COMENTARIOS SOBRE LA NOVELA: “EL AMOR MUERE TODOS LOS DÍAS”

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/ 20 de junio de 2021
/ 12:56 am
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COMENTARIOS SOBRE LA NOVELA: “EL AMOR MUERE TODOS LOS DÍAS”

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Por: Melissa Merlo
Academia Hondureña de la Lengua
Muy buenas tardes a todos, es para mí un honor tener la oportunidad de presentar la más reciente obra literaria de mi estimado amigo y colega, Nery Alexis Gaitán, El amor muere todos los días, obra que viene a formar parte del pensum de la novelística hondureña del siglo XXI. He titulado esta presentación con el nombre de:

Jeshua
o la historia de un amor

Las historias de amor no pueden contarse con pocas palabras, necesitan un extenso lienzo en donde pueda dibujarse cada letra, cada momento y cada hecho que sea necesario contar. También ese lienzo, puede servir para dejar entre sus dobleces, ciertas cosas ocultas, esos secretos de familia que no estamos dispuestos a revelar tan fácilmente. El amor muere todos los días, del escritor hondureño Nery Alexis Gaitán, y bajo el cuidado de la Editorial Perseo, es el lienzo perfecto para contar un lado de una historia que hemos escuchado desde nuestro nacimiento, la historia de Jesús.

Con una carátula muy sugestiva, y que con facilidad soporta el peso histórico de una de las obras maestras de Domenico Zampieri, pintor barroco italiano, de finales del siglo XVI, esta novela permite intuir la clase de amor que el título sugestivamente oculta. Vemos en ella un Jesús hermoso y pálido, vencido por el peso de una cruz que se convertirá en su martirio. Lo rodean soldados romanos que agudizan el tormento de Jesús, pero también hombres que intentan ayudarle y defenderle. Manos en tierra, Jeshua mira directamente al lector, como un primer lazo para crear la empatía que necesitará en el interior de la novela de Gaitán.

El amor muere todos los días cobra vida en diez y siete capítulos cortos que le imprimen dinamismo y permiten que el lector pase de uno a otro con mucha fluidez. Esto hace pensar en la aplicabilidad literaria de tres de las seis propuestas para el nuevo milenio de Ítalo Calvino, ya que Gaitán hace acopio del mejor sentido de la levedad, la rapidez y la consistencia. Esta levedad se manifiesta en la visión del autor de ver la historia y la vida desde otra forma, dejando de lado la pesadez de lo ordinario y sucumbiendo en la levedad de lo extraordinario. La levedad significa elevarse sobre lo cotidiano y presentar la historia desde un punto de vista novedoso, tal y como pasa en esta novela en donde cada capítulo, aún y cuando mantiene el hilo que la convierte en unidad, tiene su espíritu propio, y cada tanto ese espíritu evoluciona.

La rapidez calviniana, como característica literaria, queda altamente demostrada en esta novela, cuya historia, compuesta por la urdimbre de varias, se desarrolla y se va resolviendo en cada capítulo, y al mismo tiempo, sin que el lector lo intuya en la primera lectura, va dejando pistas de las soluciones finales. Incluso esta característica de la rapidez deja que el lector pueda ir y volver en los capítulos sin perderse. Esta rapidez permite que los sentidos estallen al encontrar las partes descollantes y da paso a una acción mental de sorpresa, de descubrimiento, de atar cabos, que completa los ciclos y deja en manifiesto la presteza y audacia del escritor en el manejo del lenguaje, en el ordenamiento de las palabras de tal forma que logren despertar estas emociones en el lector.

La obra de Gaitán es un claro ejemplo de la característica que propone Calvino sobre la consistencia. Está muy bien hilvanada, cada capítulo mantiene una estructura desarrollada finamente, distribuye las sorpresas y las emociones que provocará, y permite, al mismo tiempo, el disfrute de la lectura. Conseguir la consistencia en la novelística y en el relato de estos capítulos, es producto de la vasta trayectoria literaria del escritor, en el que convergen la lectura y la escritura como un pozo de conocimiento.

El llenar las lagunas de la vida de Jesús ha sido un reto para los escritores que se han aventurado a hacerlo. J.J. Benítez lo hace en su saga de El Caballo de Troya; La última tentación de Cristo de Kazantzakis; El gran inquisidor de Dostoyevski, que está dentro de la novela Los hermanos Karamasov; Rey Jesús de Robert Graves; El Cristo de Velázquez de Unamuno; Figuras de la Pasión del Señor, de Miró, entre algunas. Y ahora podemos contar entre esa poderosa lista, El amor muere todos los días, de Nery Alexis Gaitán. ¿Que la separa favorablemente de las demás? Con seguridad que el manejo del lenguaje literario y el conocimiento de la historia religiosa, ubican a esta obra en un lugar de privilegio. Gaitán hace uso del recurso histórico, con un manejo acucioso de hechos y fechas, de lugares y de personajes, que denotan el minucioso trabajo de investigación que precede o acompaña a esta creación novelística.

De igual forma, la técnica literaria que el autor utiliza, es limpia, precisa, directa y sorpresiva en la mayoría de los finales de los capítulos. Esto lo posiciona en una línea de escritores centroamericanos que, preocupados por la belleza del lenguaje, de la técnica, y de la aplicación del conocimiento, conciben una propuesta literaria que permite ver la evolución de la literatura de la región.

Como lectora, divido el libro en dos partes. En la primera ubico los dos primeros capítulos que con el planteamiento de la trama, serán evocados durante la lectura del resto de la novela. Estos dos capítulos contienen la mayoría de la información y son un despliegue de conocimiento sobre las reliquias religiosas y los relatos, leyendas y milagros que las acompañan. El autor denota un acervo histórico vasto, así como ser un conocedor, curioso y exhaustivo, de lugares y hechos históricos que nos remontan a las reliquias. Con seguridad, cada llamado histórico generará en el lector la necesidad de comprobarlo. Es así que da pie para dos caminos, uno sería dar por sentado los hechos que la novela menciona, por decisión del lector de aceptarlos como verdaderos, o por el pleno disfrute de lectura; y el segundo, dejarse llevar por la curiosidad generada por la lectura y comprobar los hechos, nombres y noticias mencionadas en la novela. El segundo camino, por supuesto, es más interesante.

En estos dos capítulos cuyo escenario es una ciudad italiana, y que tiene como protagonista a una humilde familia, son el antecedente a la trama que se desarrolla en los capítulos siguientes. Pero no son un antecedente explícito ni una típica introducción a la profundidad de un contexto, en realidad su importancia va determinándose a medida que se avanza en la lectura. Y no es para menos, apoyado en el recurso de las noticias y reportajes, el lector podrá entrar en el mundo de las reliquias, y de los acontecimientos que envuelven la que para mí es la gran protagonista de esta novela, la Sangre de Cristo.

La segunda parte de mi lectura, la constituyen los capítulos del 3 al 17. En ellos se desatan las fuerzas del bien y del mal, eternas antagonistas, que toman las formas y los nombres de personajes que conocemos pero que no son revelados hasta en su justo momento. Algunas veces pueden ser intuidos, pero la mayor parte de ellos, el lector será sorprendido por un nombre, por una acción, por un hecho, que con el recurso literario indicado, muy bien escogido por el autor, hará que el factor sorpresa aparezca, y completará así un círculo de conocimiento de forma rápida y efectiva. Por supuesto, todo dependerá de la experiencia previa del lector y su conocimiento de la palabra sagrada.

Gaitán va llenando los espacios de la vida del hombre que más importancia ha tenido sobre este planeta, Jesús, esos espacios que no se han contado, y que se vivirán en esta lectura. Describe el amor divino con tanta presteza y ternura que el lector puede verse atrapado en las memorias de una niñez familiar en donde la figura divina era de un domingo ineludible, y en donde las virtudes y los valores eran las bases principales.

El amor muerte todos los días, sin duda alguna, muere en las mañanas y en las noches de esta novela, muere de la mano del ser más temido y nunca visto de frente, muere por las acciones del poderoso anticristo que apoderándose del destino, decide las horas de la muerte del amor. No espere encontrar en esta novela un amor carnal, ni una pasión desenfrenada, pero sí espere encontrar la profundidad del alma, convocada por el manejo de la psicología del autor, y que permite al lector encontrar empatía en lo trágico. También encontrará el más puro de los odios, ese que eriza la piel y que hasta puede ser, por artilugio del escritor, bienvenido en la sed de venganza.

La lucha eterna del mal sobre el bien, y del bien que desesperadamente busca el sentimiento egoísta de reinar sobre el mal, están aquí, en El amor muere todos los días. El fragor de las batallas diarias de un Jesús, de un Cristo que vive su cruz, que sorpresivamente se ve inmerso en un contexto que los autores que cité párrafos atrás no imaginaron, un Cristo que se ve enfrentado a vivir una parusía que no le corresponde. Un Jeshua Ben Pandirá que encara los poderes de Dios, del maligno, de la ciencia, de la vida y de la muerte. El amor, el odio y la tragedia, a nivel planetario son los hilos conductores que llevan la novela a un desenlace que deja en el lector una lección de vida.

Y es que el ser humano, en la conformidad o en la ambición de seguir la liviandad de su vida, preferirá siempre el castigo y la muerte para el ser que actúa en aras del bien, antes de ver perturbado un tan solo momento de su ocioso proceder. Ni en El amor muere todos los días, ni en la vida cotidiana, alguien permitirá fácilmente que lo alejen de las pasiones y de los placeres, aunque la promesa sea la vida eterna. Al fin y al cabo, el libre albedrío también podría morir todos los días.

Estimado Nery Alexis Gaitán, muchas felicidades por esta nueva entrega literaria.

Muchas gracias a todos por el favor de su atención.

Junio 2021

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