El Partido Nacional carece de voceros

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/ 24 de junio de 2021
/ 12:03 am
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El Partido Nacional carece de voceros

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Por: Segisfredo Infante

Para comprender la magnitud de esta afirmación, debemos realizar un repaso histórico, basado en investigaciones archivísticas. Lo primero que debemos subrayar, por enésima vez, es que el “Partido Nacional” comenzó a organizarse a finales del año 1918 y comienzos de 1919. En el proyecto originario estuvieron involucrados tres intelectuales y un general de cerro. Me refiero a Paulino Valladares, Alberto Membreño, Silverio Laínez y Tiburcio Carías Andino. El jurista y lexicógrafo Alberto Membreño era parte del gobierno “unitario” del doctor olanchano Francisco Bertrand. Así que renunció al gobierno y se convirtió en un disidente político. El periodista Paulino Valladares era uno de los poquísimos intelectuales que estaba en la oposición desde 1911. Sobre la personalidad de Silverio Laínez debemos seguir escudriñando. En el caso del general Carías Andino sabemos que siempre fue contrario al gobierno liberal “unitario” del general Bonilla Chirinos, sobre todo por causa de la guerra civil de 1911, en que el “hombrón de Zambrano” fue el último de las fuerzas, de Miguel R. Dávila, en rendirse.

Los tres intelectuales fundadores del Partido Nacional, le encargaron la tarea de organizar las bases a Tiburcio Carías. En 1919 vinieron las montoneras fratricidas por la obsesión de Francisco Bertrand de continuar en el poder por medio de la candidatura impuesta de su cuñado Nazario Soriano. Eran tan habilidosos el doctor Bertrand y sus asesores, que para neutralizar a las fuerzas del Partido Nacional emergente, y del Partido Liberal que estaba reorganizando el general Rafael López Gutiérrez, decidieron fundar otro partido nacionalista oficial, auxiliado con el periódico “El Nacionalista”.

El punto que deseo destacar es que, en el Partido Nacional de Honduras, siempre hubo intelectuales incluso en su cúpula dirigencial. Es más, en la época del “cariato” los intelectuales se movían en torno de Carlos Izaguirre (el “Mecenas” de los demás escritores), Julián López Pineda y Marcos Carías Reyes. En la época de la presidencia nacionalista de Juan Manuel Gálvez, hubo florecimiento intelectual de distintos bandos, con Rafael Heliodoro Valle (liberal) a la cabeza. El mismo Tiburcio Carías Andino había sido admirador de Juan Ramón Molina y de Froylán Turcios. (Hay constancia documental de lo aquí afirmado).

Habría que identificar a partir de qué momento histórico los intelectuales nacionalistas pasaron a un tercer plano. O fueron relegados al olvido. Sin embargo, continuaron subsistiendo escritores importantes como Ramón E. Cruz (quien llegó a ser presidente de la República); Jorge Fidel Durón; el poeta Oscar Acosta; y el cuentista y periodista de opinión Eliseo Pérez Cadalso. Con un más bajo perfil quedaron Policarpo Callejas, Francisco “Chico” Cardona y Manuel Acosta Bonilla. Todos ya fallecidos.

En años recientes se trató de poner en marcha algunos proyectos de formación de líderes a nivel de mandos intermedios. Pero después hubo dispersión. Incluso se llegó a sugerir que se les impartiera cierta formación relacionada con el “marxismo-leninismo” y otras tendencias de “izquierda”, con el objetivo de que supieran defenderse en las comparecencias públicas. Y que tales cursos, para evitar las típicas suspicacias, estarían dirigidos por el abogado Rigoberto Espinal Irías, quien, según se dijo, falleció resentido con ciertos cuadros dirigentes. Y aun cuando se aceptó aquella sugerencia verbalmente, nunca se logró formalizar en el terreno de los hechos, provocando tristes falencias en los interlocutores del Partido Nacional, sobre todo cuando los invitan a ciertos programas de televisión en donde se enfrentan con personajes “listos” que cosecharon previamente una formación básica marxista, aun cuando digan que son “socialdemócratas”.

Pasaron los tiempos en que don Eliseo Pérez Cadalso descendía del parnaso literario para defender las posturas de algunos candidatos presidenciales nacionalistas enzarzados en agrias disputas con los candidatos de dos o tres partidos más. Por suerte el peligroso multipartidismo de ahora, estaba ausente. “Don Eliseo” poseía un largo recorrido político y conocía de cerca a la mayoría de los suyos y de los ajenos, y además poseía la capacidad de bromear en medio de las contiendas electorales.

El Partido Nacional está en silencio. No tiene dialéctica ni tampoco metafísica. Es decir, carece de buenos voceros públicos que sepan desenvolverse con elasticidad frente a sus adversarios. El único que más o menos sobrevive es Fernando Anduray, con el agravante que algunos coordinadores televisivos lo invitan a él solo para echarle “la vacada” con tres o cuatro adversarios al mismo tiempo. Opino que el Partido Nacional debe reaccionar en función de su propia sobrevivencia institucional. No sólo individual o coyuntural. Poco importa que tal vez algún asesor extranjero haya aconsejado tal silencio sepulcral. Pero políticamente todos sabemos que una organización sobrevive en cualquier “ágora” del mundo, gracias a las retóricas oportunas. Continuar en el ostracismo absurdo, recibiendo golpes continuos, equivale al suicidio político y social.

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