EL REENCUENTRO

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/ 26 de junio de 2021
/ 01:02 am
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EL REENCUENTRO

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Por: Luis Zavala
(luiszavalal@yahoo.com)

Hace como 45 años que en el municipio de Balfate departamento de Colón, Magaly Ponce, maestra de educación primaria, daba clases a primer grado en una escuela de ese municipio.

Para entonces, ella estaba casada con el maestro de educación primaria, Rolando Barrios (QDDG) con quien desarrollaban una vida tranquila viendo en la misma dirección.

Resulta que un niño de 9 años, llamado José López, fue matriculado por su madre Graciela en primer grado de la maestra Magaly Ponce. Doña Graciela y su esposo vivían en la parte alta de Balfate o montaña. De la casa de doña Graciela a la escuela, los niños tenían que recorrer alrededor de 45 minutos a una hora. Como había jornada en la mañana y en la tarde, los niños caminaban 4 veces para cumplir con su asistencia. Una vez cuando llegaban en la mañanita, otra vez al salir a las once de la mañana y regresar a su casa a almorzar. Luego, regresar a la escuela por la tarde y al final de la tarde volver a casa. Un niño como es el caso de José López, recorría alrededor de 4 horas en un día para recibir el pan del saber.

Se habrán dado cuenta que José López, estaba llegando a primer grado a la edad de 9 años, cuando normalmente debía estar en tercer grado. Lo que pasa que doña Graciela y su esposo tenían otros dos hijos en la escuela con más capacidad de hacer el recorrido diario y mayores que José. De alguna manera esperaron a que José fuera más “garrudito”. A los padres no les preocupaba el peligro o que le fueran hacer daño en el camino por acción humana, les preocupaba el ajetreo de la distancia y la edad del niño.

Sin embargo, ocurrió que después de meses de estar en la escuela, José López no llegaba a clases.

Cuando pasaron 3 días que el niño no llegaba a clases, la maestra Magaly se preocupó por la ausencia de José y, decidió hablar con sus padres para saber las razones de su inasistencia.

La maestra aprovechó la visita que hizo el siguiente día a la escuela la madre de José López y preguntó las razones de la ausencia del alumno. Fue entonces cuando doña Graciela le dijo que José era muy pequeño y el recorrido de todos los días era muy pesado para un niño de esa edad.

La maestra Magaly Ponce, se había encariñado de su alumno -como le ocurre a los docentes en general- y muy preocupada como maestra y como madre por José, le propuso a doña Graciela que si quería, José podía vivir en su casa en tiempo de escuela y que la comida, ropa y útiles corrían por cuenta de la familia Barrios–Ponce. La madre entre sorprendida, escéptica y alegre, aceptó la propuesta de la maestra. De esa manera, José López pasó a vivir en la casa de su maestra y bajo el techo del maestro Rolando Barrios y su esposa.

El niño pasaba feliz, no tenía que hacer grandes recorridos para llegar a la escuela. Ahora lo hacía en cinco minutos junto con su maestra. En su nueva casa, José López fue tratado como uno más de la familia. Incluso el maestro Rolando Barrios se lo llevaba a pescar o cazar animales cerca de la casa. El niño estaba seguro y además haciendo actividades extra clases que le gustaban. Rolando y Magaly tenían 3 hijos, Rolandito, Vivian y Maren. En esas salidas de pesca y caza, siempre iban juntos con Rolandito y entre jugando y ayudando pasaban el momento de manera muy agradable.

José López, después de 3 años de escuela emigró junto con sus padres y perdieron toda comunicación con su maestra.

Hace poco tiempo y por las redes sociales a través de Facebook, la maestra Magaly recibía solicitud de amistad de un tal José López. Ella no se acordaba para nada de quien podría ser. La insistencia de la solicitud, hizo que la maestra le preguntara a su hija Maren que si ella conocía a esa persona. Maren le dijo que no sabía pero que de todas maneras lo aceptara. La maestra aceptó la solicitud. luego el solicitante informó que era José, el niño que ella había apoyado dándole casa, comida, ropa y útiles escolares. Le confesó que hacía tiempo quería encontrarla para agradecerle todo lo bueno que fue con él. “mire profesora -le dijo- estoy muy agradecido con usted y no se me olvida su ayuda y el buen trato que me dieron. Siempre me sentí uno más de la casa… eso para mí es inolvidable…” se dijeron muchas cosas, se emocionaron, las lágrimas a flor de ojo y una gran satisfacción por esa bendición que Dios le ponía después de tantos años. La maestra sirvió desinteresadamente, lo hizo como madre y maestra y nunca pensó en recibir nada.

A partir de esa comunicación, José le pasa enviando dinero a la maestra y la tiene invitada para que esté con él y su familia en su casa de USA por lo menos una semana. “Por el pasaje no se preocupe, yo me encargo de todo. Gracias a Dios me he superado, tengo mi casa, tengo propiedades en Honduras, somos socios con mis hermanos y tengo capacidad de ayudarla…”.

El agradecimiento de José es tan grande que no haya como compensar a su maestra. La maestra Magaly está feliz de haber ayudado y para ella es suficiente. “Es una bendición que no se debe arruinar esperando recompensas… la gran recompensa es que José López es una persona de bien… que Dios lo cuide -dice ella- y le dé salud, amor, paz y prosperidad…”.

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