Vacunas de donde sea

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/ 29 de junio de 2021
/ 01:07 am
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Vacunas de donde sea
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Armando Cerrato
Licenciado en Periodismo

El proceso de inoculación contra el SARS-CoV-2 que produce la letal enfermedad COVID-19 se amplifica metódicamente en Honduras a partir del próximo mes de julio.
Gracias a las bondadosas donaciones de más de cien mil dosis del presidente de México, Manuel López Obrador, millón y medio de dosis del presidente de Estados Unidos de América, Joe Biden, que se une a la donación de casi 60 mil dosis del presidente de El Salvador, Nayib Bukele y 6 mil del exprimer ministro de Israel Benjamín Netanyahu.

También la compra de un millón de Sputnik V a Rusia, de las cuales solo han llegado 40 mil dosis y la del Seguro Social de más de 100 mil dosis de AstraZéneca y la donación de 150 mil dosis de la misma marca a través del mecanismo Covax y la compra de 4 millones de dosis a la firma Pfizer, de las cuales han llegado unos cuantos miles.

Como las vacunas de Pfizer deben ser almacenadas a -80 grados celcius y en el país solo la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en Tegucigalpa cuenta con un frigorífico de esa capacidad, el Comando Sur de los Estados Unidos de América donó cinco frigoríficos con esa capacidad de almacenaje en frío y el Presidente de Honduras, Juan Orlando Hernandez Alvarado dijo que venían dos más, que no se sabe si donados o comprados por el gobierno de Honduras.

Mientras tanto la Asociación Nacional de Enfermeras y Enfermeros Auxiliares de Honduras (A.N.E.E.A.H) informó que la organización tiene la capacidad de aplicar diariamente 50 mil dosis diarias, una vez que en sus manos sea depositado el insumo necesario, por lo que no les asusta ni les intimida, y más bien les alegra la llegada masiva de dosis contra una enfermedad pandémica que ya ha cobrado la vida de más de 7 mil personas, según estadísticas oficiales; pero los dueños de funerarias estiman el doble de esas cifras, pues la misma solo refleja los decesos en los hospitales públicos y mucha gente perece en centros de atención privados y en sus casas de habitación.

De los centros de atención públicos, uno de los que más registra letalidad es el Instituto Hondureño de Seguridad Social, donde a pesar de recibir casi 11 mil millones de lempiras al año por patronos y trabajadores, pasa desabastecido de medicamentos y los pocos que se consiguen son clones de genéricos y en la mayoría de los casos ineficaces para el tratamiento de diversas enfermedades.

El sistema de salud de Honduras es quizás uno de los más endebles de América Latina, donde los médicos y personal auxiliar de salud aprenden a trabajar con las uñas, lo que los hace ser magníficos profesionales en diversas especialidades, a grado tal que cuando salen al exterior se destacan por su profesionalismo.
Pese a esas circumtancias para el ejercicio de la medicina en Honduras, el país cuenta con un sistema de vacunación ejemplar, que incluso es objeto de estudio por países del denominado primer mundo.
Es por ello que el Presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, sostiene que ha comprado 14 millones de dosis, que de llegar en el tiempo estipulado por los laboratorios respectivos, unido a las donaciones ya mencionadas, podrá inmunizar por lo menos 4 millones de hondureños de los casi 10 que conforman la población total del país.

Tambien se sabe que se ha entrado en relación con Cuba para la obtención de sus vacunas “Soberana” y “Abdala”, que han demostrado un 92% de efectividad y que solo requieren ya de la aprobación de la Organización Mundial de la Salud para su distribución masiva.

A los hondureños que al principio se mostraban un tanto reacios a vacunarse, hoy no les importa de dónde vengan las vacunas y acuden en masa a los centros autorizados para la inoculación, que lo hacen por sectores y edades, atendiendo primero a los más vulnerables (ancianos, trabajadores de la salud, enfermos renales, trabajadores del sector turismo, bomberos, cruzrojistas, Cruz Verde, comité de contingencias, policías, Policía Militar y miembros de las Fuerzas Armadas), considerados todos de primera línea de combate.

La donación mexicana va a ser utilizada para una segunda dosis de AstraZéneca, a los que ya recibieron la primera y las miles de Pfizer y Moderna para inocular en primera dosis indiscriminadamente y por edades a discapacitados, gente con enfermedades de base y personal público, que se quedó por fuera en las primeras jornadas, por falta del inoculante o por ciertos prejucios religiosos y de otra índole, por lo cual existe toda una campaña mediática para convencer a la población de los beneficios de vacunarse, pero advirtiéndole que la vacuna solo atenúa los efectos de la enfermedad, impidiendo que el que la contrae llegue hasta las salas de los hospitales ya colapsados y que deben de mantener siempre las medidas de bioseguridad indicadas.

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