Ensayo: RAFAEL HELIODORO VALLE, “EL MAESTRO DE AMÉRICA”

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/ 24 de julio de 2021
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Ensayo: RAFAEL HELIODORO VALLE, “EL MAESTRO DE AMÉRICA”

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Por: Juan Ramón Martínez

Rafael Heliodoro Valle.

Sin duda, una de las personalidades más sobresalientes que marcaron el siglo XX, en nuestro país, fue Rafael Heliodoro Valle, educador, periodista, escritor, historiador, diplomático, cronista y poeta, nacido en Tegucigalpa el 3 de julio de 1891 y fallecido en la ciudad de México el 29 de julio de 1959, a la edad de 68 años. Igual que, años después lo hicieran Alfonso Guillen Zelaya, Óscar Castañeda Batres, Jacobo Cárcamo, José Ángel Zúñiga Huete, Ricardo Alduvín y otros muchos más, enrumbó sus pasos, desde muy jovencito, hacia la ciudad de México, donde se hizo maestro, estudio y se doctoro en historia y ejerció sin duda, la mayor contribución a la actividad periodística del continente. Su biógrafa María de los Ángeles Chapa Bezanilla, dice que RHV, fue “el primer hondureño de México”. Muchos mejicanos lo creen compatriota suyo y varios hondureños, despistados, creen que fue un mejicano que escribía sobre Honduras. Tanto por descuido de los educadores hondureños de mantener vivo el ejemplo de los modelos que orienten a las nuevas generaciones hacia la excelencia y la perfección, como por cierto complejillo de inferioridad de los compatriotas que tienen dificultad para aceptar que aquí, en esta tierra de pinos imposibles, se pueden producir hombres grandes, ejemplos para todos y orgullo de los hondureños del mundo. Pese a que RHV, logró éxitos profesionales en México, nunca renuncio a su amor por Honduras, nunca abandonó su nacionalidad y cuando el país lo necesitó, en el momento difícil del tránsito de la dictadura de Carias a la seudo democracia Galvista, puso su nombre y sus esfuerzos para establecer puentes de acercamiento entre el tozudo gobernante de Zambrano y la adolorida oposición liberal que encabezada desde México, José Ángel Zúñiga Huete. Habló con Carías, propuso salidas y cuando Gálvez surgió como candidato apoyó su gobierno, sin descuidar la promoción de la cultura nacional. Gracias a su gestión, tenemos la Academia Hondureña de la Lengua, la institución más distinguida, en su género, que tiene el país y con la cual Honduras se articula con el mundo hispánico, en donde más de 500 millones de personas hablamos el idioma de Cervantes. Y en el servicio exterior, fue embajador en Perú y en Washington, posiblemente el mejor que ha tenido Honduras en toda su historia.

I
Refiere la doctora Chapas Bezanilla que “siendo adolescente, transcurrida en su natal Tegucigalpa,” (su vida) “estuvo marcada por un interesante acontecimiento: su tío, el ingeniero Crescencio F. Gómez, administrador del diario “La Prensa” que dirigía el licenciado Paulino Valladares, le permitió ocupar parte de su tiempo en enrollar los periódicos que iban de canje al extranjero. De esos días, Valle comentaba que la curiosidad, lo había llevado no solo a recortar los sellos de correos que traían los paquetes de prensa que del extranjero llegaban a Honduras, sino que se fascinaba leyendo los periódicos sudamericanos y en especial los de México”. Esa es la razón que para cuando ingresa a la Escuela Normal de Varones en Tegucigalpa, le fue natural que, la primera iniciativa suya fuera la de fundar un periódico manuscrito, bajo el título “Topacio”, mientras que, en La Prensa, apareció su primer artículo, “El Mineral de Cedros”. Ante su evidente talento para escribir, Paulino Valladares, “el príncipe del periodismo hondureño”, “lo invitó a colaborar en La Prensa. Sus artículos, ya biográficos, ya históricos, llevaban por título Efemérides y versaban desde entonces, sobre toda clase de temas internacionales” (Chapa Bezanilla,2019, 21). Un artículo del joven Valle, sobre Benito Juárez, atrajo la atención del entonces cónsul de México en Honduras, José Manuel Gutiérrez Zamora, y lo invitara a conversar a su despacho. El diplomático le preguntó si estaba interesado en estudiar en México. Y ante la respuesta positiva de Valle -que no podía ser de otra manera- le prometió que, haría gestiones para que el gobierno hondureño, que entonces dirigía Miguel R. Dávila, le concediera una beca con la cual sostener sus estudios. Obtenidos buenos resultados, el 6 de febrero de 1908, salió de Amapala hacia Salina Cruz, México. Le acompañaba el cónsul Zamora. En la ciudad de México, se matriculó en la Escuela Normal de Tacuba, y ya para 1909, empezó a escribir en el periódico “La República”, dirigido por Heriberto Barrón que, impresionado por el talento del joven hondureño, lo invitó al Congreso de Periodistas que se efectuó en el Tivoli del Eliseo, encomendándole la tarea de redactar la crónica del banquete. Allí conoció a lo más granado de las plumas de México, “entre ellos a Nemecio García Naranjo y recibió del director La República 20 pesos”. En la Escuela Normal, Valle, se destacó por su talento y afabilidad. Con esas credenciales ingresó, al “Diario del Hogar”, en donde trabajó como asistente en las páginas sociales y publicó su primer artículo en México. Mostrando una enorme capacidad de trabajo y facilidad para redactar, ingresó a escribir en las revistas “Artes y Letras” y en “La Semana Ilustrada”. Porque lo primeo que hay que señalar como virtud de Rafael Heliodoro Valle, es su inclinación por el oficio, su entusiasmo por escribir y su capacidad para hacerlo con enorme velocidad. Su formación posterior, le dará los elementos adicionales: erudición, puntualidad en los detalles y habilidad para darle a la redacción un movimiento y un tono brillante que, sin caer en el dramatismo, que lo vuelve vivo y agradable para los lectores.

II
La revolución mejicana, iniciada en 1810, le obliga a regresar a Honduras. El país del norte, está envuelto en la más grande y dolorosa revolución de su historia y de ella saldrá, como en un parto gigantesco y doloroso, el México Moderno de hoy. Regresó en 1910 a Honduras. Pero en Tegucigalpa, no se mantuvo quieto; ni se dedicó a vivir de sus novísimas glorias alcanzadas en la ciudad de los palacios. Durante los 11 años que se quedó en Honduras, Valle continuó la práctica de su oficio. Escribe para los periódicos de Honduras, hace poesía y publica en los periódicos de México y de muchos otros países de América Latina, en donde su nombre se abre paso, bajo una prosa fresca, elegante, atractiva y sugerente, que muestra una enorme erudición, en la que el detalle puntual, siempre comprobado, le da a la narración la verosimilitud que requiere la escritura bellamente estructurada. Es aquí, en donde posiblemente descubre la utilidad del hecho histórico, la conveniencia del dato preciso, la biografía nítida del personaje mencionado y la anécdota singular que lo define y los caracteriza. En 1921, cuando ya la Revolución mejicana se ha estabilizado. Valle regresa a México invitado por Torres Bodet. Son los momentos que los más ilustrados de la revolución armada de México, descubren la necesidad de pasar del retumbar de los cañones y del ácido olor de la pólvora, a la cultura. Por ello, José Vasconcelos que tiene el mérito de haberlo comprendido primero. Por ello, en la búsqueda de talentos y una vez que se entera de su regreso, lo invita a escribir en la revista “El Maestro”, para lo cual, le escribe la siguiente carta: “Muy distinguido señor mío. La Universidad Nacional, por acuerdo del C. presidente de la República, va a fundar el 1 de abril próximo la revista “El Maestro”, con las más amplias proyecciones educativas. Se trata de realizar, en una publicación de máxima importancia por su circulación, la obra de cultura más intensa y eficiente. Estimando en lo que valen los méritos de usted, me honro invitándolo a colaborar con esta empresa de alta cultura. Seguro de contar con su valiosa cooperación me permito rogarle se sirva escoger el tema o los temas, para lo cual hallará usted adjunta la lista de secciones que contendrá el sumario de esta revista. Sírvase usted aceptar mi anticipado reconocimiento y la atención de S.S.”. (Chapa Bezanilla, 2019, 22, 23). A su regreso a México, efectúa una extraordinaria labor en la promoción del libro, en la educación popular, en la forja de nuevas relaciones, enseña y crea una pléyade de discípulos que, lo verán como modelo de ciudadano, amigable conversador, inteligente contertulio, estudioso e investigador. Y para concluir su formación, el mismo, se forma como historiador, logrando un doctorado en la UNAH, con una tesis sobre Cristóbal de Olid, conquistador de Honduras. Con lo que va creando la base que, lo convertirá en el maestro de América. El trabajador incansable, que escribe en forma notable y que, está, en todas partes, donde se habla de cultura, se cultivan las letras y se hace amistades. Porque Valle, fue un caballeroso ciudadano, centro de múltiples iniciativas culturales: “El Ateneo Americano” en Washington y “La Academia Hondureña de la Lengua” en Tegucigalpa.

III.
El maestro Valle, no solo fue un hombre dedicado a la investigación, excelente escritor, trabajador infatigable y atento observador de los hechos de la realidad continental, sino que una buena persona. No exhibió mezquindades; no hizo “capillismo” de unos en contra de otros; ni sufrió por el éxito de los demás. Más bien, hizo de su pluma, un instrumento para la promoción de los valores locales, mejicanos y del continente, y además, celebró las visitas de los hombres y mujeres de cultura que visitaban México, a quienes entrevistó para Excélsior, entonces el principal periódico de México. Y, además, en términos metodológicos, introdujo en el periodismo de México, un modelo de entrevista diferente, original, de mayor profundidad y calidad. El lector, puede conocer al personaje, no solo a través de sus respuestas, que pueden ser deliberadamente dirigidas a convencerlo de cosas que no son tales, sino por el estudio biográfico que, el maestro Valle, le agrega a la entrevista. Es un modelo que, solo él podía practicar, porque para ello, se requiere investigación profunda del entrevistado, constatación de sus contribuciones teóricas, sus acciones públicas y su forma de ser. Agregándoles detalles anecdóticos, que le daban vida a la entrevista que, más bien tenía el tinte de una conversación, de dos amigos cultos que, se encontraban nuevamente. Se calcula, según su biógrafa Chapas, que hizo y público, más de 1,000 entrevistas. Confirmando su enorme talento, disposición y habilidad, porque para hacerlas, había que tener el acervo cultural de Valle, la información ordenada que manejaba en sus archivos, el detalle puntual y el toque especial, para volver a la entrevista, una conversación entre iguales. Es decir que ese modelo -que hasta donde sabemos, no ha tenido seguidores- solo un hombre del talento de Rafael Heliodoro Valle, podía practicar. Y él fue una figura, singular sin replica, del que una vez creado, se “destruyó el molde en el que fue fundido”, como dirían para entonces en Honduras.

IV.
Pero Rafael Heliodoro Valle, no solo navegó en las aguas profundas. También experimentó placer en el hecho de las orillas; por el dato simple y común. Para ello, recurrió a la columna que, con enorme talento y habilidad, publicó en los principales diarios y revistas del continente. Así como fue el hombre de los seudónimos -posiblemente el hondureño que más ha creado, en el campo del periodismo- y también por ello, fue el creador de más columnas que se tiene memoria en el periodismo continental: “Cosmopolis”, “América tiene la palabra”, “Nuestra América”, “Esta América de Sangre Cálida”, “Columna de humo” -que publicaba el diario El Día de Tegucigalpa y fue la que, nuestra generación, leyó con más asiduidad- “Periferia de México”, “Minucias de Historia”, “El maravilloso mundo de la realidad”, “Evocaciones”, “Viaje de orden suprema”, “Gazapos”, “La ciudad está de duelo”, y “Tal día como hoy”. Lo interesante es que estas columnas que eran publicadas en los principales periódicos y revistas del continente, entre otros “La Prensa”, de Buenos Aires, “El Universal”, “Excélsior”, “El Nacional”, “Novedades” y “ABC” de México; “Diario de la Marina de La Habana”, Cuba; “La Crónica” y “El Comercio” de Lima, Perú; “Diario de Yucatán” de Mérida; “El Norte” de Monterrey, México; “La Prensa” de Nueva York y de San Antonio Texas; “La Opinión” de los Ángeles, California; “El Dictamen” de Veracruz; “La Noticia” de Managua; “Diario Latino” de San Salvador, El Salvador; “Diario de Costa Rica”; “El Dia” de Cali, Colombia y “El Día” de Tegucigalpa, Honduras, (Chapa Bezanilla, 2019, 24). Refieren los que le visitaban, que tenía a sus órdenes tres secretarios, a los cuales, ubicados a cierta distancia, les dictaba sus artículos, citando fechas y nombres, anécdotas, noticias, con una facilidad asombrosa. Por supuesto, estas columnas tenían carácter periodístico, no buscaban proyectar doctrinas ni fomentar filosofías y, mucho menos, bendecir, satanizar ideologías. O defender o acusar gobiernos. Estaban escritas para el lector común que las apreciaba. El hondureño Dionicio Ramos Bejarano, líder del Partido Comunista de Honduras, para entonces exiliado en México (1956) me refirió en conversación privada, que los temas eran vanos, insustanciales, “fíjese me dijo que, la columna se llamaba de Humo”. Hasta el final de sus días entendió, cuando el mismo se volvió columnista, que el escritor tiene que escribir para el lector. No para sus colegas; ni mucho menos para sus correligionarios. Esta inmensa tarea periodística, le valió recibir en 1940, el Premio Marie Moors Cabot de la Universidad de Columbia, Estados Unidos. “el 7 de noviembre de 1940, en la Universidad de Columbia, en presencia del Claustro Pleno, recibió la distinción de manos del rector, doctor Murray Butler”. (Chapas, 2019,25). Este premio que recibiera Valle, contando con el aplauso de todo el continente, es el único hondureño, que lo ha recibido, lo que indica que la labor realizada por Rafael Heliodoro Valle, no ha tenido competidores entre nosotros.

V.
Valle, como era natural en un espíritu inquieto como el suyo, no podía sustraerse a lo que, desde 1933 estaba pasando en Honduras. Desde 1936, Tiburcio Carías Andino se había convertido en el dictador, intocable que había vencido y arrinconada a la oposición liberal. Coincidencialmente, la plana mayor de la dirigencia liberal opositora, encabezada por el llamado “León del Liberalismo”, José Ángel Zúñiga Huete, residía en México DF. La mayoría, eran amigos y compañeros de R. H. Valle, que militaba en las filas liberales. Este, con su enorme talento, se dio cuenta para 1947, que el fin de la II Guerra Mundial, impedía que Carías Andino continuara en el poder. Y que había que buscar una transición, ordenada y pacífica para facilitar el tránsito de la feroz dictadura, a una democracia, suave y parvularia que, encaminara al país hacia mejores derroteros. En uno de sus viajes, hizo escala en Tegucigalpa y se entrevistó con Carías Andino. Aquello, desencadenó entre los dirigentes liberales en el exilio, una serie de implacables ataques, la mayoría de ellos injustos en contra de Rafael Heliodoro Valle. Pero cuando Juan Manuel Gálvez, sucede a Carías, Valle representa la moderación y se convierte en una suerte de puente para unificar la división partidaria, disminuir los enconos y, posiblemente lo mejor, darle al gobierno de Gálvez un aire cultural que volvió más digerible el nuevo gobierno, tanto en el exterior como en el interior. Valle trajo misiones periodísticas, como medio para mostrar la cara limpia de una Honduras que se ponía de pie. Y además, le dio sentido de responsabilidad grupal a la intelectualidad hondureña que hasta entonces había mamado en la ubre cariista. Su mejor obra fue, la creación de la Academia Hondureña de la Lengua, el 28 de diciembre del 1948 y a cuya sesión inaugural, asistió el presidente electo Juan Manuel Gálvez. Pero esto no se lo perdonaron jamás los liberales panteristas, llamados así, por intransigentes y desconsiderados. Rafael Heliodoro Valle, fue nombrado embajador de Honduras -el mejor que nunca jamás hemos tenido- en los Estados Unidos, hasta 1955, durante la dictadura de Julio Lozano Díaz. En 1955, en su “Columna de Humo”, publica en el Diario El Día, Valle escribió que el problema de límites con Nicaragua no estaba resuelto. Tan era cierto que, para entonces, hasta el río Mocorón, las tropas de Nicaragua, ocupaban La Mosquitia hondureña. Óscar Flores, líder liberal, en su tarea de opositor, criticó a Lozano Diaz, porque su embajador afirmaba tal cosa, cuando formalmente, no en los hechos como lo confirmara la sentencia de la Corte Internacional de Justicia, que en 1960, declaró valido el laudo de 1906. Por las presiones de El Pueblo, el período de los liberales, que nunca le perdonaron a Valle su cercanía con los nacionalistas, fue despedido en forma antidiplomática, ofendiendo su persona y echando un valde de agua sucia sobre la imagen de Honduras que el poeta de Jazmines del Cabo, había honrado y prestigiado como nunca nadie lo ha hecho jamás, porque ni siquiera le permiten como señalan los usos diplomáticos, despedirse de sus colegas. Regresa a su casa en México, adolorido y fuertemente afectado emocionalmente, en donde continua sus labores. Cuatro años después, muere el 29 de julio de 1959. Para honrar su memoria, la cancillería hondureña creó un Premio Rafael Heliodoro Valle con proyección continental que se otorga de acuerdo al grado de escolaridad del canciller de turno; y la Academia Hondureña de la Lengua, creó hace tres años, el premio que lleva su nombre y que se otorga anualmente a un joven historiador. Este año, le será entregado a Jorge Amaya, estudioso de los grupos culturales que han dado forma al mestizaje hondureño. Pero estas dos cosas no son suficientes. Honduras tiene que hacer algo más para honrar a uno de sus mejores hijos, que más prestigio le han dado y que los políticos, ofendieron en forma injusta y desconsiderada. Ahora será difícil. La clase política, cada día que pasa, más alejada de la cultura y del alfabeto, no valora los temas del espíritu; ni honra los comportamientos de sus hijos que, le dan prestigio nacional o internacional. La mayoría de ellos, no saben quién fue Rafael Heliodoro Valle, maestro de América. Para ellos es esta crónica que, tenemos esperanza que algunos de ellos lean. O alguno de sus alfabetizados asistentes, le hablen de Rafael Helidoro Valle.

Tegucigalpa 17 de julio de 2021

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