Los años no pasan en vano

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/ 20 de junio de 2021
/ 12:10 am
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Los años no pasan en vano
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Por: Mario Hernán Ramírez
Presidente vitalicio “Consejo Hondureño de la Cultura Juan Ramón Molina”.

Cuando las nieves del tiempo platean nuestras sienes, la mente se fatiga, el cuerpo se cansa y las piernas ya no responden a la función para las que fueron diseñadas, es cuando nos damos cuenta que la vida comienza a pasarnos la factura por el tiempo vivido.

Darío dijo: “Juventud divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!… y una melodía de los años cuarenta: “la juventud se va, y se va, de prisa como el viento, hay que saber vivir y reír y amar intensamente…”.

Las anteriores reflexiones vienen a mi mente ahora en que comenzamos a sentir los rigores del tiempo, cuando la visión nos falla, el sistema auditivo se apaga y nuestras manos temblorosas ya demuestran que los años no pasan en vano. Por eso, hay que aprovechar el tiempo al máximo; vivir con intensidad, regalar amor, ser solidarios, atentos, sonrientes y cordiales. Pues, la petulancia, la soberbia, el engreimiento y la prepotencia son malas consejeras ya que, al llegar a viejo, el castigo es inexorable. Nadie nos determina.

Para reafirmar lo anterior leamos a Porfirio Barba Jacob (1883-1942), poeta colombiano con su inmortal Canción de la vida profunda. “Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,/ como las leves briznas al viento y al azar./ Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonríe./ La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar./ Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,/ como en abril el campo, que tiembla de pasión:/ bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,/ el alma está brotando florestas de ilusión./ Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,/ como la entraña obscura de oscuro pedernal/ la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,/ en rutiles monedas tasando el bien y el mal./ Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos…/ (¡niñez en el crepúsculo! ¡Lagunas de zafir!)/ que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,/ y hasta las propias penas nos hacen sonreír./ Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,/ que nos depara en vano su carne la mujer:/ tras de ceñir un talle y acariciar un seno,/ la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer./ Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,/ como en las noches lúgubres el llanto del pinar./ El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,/ y acaso ni Dios mismo nos puede consolar./ Mas hay también ¡oh Tierra! un día… un día… un día…/ en que levamos anclas para jamás volver…/ Un día en que discurren vientos ineluctables/ ¡un día en que ya nadie nos puede retener!”.

Más adelante el insigne maestro y abogado Esteban Guardiola Cubas, originario de San Antonio de Oriente (n. 1969 y f. 1954), nos legó para la eternidad, también, el sublime pensamiento de su brillante mente: “”¡Veis a aquel hombre encorvado bajo el peso de los años cargado de desengaños en un báculo apoyado!/ ¡Veis cómo lleva surcada de arrugas su faz marchita y una tristeza infinita se retrata en su mirada!/ ¡Veis su venerable testa cubierta de blancas canas, donde las nieves tempranas levantan su cumbre enhiesta!/ Ayer fue un niño inocente, enseguida un bello efebo y también un gentil mancebo y después un varón potente. Más al llegar la vejez, sintió decaer su organismo y menguar a un tiempo mismo, su energía y su altivez”./ “No despreciéis a los viejos, que todos para allá vamos, y todos necesitamos de sus prudentes consejos./ Que las almas generosas/ y los corazones sanos,/ arrojen lirios y rosas/ al paso de los ancianos”.

Para cerrar con broche de oro, leamos al gran Amado Nervo, mexicano cinco estrellas, nacido en 1870 y fallecido a la temprana edad de 49 años, en 1919, también estampó para siempre su inmortal creación “En paz”. Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,/ porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;/ porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino;/ que, si extraje las mieles o la hiel de las cosas,/ fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:/ cuando planté rosales, coseché siempre rosas/ …Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:/ ¡más tú no me dijiste que mayo fuese eterno!/ Hallé sin duda largas las noches de mis penas;/ mas no me prometiste tan solo noches buenas;/ y en cambio tuve algunas santamente serenas…/ Amé, fui amado, el sol acarició mi faz./ ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Hemos traído a los lectores de esta columna dominical tres hermosos poemas de igual número de insignes poetas del sur, centro y norte de América, para que reflexionemos serenamente y hagamos nuestras propias conclusiones en relación a nuestro paso por la vida, ya que hubo alguien por ahí que expresó: “la vida es un sueño y el porvenir, mentira…”. Verdad de Perogrullo como diría Alejandro Valladares en sus célebres editoriales del exdecano de la prensa nacional Diario El Cronista.

Finalizamos diciendo que la vida es bella, sencillamente bella; el mejor regalo que el Creador pudo otorgarle al hombre y a la mujer; por consiguiente, saquémosle el jugo de la mejor manera posible.

eramirezhn@yahoo.com

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