Apuesta al Congreso

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/ 22 de julio de 2021
/ 12:05 am
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Apuesta al Congreso
Carolina Alduvín

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Por: Carolina Alduvín

Faltan poco menos de cuatro meses para las elecciones generales, para haber 14 candidaturas en la contienda, se ve poca actividad, comparando con otras ediciones; sin embargo, los médicos no paran de quejarse de que las campañas proselitistas generan aglomeraciones que están elevando el número de casos, pese a que la vacunación avanza. Como quiera que sea, los resultados son previsibles, la “oposición” prefiere la derrota a la unión, los resultados de las internas demostraron que, sumando los votos del Partido Liberal y las liebres, superan a los obtenidos por el Partido Nacional. Considerando que en noviembre habrá otros actores, no falta quien ponga las esperanzas en los jóvenes que por primera vez ejercerán el sufragio, casi dando por hecho que estos se inclinarán por una opción diferente. Realmente, eso es poco factible.

Las encuestas recientes sobre intención de voto indican que el mayor porcentaje, casi 26 es para el delfín, seguido por la sumisa con poco más de 17, el payaso con casi 16, el expresidiario con casi 12, casi 6 para otro que se identifica con un animal doméstico y un color. El resto de los partidos combinados, apenas sobrepasan 1 y, finalmente los que se abstendrán, con poco más de 10 y los indecisos con casi 12. Cualquiera de los que se ubican entre las posiciones 2 y 5, si lograran captar a estos dos grupos a su favor, sumaría 22 a lo que ya tiene y podría derrotar al oficialismo. Eso, tampoco va a pasar, la mitad de eso se va a perder y la otra se va a diluir.

Ninguno de esos cuatro tiene el suficiente poder de convocatoria, o simpatía, ni los recursos necesarios para una campaña publicitaria masiva y convincente, ni la experiencia en artimañas, ni el poder de compra que haría falta. Así que la elección presidencial está ganada por el oficialismo aun siendo minoría, incluso con los rumores latentes de que ocurra una sustitución de última hora. Además, tenemos la experiencia de los últimos comicios generales, en los que de poco sirvió contar con marcada tendencia a tener la mayoría desde el principio del recuento, para que luego de muchas horas y algunas anomalías aun no muy claras en el sistema, al final, el resultado no coincidió con la intención popular.

Los anhelados cambios en favor de la población y el revertir algunas de las peores decisiones de las más recientes legislaturas, como el propiciar la impunidad para los corruptos dentro de la administración o la venta en pedazos de la soberanía nacional, promocionada como posibilidad de empleos, tampoco tendrán oportunidad de producirse si no se cambian los legisladores. Ahí no se destinan tantos recursos, se confía en la inveterada y nociva práctica del voto en plancha, contra la que se han hecho esfuerzos tan titánicos como inútiles. Se decía que antes estaba implícito en el voto presidencial, para eso se separaron las papeletas y se multiplicaron las urnas en cada casilla, se exigió colocar la fotografía de cada candidato y se hizo del escrutinio una pesadilla de la que muchos terminan desertando y, de paso avalando cualquier alteración.

Aún con la presidencia ya tomada, elegir nuevos legisladores podría frenar los abusos del poder absoluto, tener un Congreso en contra es un serio revés para los gobernantes autoritarios, en especial para que pasen las decisiones que requieren mayoría calificada y se consuman algunas arbitrariedades, también es más difícil corromper y comprar voluntades. La diversidad de partidos da a los electores muchísimas opciones de seleccionar a los mejores entre los conocidos, de otorgar el beneficio de la duda a las nuevas caras. Los votantes de noviembre pueden y deben apostar a elegir un parlamento de oposición al presidente, para reestablecer el balance de poderes, para seleccionar a togados menos dóciles.

La consigna para llenar las boletas de diputados al Congreso Nacional debe ser, en primer lugar, no votar por ninguno de los que aspiren a repetir en el cargo, no hay que olvidar que algunos se encuentran enquistados en sus curules desde el retorno a la democracia, han envejecido ahí sin aportar nada a sus electores; por el contrario, se han encargado de avalar cuanta ley perjudica a la población. Cierto que es difícil conocer a todos, pero existe una buena probabilidad de que los que llegarían por primera vez, no se plieguen a los mandatos de otro poder y que además tengan la voluntad de reparar los daños al interés nacional que han propiciado sus predecesores, derogando leyes inconstitucionales y propiciando el debido castigo a quienes las promulgaron.

carolinalduvin46@gmail.com

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