Manejando Recursos Naturales

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/ 17 de junio de 2021
/ 12:09 am
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Manejando Recursos Naturales
Carolina Alduvín

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Por: Carolina Alduvín

A mediados de los 70, ingresé a la carrera de Biología de la UNAH, junto con Mario Efraín Villeda Rivera y otros, él venía de cursar Geología en la Universidad de Costa Rica –aquí aún no tenemos esa carrera–. Compartimos la novedad de las clases de especialidad en aula, las entretenidas prácticas de laboratorio en las que aprendimos a preservar y a disecar ejemplares, para enriquecer las colecciones del Herbario y el Museo de Historia Natural; también, las divertidas giras de campo que resultaron en grandes experiencias y la oportunidad de conocer los diferentes ecosistemas del país, durante las cuales el grupo comía salteado, dormía en la camioneta, se bañaba en la quebrada y regresaba asoleado, cansado, picado por insectos, engarrapatado y con mucho trabajo por delante. A Efraín le gustaba buscar y coleccionar artefactos de obsidiana que había aprendido a localizar observando pistas sobre el terreno.

Solíamos prepararnos para los exámenes, consistentes en largas listas de nombres en latín, asociados a ejemplares botánicos, o características anatómicas, con una serie de trucos mnemotécnicos de su ocurrencia, a veces graciosos, a veces groseros, a veces exagerados, pero colocados con tal ingenio que, luego de todas estas décadas aún los recordamos. Esas desveladas resultaban provechosas y divertidas, aprendiendo no solo para la prueba escrita, sino para la vida, como nos recalcaban los profesores. También, iniciamos la docencia desde los laboratorios y las clases básicas, esas que cursan los médicos, odontólogos, farmacéuticos, microbiólogos, biólogos, agrónomos y forestales. Tarea fácil y agradable, completada en medio de bromas, preparación de soluciones y otros materiales para las prácticas, además de la elaboración, aplicación y calificación de exámenes parciales.

Ya graduado, volvió a Costa Rica a especializarse en Manejo de Recursos Naturales, a su regreso a Honduras impartió esa asignatura a los futuros biólogos, como base para otros manejos más especializados, como bosques y vida silvestre. Muchas generaciones de colegas afirman que fue uno de sus mejores profesores, que en sus clases aprendieron muchísimo debido no solo a lo ameno de sus lecciones, sino también al nivel de exigencia para que las prácticas e informes se hicieran de la manera debida, sin importar cuántas veces hubiera que repetir una medición o cualquier otro detalle que fuera crucial. Con él se aprendía a usar y obtener el máximo provecho de las hojas cartográficas y toda la información que encierran, útil para evaluar y hasta predecir las características del terreno.

Fue de los primeros que se dio la oportunidad de dejar el cobijo de la institución para incursionar en la práctica privada de la profesión, enfrentando con éxito la competencia que representaban otros profesionales afines a nuestro campo. Siempre estuvo dispuesto a colaborar en los encuentros que de cuando en cuando se organizaban para revisar nuestro plan de estudios y adaptarlo a las cambiantes demandas de la transformación del país. Se dirigía a la audiencia estudiantil enfatizando que los nuevos biólogos debían adquirir además del conocimiento teórico impartido en las aulas, la habilidad de innovar en el campo y en los proyectos en los que se les llamara a participar; en otras palabras, los invitaba a hacerse un poco menos taxónomos y más ingenieros.

Luego de un tiempo, regresó a las aulas, retomando las clases de Edafología y los manejos, combinando la enseñanza con las consultorías. Uno de sus discípulos comenta: “Logró enseñarnos cartografía a mano alzada en la clase de MRN, hizo que interpretáramos mapas topográficos con visión de águila en cada detalle, muy apasionado de sus temas complejos en la clase, aunque un día llegaba bien, otro día no bien, la clase siempre hacía el efecto por la cátedra práctica, motivante y de la gran experiencia que logró obtener, los viajes de campo eran para nunca olvidar, siendo La Tigra el mejor laboratorio para la carrera de Biología y los que fuimos su audiencia universitaria”.

El viernes pasado, justo cuando los estudiantes celebran su día, el colega y amigo Efraín Villeda partió hacia lo ignoto, para sorpresa y pesar de los que estudiamos, trabajamos y fuimos compañeros todos estos años. Nuestras sinceras condolencias a su familia, amigos y el resto del gremio. Siempre recordaremos sus reacciones y la forma en que nos hacía sonreír.

carolinalduvin46@gmail.com

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