Vida Mejor

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/ 22 de abril de 2021
/ 12:05 am
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Carolina Alduvín

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Por: Carolina Alduvín

La publicidad oficial del gobierno es simplemente insufrible, la mayoría de la audiencia radial está convencida de que el Presidente miente respecto a los hechos pasados y presentes, por tanto, no creen en las promesas que aún sin afán proselitista sigue haciendo. Alguno de sus consejeros ha de haber sugerido que cambiara de estrategia y salió peor, los diálogos familiares donde la mujer defiende al gobierno y el hombre se queja de los políticos, tampoco refleja el sentir y pensar del pueblo como se pretende, son irrespetuosos y de pésimo gusto; las parejas tienen muchos desacuerdos, pero a la hora de culpar al gobierno por carencias materiales o falta de oportunidades, suelen borrar diferencias. Tal vez sean ciertas algunas de las ventajas que anuncian, lo que no se menciona es la lista de requisitos y limitaciones que conllevan las políticas de los programas asistencialistas.

En pleno año electoral la propaganda partidista ha mermado, la ciudad no luce tan contaminada visualmente como en otras ocasiones, pero a medida que se acerque noviembre, nos iremos saturando con las imágenes de los aspirantes a continuar como nuestros parásitos, o a ingresar al ruedo de los corruptos emisores de leyes y decretos fomentadores de toda falta de transparencia y de la más vergonzosa impunidad. Por supuesto, uno que otra llega con las mejores intenciones de hacer la diferencia y de servir, muy pocos son los que no se dejan contaminar durante las danzas de tintineo; para ellos, la aplanadora simplemente no les otorga la palabra o los deja solos con su pataleo.

Ahora que al fin el organismo designado ha dado a conocer de manera oficial, que en la contienda interna resultaron ganadores el expresidiario, la sumisa y el delfín; que los números indican que, si los dos primeros se suman, podrían ser mayoría, el tercero se sentará a contemplar divertido, cómo se ponen de acuerdo en todo, menos en la cabeza y se va cada uno por su lado; tampoco le quitará el sueño, el que las otras agrupaciones postulen aspirantes populares, honestos o defensores derrotados del interés ciudadano, Babel está de su lado, es su fortaleza y garantía de continuismo, independientemente del malestar, quejas y hasta el hartazgo del público.

Suponiendo que tuviéramos una ciudadanía medianamente consciente y educada como para otorgar el gane a la menos mala, la pregunta sería: ¿cuenta esa persona con un gran equipo de apoyo? ¿Seguro que no tiene compromisos, o debe hacer ciertas concesiones? ¿Qué tal el respaldo en los otros poderes? Lo cierto es que todos los corazoncitos ya están teñidos y por ese color se van a definir. Ah, casi se me olvida, también está en el juego un payaso narcisista y resentido al que ni de chiste le vuelven a dar la cabeza. Así que, si los capitalinos están hartos de los desvíos para construir puentes y túneles, eliminación de los pocos árboles urbanos, maquinaria y escombros por todos lados y demás inconvenientes al tránsito vehicular, que de una vez se preparen en el resto del país para los desniveles que vienen.

Mientras, los hospitales seguirán languideciendo aun atestados de pacientes, sin medicamentos, sin insumos, con personal agotado, sin paga y cayendo en el frente de batalla. Las vacunas, si acaso, llegarán a cuentagotas, algunas segundas dosis quedarán en suspenso y, por la pesadilla logística que representa su distribución, es previsible y no descartable la idea he hacer híbridos entre marcas; después de todo, esos productos siguen en fase experimental y por lo que se vislumbra, algunos hasta pagarán a las farmacéuticas por el privilegio de ser sus conejillos. El presupuesto que se derrocha en anuncios de Vida Mejor que no convencen ni a los tontos, debería mejor destinarse a paliar la calamidad sanitaria agravada.

La vida supuestamente mejor, se sigue persiguiendo en otras latitudes, se sigue negando hasta el más elemental derecho humano, quienes cifran sus esperanzas en la salida del gobernante, se olvidan que la corrupción lejos de estar en una persona, es sistémica, se basa en la ignorancia e inconsciencia popular, de ahí el deterioro del sistema educativo, que nadie venga al rescate de las escuelas públicas, ni se brinde el apoyo tecnológico requerido en estos tiempos de encierro forzoso no supervisado ni ordenado. Habrá vida mejor cuando se cobre conciencia y se forme a los ciudadanos para elegir al mejor, no para trocar el voto por una bolsa.

carolinalduvin46@gmail.com

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