INSTRUCCIÓN DE JÓVENES

ZV
/ 18 de abril de 2021
/ 12:30 am
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INSTRUCCIÓN DE JÓVENES

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SIEMPRE se ha dicho que el futuro de una nación descansa en las nuevas generaciones. Pero pocas veces se expresa, con claridad, cuáles deberían ser los lineamientos para instruir a la juventud, ya sea en forma curricular o extracurricular. Por regla general se espera que los niños y los adolescentes asimilen, como por automatismo, los buenos valores de los adultos, tal como sucedía en las sociedades antiguas, en donde los consejos de ancianos se encargaban de trasmitir los conocimientos y traspasar la antorcha generacional.

En la tradición de los últimos hablantes lencas, por ejemplo, se nombraban a unas “personitas” que eran, según los investigadores lingüísticos, representantes individuales de los diversos conocimientos de cada comunidad, recibidos por sus antecesores. En las sociedades medievales y antiguas, derivadas de las culturas y civilizaciones mediterráneas, los hombres mayores, llamados “ancianos”, “patriarcas” o “decanos”, se encargaban de transmitir los valores más o menos sólidos a los dirigentes jóvenes que en un determinado plazo tomarían las riendas de sus propias comunidades.

Para los casos de Honduras y el resto de América Central, hoy la cosa se dibuja como un enorme signo de interrogación. No estamos nada claros respecto de qué contenidos espirituales o científicos se les están transmitiendo a las nuevas generaciones, con el fin ulterior de que “agarren” el timón de cada nave particular de la región, y se conviertan en buenos timoneles. Poseemos informaciones directas e indirectas que en varios cursos académicos se abandona el formalismo de la academia, y éstos se convierten en arengas políticas, en donde en vez de transmitir conocimientos se inyecta odio a la juventud. Con esas actitudes y enseñanzas percibimos de antemano que estamos muy lejos de la racionalidad básica que se espera para el futuro de nuestros países.

Dado lo anterior pensamos que la educación, que “es la primera necesidad de la República”, tal como lo expresaba uno de nuestros próceres más importantes, debiera concebirse como una totalidad formal e informal, dentro y fuera de las aulas. Si la enseñanza, académica o extracadémica se desarrolla en función de las necesidades básicas y del futuro de nuestra sociedad, entonces debemos pensar en la formación de los futuros líderes y dirigentes de cada país.

Ante todo se debe profundizar en los conocimientos de la “economía política”, con el fin de administrar racionalmente las finanzas del Estado, del gobierno y de los segmentos privados. Porque en ausencia de conocimientos económicos y políticos racionales, las riquezas públicas y privadas se anarquizarán y correrán hacia el desfiladero de la destrucción. La experiencia histórica ha enseñado, en múltiples eventualidades, que las ideologías extremas de cualquier signo, tienden a anarquizarse por un lado, o a esclerotizarse por otro lado, desvaneciendo los bienes de cualquier sociedad.

No hablamos simplemente de las carreras universitarias de economía, de contaduría y de finanzas, sino que todos los jóvenes deben poseer conocimientos básicos en materia económica, especialmente aquellos que exhiben aspiraciones políticas. No sólo de una corriente de pensamiento, sino de diversos signos y tendencias.

Pero, para no quedarse atrapados en los agujeros aldeanos de la provincia, a los jóvenes también se les debe enseñar, por encima de todas las disciplinas, los saberes que se relacionan íntimamente con la cultura universal. Es preciso que los jóvenes conozcan algo de filosofía clásica y de historia, mismas que no tengan nada que ver con las ideologías que se ponen de moda cada cierto tiempo más o menos cíclico. La filosofía es la disciplina universal que les inyecta humanismo a las demás ciencias. Inclusive a los conocimientos técnicos que se especializan en socar y aflojar tornillos; y en enredar y desenredar alambres electrónicos. Debemos, en consecuencia, meditar y planificar severamente la educación de las nuevas generaciones de hondureños y centroamericanos.

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