SE DESMORONA

ZV
/ 26 de abril de 2021
/ 12:07 am
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SE DESMORONA

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A muchos jefes de Estado ya no les gusta ir a los cónclaves regionales. Hace unos años atrás acudir a la Cumbre de las Américas o a la Cumbre Iberoamericana, brindaba una oportunidad a las naciones invitadas para levantar su perfil internacional. Lo único comparable, para hacerse escuchar frente al mundo, en un foro abierto, era la Asamblea Anual de las Naciones Unidas. Esta vez, a la cumbre celebrada en el Principado de Andorra, pocos se hicieron presentes. Comunicaron que no asistirían los mandatarios de Brasil, México y Paraguay. El mexicano no viaja a ninguna parte. Una de las pocas salidas fue al Salón Oval, a firmar el nuevo tratado de libre comercio, mucho más desfavorable a los intereses de México que el anterior. Trump impuso esas condiciones para –de menores beneficios a México– cobrarse el costo de la construcción del muro fronterizo.

A última hora cancelaron los presidentes de El Salvador, Venezuela y Nicaragua. Al plenario acudieron en forma presencial los representantes de España, Portugal, Guatemala, Dominicana y la propia Andorra mientras el resto de delegaciones se conectaron por videollamada. El tema que motivó la convocatoria pasó a segundo plano, cuando las intervenciones se centraron a denunciar la inequidad en el acceso de la vacuna del coronavirus. Esta fue la cumbre de las vacunas. No hubo uno, incluyendo al hondureño, que no aprovechara señalar la injusta distribución. Más o menos en la misma línea del boliviano al sugerir que “las poderosas transnacionales farmacéuticas que tienen patentes sobre diagnósticos, medicamentos y vacunas deben liberarlas y hacerlas de dominio público o emitir autorizaciones voluntarias sin costo para lograr un acceso real de parte de todas las nacionales sin excepción”. El tema venezolano es inevitable. Varios objetaron la presencia de la vicepresidenta de Maduro, enfatizando que debió ser el presidente interino Guaidó quien representase el gobierno. El presidente colombiano pidió abordar lo que llamó temas “álgidos y necesarios en Iberoamérica” referidos “a la mayor crisis migratoria que haya vivido la región”. “Son millones de hermanos venezolanos –dijo Duque– que han salido producto de la destrucción social y de la ignominia de la dictadura y que están en muchos de nuestros países desplegados”. El líder cubano, con la renuncia fresca de Raúl Castro, acudió a su primer cónclave. Salió en defensa del gobierno venezolano. “Es injusto –aseguró– acusar a Venezuela de la situación económica y de escasez que vive el país, cuando se permiten acciones a Estados Unidos y sus aliados para provocar sufrimiento en la población”.

Defendiendo al otro, pero a manera de defenderse a sí mismo agregó: “Sería útil y sincero reconocer que el diseño estadounidense de intervención en Venezuela fracasó rotundamente y colocó a otros países que lo apoyaron en una situación política y jurídica insostenible”. El Vaticano envió una delegación a pedir “una vacunación extensiva y una distribución equitativa de los sueros”. Pero fue más allá solicitando a los pudientes “valentía de decidir cambiar las cosas y reformar la ‘arquitectura’ internacional de la deuda”. “Renegociar la carga de los más necesitados ayudará a los pueblos a desarrollarse, a tener acceso a las vacunas, a la salud, a la educación y al empleo”. Las ausencias a esos foros, para hacerse ver distinto de los demás, son torpes. Aparte de representar un desaire no solo a sus pares sino a los pueblos y naciones que algún beneficio esperan salga de esos encuentros. El mundo, que se desmorona en egoísmos, individualidades, acaparamientos y aislamientos hoy más que nunca requiere de la solidaridad y de la cooperación.

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