Y la llamaban Petrona

ZV
/ 27 de junio de 2021
/ 12:03 am
Síguenos
01234
Y la llamaban Petrona
Algo más sobre la numismática

Más

Por: Mario Hernán Ramírez
Presidente vitalicio “Consejo Hondureño de la Cultura Juan Ramón Molina”.

De entrada, diremos que Petrona es un nombre emblemático, y sino leamos lo que encontramos en la web “Petrona es un nombre predominantemente femenino, de origen latín. Variante de Petra que indica que pertenece a la noble familia de Petronia de los Pedros. Se deriva de la voz latina “Petrus” que significa “roca” y está vinculado al primer papa de la iglesia cristiana.”

También encontramos algo sumamente curioso en relación a este nombre y es que, según datos suministrados, en el año 2019 todas las bebés que nacieron en Estados Unidos de América fueron bautizadas con este simbólico nombre, lo anterior demuestra la importancia que el mismo tiene para esa población norteamericana.

Pero, la Petrona de nuestra pequeña historia nació en la augusta, noble y señorial Comayagüela, el 29 de junio de 1899, por lo que estaría conmemorando el 122 aniversario de su advenimiento. Ramírez Romero fueron sus apellidos, de madre y padre ya que su progenitora doña Encarnación Ramírez la procreó con el señor Eulalio Romero, ambos de la misma comunidad.

Doña Petra como cariñosamente la conoció mucha gente, otros la llamaban doña Tona, Petrus, Petronita, Tucus y muchos adjetivos calificativos más, con los que convivió durante 93 años, hasta su fallecimiento el 16 de julio de 1992.

Parió tres hijos, María Cristina (95 años), Elena Margarita (Q.D.D.G.) y Mario Hernán con 87.

Fue una mujer consagrada al trabajo desde los primeros años de su infancia, pues su madre careció siempre de recursos económicos como para darle una crianza mejor; sin embargo, realizó sus estudios primarios en la recordada escuela privada de la “maistra” Mónica, en donde alternó con personajes de gran valía dentro de la sociedad capitalina como René Sagastume Samayoa y su hermano Arturo; Ángel “Pachán” Raudales; Pedro Arturo Zúniga y muchos comayagüelas más, habiendo encompadrado con personas de alta alcurnia, como el doctor Juan Manuel Gálvez, doctor Odilón Renderos y empresario nicaragüense Toño Salvo.

Su adolescencia y primera juventud la pasó en medio de la familia Reyes Durón, cuya cabeza principal era “mamá Lola”, siguiéndole Concha, Elena, Mariana, José y Juanita; al fallecer su esposo el doctor José Reyes, contrajo nupcias doña Lola con el señor Ernesto Fiallos, de quien tuvo a Conrado, Guayo y Carmen, por lo que a doña Petra le correspondió los cuidados de los tres menores Fiallos Durón, quienes la consentían y la miraban como una segunda madre.

Tuvo la suerte de disfrutar leyendo los mejores libros de la biblioteca de don Rómulo Ernesto Durón, quien era primo de “mamá Lola” y al cual visitaban constantemente. Conoció a don Luis Andrés Zúniga, eterno enamorado de “mamá Lola” a quien, con sus traguitos entre pecho y espalda, decía: “Lolita, yo soy la pluma…”, a lo que ella le respondía… sí Luis, tu eres la pluma más valiosa de Honduras.

Pero, así como hablaba de gente como la arriba mencionada, contaba historias de un Orosmán Rivas o de un Serafín Verde, así como de Gonzalo Sequeiros, Cipriano Velásquez o Benjamín Henríquez, lo mismo que de los Godoy Barrientos (don Nazario y don Luis), igualmente de don José María y Miguel Díaz Gómez.

Andando el tiempo, y como una apasionada del arte culinario aprendió con doña Emelina Carrasco y doña Moncha Fiallos a preparar las viandas más deliciosas de la época, al tiempo que perfeccionó su arte con el rompope y los dulces de coco, piña, naranja, leche, cocoa y melcochas a cuál más exquisitas.

Por esa razón, su fama y su prestigio se extendió por toda la ciudad, ya que ciudadanos de la categoría de Salvador Turcios Ramírez, Armando Cerrato Valenzuela, el propio René Sagastume Samayoa y finalmente el profesor Marco Rolando San Martín la mencionaron en la prensa y revistas de la época como una mujer excepcionalmente original, ya que hasta su conducta intachable fue ejemplar, modelo y admiración.

El doctor José Ángel Zúniga Huete enamorado de una de las muchachas Reyes Durón, hizo amistad con doña Petra, quien siempre le extendía la mano para saludarla y ella humilde como fue siempre, con timidez extendía la suya y “Chángel” con su característica altivez le decía… Petrona, no seas penca… dame toda la mano.

Doña Chon, su madre falleció en 1937 y ella quedó al cuidado, entonces de su tía carnal doña Dorotea, quien no tuvo hijos con su esposo Balbino, por lo que habiendo nacido Mario Hernán casi en los brazos de doña “Doro”, como le decían, se convirtió en la criatura más mimada por persona alguna, de tal manera que cuando falleció quiso dejarle toda su fortuna a su tierno adoptivo, pero, sus abogados le aconsejaron que mejor compartiera con toda la familia para evitar problemas de herencia a futuro, lo que ella aceptó de buena gana.

Al desaparecer doña Dorotea, Petrus tuvo que encarar la vida frontalmente y fue así como comenzó a trabajar con su vieja amiga, recién venida de San Pedro Sula, doña Josefina (La pochina) Barahona de Soto, esposa del popular “Petete” propietario de los billares que originalmente funcionaron en el centro de Tegucigalpa y por último a inmediaciones del mercado San Isidro.

Allí, Tucus hizo gala de sus conocimientos culinarios y comenzó a preparar las mejores enchiladas que jamás antes se hayan saboreado en Tegucigalpa, refrescos naturales de todos los sabores y comidas típicas que causaron furor con su exquisito sabor, lo que obligó a doña Josefina a contratar cinco ayudantes para doña Petra, para poder darle abasto a la enorme clientela, sobre todo estudiantil y universitaria que visitaba los billares y disfrutaba de las delicias de la cafetería.

Al personaje de esta apasionante historia la llamaban Petrona Paula de Jesús Ramírez Romero y fue la madre del autor de estas líneas.

©2022 La Tribuna - Una voluntad al servicio de la patria. Honduras Centro América