Crisis y conducción

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/ 27 de abril de 2021
/ 01:11 am
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Crisis y conducción

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Juan Ramón Martínez

No puedo faltar al compromiso con mis compatriotas. Y con la verdad. Estoy preocupado. Nunca antes, en los últimos cien años una crisis general: -la más parecida es la del 1919, aunque aquella solo era pelea partidaria- es política, económica, sanitaria, educativa, legal, moral, diplomática, judicial. Y afecta a la sociedad, al gobierno y a los hondureños. Cosa que nunca habíamos experimentado. En primer lugar, los partidos políticos están destruidos. Los votantes no tienen madurez y conciencia de la gravedad. Ante los problemas graves que nos acosan, carecemos del liderazgo que tuvimos, solo para poner un ejemplo, entre 1949 y 1957. Entonces contábamos con uno que, producía confianza y, daba esperanzas que, aunque las aguas eran turbulentas, no nos caeríamos de la montura y la orilla de la salida, estaba próxima y segura.

Ahora no. En primer lugar, muy pocos tienen conciencia que jugamos con fósforos y que los bidones de gasolinas están destapados. Los niños hacen fuegos y sus padres, andan en la esquina, divirtiéndose, viendo los partidos y bebiendo cerveza. En segundo lugar, la sociedad civil está en crisis. Los cuerpos intermedios han desaparecido: la Iglesia Católica, ha perdido liderazgo; los evangélicos están afectados por la glotonería y deslumbrados por el brillo del poder; los campesinos han desaparecido del escenario, como solución. Solo se habla de ellos, como problema. Las centrales obreras tienen escasa presencia y sus líderes son clandestinos. Los estudiantes universitarios, siguen dominados por Irías y Herrera, para que no elijan sus representantes; los empresarios -los únicos consientes- están amenazados por un gobierno que, no sabe lo que enfrenta. Y no quiere bajarse de la mula, en donde se siente cómodo, mandando y dando órdenes. No por el “comandante”, sino que por los muchachos pendencieros que, aprovechan que este anda cortando flores. La mayoría de los intelectuales, están concentrados en sus dolores, buscando compasión, apostando a la inmortalidad y a la gloria y, lo más grave, el gobierno deformado, de piernas cortas y flácidas, no tiene conducción. JOH, no es tan visible, sino de vez en cuando, contando cuántos frijoles tienen las vainas -que nunca sabe porque no ha abierto ninguna- y parece no dirigir al gobierno, porque no asume de frente sus responsabilidades. Y más bien luce asustado, por las declaraciones de Washington y ante los que le han puesto precio a su cabeza.
Hace muchos años, vimos la película ¿Dónde está el piloto? (Ahora, sabemos que estaba en el sanitario con problemas digestivos -constreñido o con diarrea- que no contestaba a las aeromozas, que, preocupadas ante las turbulencias, sabían que el “piloto automático” no era suficiente. Y que, hacía falta la tranquila conducción de quien, no más, minutos antes, tenía todo bajo control).

JOH, luce asustado y distante. No se reúne con ningún grupo influyente y lo peor, no le da esperanzas a la ciudadanía que, sabe que los últimos meses de su gobierno, no pueden ser desaprovechados, sino que, oportunos, para buscar soluciones. Manteniendo la confianza, mediante un discurso enérgico y firme.
En lo externo, Estados Unidos, nos tiene asediados. Los fiscales y los congresistas amenazan a los políticos que, acusan de indecentes e inmorales, con listas y avisos para quitarles las visas, lo que preocupa a muchos. Menos a Nájera, un dinosaurio que, creíamos extinguido. Además, en la crisis del capitalismo, las placas teutónicas -al decir de Stiglitz-, han chocado: todo el mundo está endeudado; nadie quiere dar crédito. Y prefieren a los clientes más fieles. Por ello, no podemos vacunar al pueblo. Carecemos de credibilidad entre los oferentes; andamos con cara de pordioseros, y no tenemos negociadores para abrimos paso. Y lo peor, aunque las elecciones son una leve esperanza, los candidatos muestran enorme incompetencia; ignoran la naturaleza de los problemas; carecen de disposición para gobernar con los mejores, renunciando al sectarismo que, es, una clara expresión de inseguridad. Asfura, de “poquísimo pupitre”, no tiene el sentido común de López Arellano; Yani Rosenthal no huele a Villeda Morales; y Mel Zelaya y Nasralla, no le quitan los zapatos a Ricardo Zúñiga. Estamos mal.

¿Qué esperar? Nada. Aquí sin el líder en la cabina; las Fuerzas Armadas sometidas y los Estados Unidos acosándonos, nos espera lo peor. Por ello, los jóvenes se divierten drogándose, porque sienten posiblemente que, están acercándose, ¿a los últimos días?

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