentro de su personal docente con la presencia de la ilustre licenciada Mirza Matute, que permanentemente transmite a sus alumnos el espíritu y la memoria de Juan Ramón Molina.

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