Huracán sobre el Caribe

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/ 20 de julio de 2021
/ 12:56 am
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Huracán sobre el Caribe

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Juan Ramón Martínez

Las placas teutónicas de la política del Caribe, se están moviendo. La crisis de Nicaragua; el asesinato del presidente de Haití, el involucramiento de Estados Unidos, donde se entrenaron los ejecutores y la mención de la DEA; República Dominicana -donde presumen algunos diarios que se planeó el magnicidio-; Colombia de donde son nacionales los ejecutores y las manifestaciones callejeras en varias ciudades cubanas, hace pensar que un huracán político, está soplando sobre el Caribe siempre inestable, tierra de dictadores y aguas de tiburones insaciables. Y que, inesperados acontecimientos están por ocurrir. Sin excluir a nuestro país que, aunque no lo entiende la élite política, afectados de incultura, es parte del Caribe. Sin embargo, no hay que equivocarse. La crisis del Caribe, viene de hace muchos años. La actual, empezó con la llegada de Chávez al gobierno de Venezuela y el inicio de su diplomacia petrolera. Oxigenó a Cuba y retó a los Estados Unidos, provocando entre otras, la caída de Manuel Zelaya, en el 2009.

Pero paradójicamente, se estimuló con la llegada de Trump al poder. Porque hay que tener esto bien claro: aunque Estados Unidos considera el Caribe como “Mare Nostrum”, su accionar crea inestabilidades. Allí fue donde expresó sus primeras manifestaciones de potencia, retadora de Gran Bretaña, la dueña de los mares, el imperio dominante. Estados Unidos, desalojó a Gran Bretaña, dejándole los estados que había desarrollado; pero volviendo suyo, el accionar político de la región, espacio natural hacia el sur, para su propia expansión. En las primeras décadas del siglo, Estados Unidos, impuso la Enmienda Platt en Cuba, en virtud de la cual podía intervenir en los asuntos de la isla, con tal que lo considerara útil a sus intereses. Intervino en Haití en 1915. En República Dominicana, donde engendró la dictadura de Trujillo y Nicaragua, que empolló la de Somoza. Estableció la paz en Centroamérica con sus cañoneras y obligó a los díscolos mini estados, disgregados de la República Federal de Centroamérica, a mantener la paz. Le produjo un respiro a la zona, facilitando el desarrollo de los negocios de los empresarios estadounidenses, con mucho éxito. Las tres excepciones, fueron los levantamientos en Nicaragua, encabezados por Sandino; República Dominicana, bajo el liderazgo de Caamaño y la insurrección de los estudiantes panameños, buscando integrar a su territorio, la herida abierta del Canal de Panamá, afortunadamente resuelta por Carter y Torrijos en un tratado ejemplar, cuyo funcionamiento, solo lo amenaza China actualmente.

Pero la mayor crisis del Caribe que se ha enfrentado, ocurrió el 1 de enero de 1959, cuando un grupo de desgarbados guerrilleros, barbudos, bajaron de la montaña; y, con la complicidad de funcionarios del Departamento de Estado y promesas incumplidas de Fidel Castro al comandante de los tanques hubiera terminado con su aventura revolucionaria en Santiago, logró, tomar el poder en Cuba. La isla entonces, se convirtió en lo que Paul Sartre llamó, “huracán sobre el azúcar”, en un dolor de cabeza para los Estados Unidos. Tanto porque probó los errores del Departamento de Estado, como por la acción equivocada de invadirla, sin una clara decisión de derribar a Castro. Además, le obligó a responder con la Alianza para el Progreso, y al fortalecimiento de gobiernos democráticos. Confirmando que los políticos de Estados Unidos, tienen capacidad de reaccionar; pero les falta habilidad para anticipar en las crisis.

Ahora, las protestas callejeras en Cuba -todavía publicitarias y manipuladas- sin futuro, porque el gobierno está respaldado por las Fuerzas Armadas, las únicas que lo pueden derribar; y, porque la sociedad civil, es inexistente. De forma que, hay que concluir que, el huracán sobre el Caribe, es una indicación que estamos frente, al fin de una época. Y al inicio de una confrontación entre China, potencia emergente, -con presencia en Panamá, Costa Rica, Venezuela, El Salvador y República Dominicana-, buscando retar a Estados Unidos. O a negociar, una nueva entente, igual que con la Unión Soviética, a cambio de una estabilidad en el mar de China septentrional, dejando tranquilas a Taiwán, Japón, Filipinas y Corea del Sur. Es decir, que el Caribe, volverá a ser el espacio para definir el reto de la potencia emergente contra la establecida, como intentó en 1959, la Unión Soviética. Los actores son visibles, pero no, quien sopla los vientos huracanados sobre el Caribe.

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