Sin cacao no hay chocolate

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/ 21 de julio de 2021
/ 01:01 am
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Sin cacao no hay chocolate
La segunda vuelta electoral una necesidad impostergable

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Ernesto Paz Aguilar

Quiero agradecer públicamente a la señora Alice Shackelford, Representante Residente del Sistema de Naciones Unidas en Honduras, por su valioso concurso en la lucha por un proceso electoral creíble, transparente y pacífico en nuestro país.

“No se puede hacer chocolate sin cacao, ni una revolución sin armas” se afirma que dijo “Pepe” Figueres, expresidente de Costa Rica, a los jefes de la Legión del Caribe en el despacho presidencial de Guatemala, en tiempos de Juan José Arévalo. Tenía razón, la Revolución del 48 triunfó seis semanas después, y cambió la historia de su país.

Guardando las distancias y proporciones, el símil es aplicable a la situación que experimenta el Consejo Nacional Electoral (CNE), en sus relaciones con los poderes Legislativo y Ejecutivo, que obstruyen la aprobación de su presupuesto para llevar a buen puerto las próximas elecciones. Sin presupuesto para el CNE las elecciones serán de muy baja calidad, por decir lo menos.

El Consejo Nacional Electoral es el órgano administrativo y técnico del Estado, en materia político-electoral. Tiene la facultad constitucional de dirigir, organizar, controlar y supervisar los procesos electorales internos, primarios, generales, plebiscitos y referéndum o consultas ciudadanas. Trastocarlo, equivaldría a un golpe técnico electoral.
Aun cuando, el partido de gobierno tenga un férreo control de los poderes del Estado, desde el 2019 no tiene la hegemonía en los órganos electorales, y teme perder las elecciones por el degaste del ejercicio del poder durante doce años y el probable voto de castigo. Esta es la razón esencial de su resistencia en aprobar el presupuesto del CNE. Ello explica las tácticas obstruccionistas, desestabilizadoras y dilatorias.

El obstruccionismo legislativo o filibusterismo. Primero fue la resistencia en implementar la reforma constitucional, luego las maniobras obstruccionistas para evitar la aprobación de la Ley Electoral; y, ahora, dilatan su implementación en la recta final del proceso. Dichas maniobras no nos deben sorprender. Son parte esencial de la estrategia diseñada desde la Casa Presidencial y, por ello, debemos enfrentarla y derrotarla.

¿Qué es lo que pide el CNE? El organismo electoral pide el cumplimiento de la ley. Es todo. Tanto el sistema de “Transmisión Rápida de Resultados Preliminares” (TREP) como el lector electrónico de huella digital y el acta de cierre digitalizada (que significa digitar resultados de escrutinio en formato de conteo, en vez de escribirlos a mano) son mecanismos tecnológicos establecidos, de manera explícita, en los artículos 263, 278, 279, 282 y 322 de la Ley Electoral. Todos ellos son instrumentos de disuasión del fraude, aceptados por consenso por las fuerzas políticas más representativas del país.

El cálculo de las élites. Pero no solo el gobierno no juega limpio, un sector de la sociedad civil afirma que “hay grupos interesados, con una agenda oculta, en boicotear las elecciones”. Atacan a la “clase política” en general y afirman que “hay negociaciones por debajo de la mesa”. Al no separar la paja del trigo, no contribuyen al fomento de la confianza ciudadana y generan confusión en el pueblo. No nos engañemos, porque desde ya las élites económicas y financieras, tienen el ojo puesto en la futura composición del Congreso Nacional que elegirá a la nueva Corte Suprema de Justicia, el Ministerio Público, entre otros.

El panorama es triste y sombrío. Sin segunda vuelta, sin voto electrónico, sin lector electrónico de huellas y sin TREP, el proceso electoral será de muy baja calidad. El conteo de las actas de cierre será manual y el escrutinio definitivo lento. Menos mal que habrá encuestas a boca de urna y de conteo rápido que marcarán las tendencias. No obstante, se corre el riesgo de convertir el proceso en un juego suicida, parecido a la ruleta rusa, donde perderíamos todos. Sin embargo, los verdaderos demócratas debemos tener confianza en el pueblo, en el Soberano, quien con su sabiduría que viene de lo alto, derrote el fraude y la corrupción. La voz del pueblo es la voz de Dios.

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