“Anales Históricos”, de Juan Ramón Martínez, un primor literario

ZV
/ 25 de julio de 2021
/ 01:12 am
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“Anales Históricos”, de Juan Ramón Martínez, un primor literario
Óscar Aníbal Puerto Posas

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Óscar Aníbal Puerto Posas

Señor director de la Academia Hondureña de la Lengua,
Lic. Juan Ramón Martínez Bardales:

Compañeros miembros de número de la Academia Hondureña de la Lengua;

Distinguido auditorio:

He aquí un libro “conmovedor y hermoso”; la frase no es mía, le pertenece a Rafael Heliodoro Valle. Padre de esta Academia, cuyo 42 aniversario de fallecido, conmemoraremos, en este salón sencillo y a la vez majestuoso, el 29 de este mes.

“Anales Históricos”, no es una simple relatoría de la vida política de Honduras de 1821 a 2009. Por cierto, un largo tramo en la vida nacional. Es algo más, es un homenaje a un país pequeño, vibrante, laborioso. –A veces desafortunado– pero jamás opaco que se llama Honduras. Nuestra Honduras “magnífica y terrible”, como bien la llamara el poeta Jorge Federico Travieso.

En este libro Juan Ramón Martínez, venido de Olanchito, la “ciudad luz de Centroamérica”, sienta -por fin- los cimientos de la verdadera historia nacional. Se refiere a hombres y sucesos con una sorprendente objetividad. Este libro es un escalpelo, un bisturí que deja ver al lector las vívidas entrañas de la patria.

Al leerlo me he quedado atónito y perplejo. Juan Ramón no califica ni descalifica a ningún personaje de nuestra historia.

A veces es iconoclasta. Hay figuras que nos enseñaron a venerar en la escuela. Que él sin objeciones coloca en su sitio. Daré algunos ejemplos: Dionisio de Herrera, dio pie a su derrocamiento por Arce. No entendió el chorotega el concepto de República Federal. Lo que lo llevó a no incluir en el primer presupuesto del país nuestro aporte como Estado confederado al funcionamiento de la República Federal de Centroamérica. Considera –además que su formación política era elemental. Sospecha que ni siquiera había leído la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica. Si nuestro primer Jefe de Estado tuvo esas falencias. Qué podía esperarse de la larga lista de gobernantes que ha tenido este país.

El problema no estriba en dividirlos en héroes y villanos. El reto, el desafío, es colocarlos frente al espejo de su tiempo. El guatemalteco David Vela, escribió un ensayo biográfico bellísimo sobre Francisco Barrundia. Lo titula: “Barrundia frente al espejo de su tiempo”.

“Anales Históricos”, reinterpreta a Honduras. Aquí no cabe hablar de “reformador”, cuando no hubo reforma liberal fehaciente. Tampoco hubo un adalid al frente del proceso.

Marco Aurelio Soto Martínez “lo echaron a sombrerazos”, para hablar como hablan los campesinos. Quizá el proceso hubiera sido más profundo si Rufino Barrios confiara en Ramón Rosa, la conducción de la nave del Estado. Juan Ramón Martínez, sin embargo, no hace astillas de Marco Aurelio Soto. A ratos, socarronamente, se burla del personaje. Nos saca del error de creerlo viviendo en París como un potentado. En esos meridianos arrastró la vida con dificultades. No hizo el papel de indigente. Tampoco brilló como hombre inteligente.

Juan Ramón le reprocha el fusilamiento de los generales José María Medina y Ezequiel Marín en Santa Rosa de los Llanos (hoy Santa Rosa de Copán). No había causa alguna para hacerlo. Yo le reprocho, además, el fusilamiento de Calixto Vásquez (la oligarquía a la que pertenecía Soto, lo deshonra llamándolo “corta cabezas”). Su delito fue defender la tierra, desde la Colonia Española concedida a los indígenas. También le organizaron “un Consejo de Guerra”. Soto era adicto a estos patrones. Otros mataban –cumpliendo sus órdenes- mientras Marco Aurelio (tiene nombre de emperador romano)- oxigenaba sus pulmones con el aire de los pinos que entonces circundaban a Tegucigalpa.

Pero no todo es tétrico en “Anales Históricos”. No es una verdad absoluta la archisabida frase de Rafael Heliodoro Valle: “La historia de Honduras puede escribirse en una lágrima”. Frase que un poeta del siglo pasado, arruinó con un agregado desafortunado. Juan Ramón Martínez rescata pasajes históricos que me estremecieron al leerlos. Su pluma fulgura al hablar del General Francisco Morazán (ver página 110-115).

Los años cincuenta del siglo pasado fueron maravillosos: nace el cooperativismo. Su precursor no fue un rumano, sino un modesto maestro, Herminio Fajardo, para ese entonces, director de la Escuela Normal El Edén de Comayagua. Se edita en México: “Prisión Verde” de Ramón Amaya Amador (Juan Ramón Martínez es su más eximio biógrafo) y Jaime Fontana, edita en Buenos Aires, Argentina, su gigantesco: “Color Naval”. Quisiera agregarle otro libro no literario que, a mi juicio, es de los pocos estudios jurídicos serios escritos alguna vez en Honduras: “El Derecho del Cheque”, editado en México, en los talleres de Gráfica Panamericana. “La edición estuvo al cuidado del autor”, reza el colofón. El autor era un joven abogado de Tegucigalpa, con raíces en Gracias, Lempira, Francisco J. Zacapa.

1954, fue el año de la huelga obrera hondureña, “monstruosa”, me encanta el calificativo de don Eliseo Pérez Cadalso (de paso, exdirector de esta Academia). Se pararon veinticinco mil obreros agrícolas de las dos compañías bananeras establecidas en nuestro territorio y a ellos se agregaron los mineros de San Juancito, las obreras de las camiserías de Tegucigalpa y de San Pedro Sula, dando un total de cuarenta mil hombres y mujeres en huelga. Esta duró 69 días. De la huelga dimanan: Código del Trabajo, Seguro Social y Ley de Reforma Agraria.

Lo lamentable es que ese mismo año, al territorio de Honduras es utilizado para invadir Guatemala. El entonces presidente Juan Manuel Gálvez Durón, estaba renuente a este tristísimo episodio. Mas no resistió las presiones del embajador norteamericano. Aconsejo leer: “Willauer, embajador, político e intervencionista” (1954-1959), (páginas 158-170). Martínez no exculpa a Gálvez. Pero descorre telones misteriosos por donde discurre la influencia extranjera.

A todas las bondades antes dichas, “Anales Históricos”, añade otra: está escrito en una prosa elegante. Virtud del autor. Festejo la siguiente frase, refiriéndose a Jorge Bueso Arias: “El mejor presidente que no tuvo Honduras”. Hay perfiles magníficos de hondureños ilustres: Ramón Oquelí y Miguel Andonie Fernández, entre otros. Raro que no haya incluido mujeres. Y desde luego, reciento el olvido a personajes de suelo natal. La verde y ensoñadora ciudad de Olanchito. Lo congratulo ello sí porque no haya incluido la semblanza de ninguno de los hombres que su partido (DC), pretendieron alzar a la Presidencia de la República.

Solo he encontrado un defecto en este libro. Su autor, por modestia, por no hablar de sí mismo, en la contraportada se autodefine con nerviosas pinceladas.

Trataré de llenar este vacío. Ya está dicho. Nació en Olanchito en 1941. Su padre –venido de Olancho- se llamó Juan Martínez y su madre, nativa de Olanchito, se llamó Mercedes Bardales. Cursó la educación primaria en la Escuela de Varones “Modesto Chacón”. “Escuela de los niños bien vestidos; alfabeto de azúcar como una golosina; el recreo regresa de los patios y el aula es una fiesta”. Esta descripción se la copié a un grande de nuestra literatura: Arturo Martínez Galindo (1903-1940). (“Canción de la Soledad”).

Su secundaria transcurre en el Instituto “Francisco J. Mejía”. Egresa, convertido en Maestro de Educación Primaria Urbana. Ofició como tal en la escuela donde estudió. Profesó durante dos años.

Vino a Tegucigalpa, estudió en la Escuela Superior del Profesorado, de donde egresa con el título de Maestro de Educación Media en Ciencias Sociales. A los 26 años llega a Langue, Valle, se aposenta como director del Instituto “John F. Kennedy”. Encontró un caserón destartalado. Mueve a la comunidad y construyeron un edificio bastante aproximado a las exigencias de la pedagogía moderna. Sus alumnos y alumnas eran en su mayoría maestros(as) empíricos; de las aldeas de Langue. Para ellos instituye un horario poco ortodoxo: de las cuatro de la tarde a las nueve de la noche.

Tuvo una cosecha brillante: Carlos Alberto Tovar Santos, hoy Licenciado en Trabajo Social por la UNAH. Ernesto Gálvez, Licenciado en Sociología por la Universidad de Costa Rica y catedrático de la UNAH. Leónidas Ávila Chávez, maestro, fundador y director del Instituto para la Cooperación y Autodesarrollo (ICADE). Germán Tovar Santos, Profesor de Literatura por la UPNFM.

Para su honra y orgullo, por sus manos de maestro pasaron mujeres que, le han dado mucho a Honduras: Nohemy Martínez (hoy de Tovar) y Merza Paz, doctora en Medicina y Cirugía y exsecretaria de Salud Pública en la administración de Manuel Zelaya Rosales.

Trabajó después en CÁRITAS, donde llegó al cargo de Director General. También en el Centro de Capacitación “La Colmena”, Choluteca, Choluteca. A propósito de “La Colmena”, conoció las mieles del amor y luego contrajo nupcias con Nora Midence Bones. Su esposa amorosa dulce compañía en los días amenos y atroces que da la vida.

Fue director de la Federación de Cooperativas de Ahorro y Crédito de Honduras (FACACH). Fundador de la ONG Asociación para el Desarrollo (ASEPADE). Primer presidente de la Federación de Organizaciones Privadas para el Desarrollo de Honduras (FOPRIDEH). Miembro del Club Rotario Tegucigalpa Sur.

Fundador del Partido Demócrata Cristiano de Honduras y excandidato por este partido a la Presidencia de la República. Exdirector, con rango de Ministro del Instituto Nacional Agrario (INA), en la administración de Rafael Leonardo Callejas Romero. Cuando Callejas implantó la Ley para la Modernización y el Desarrollo Agrícola, proemio del neoliberalismo, Juan Ramón renunció sin ruido.

Ha publicado veinticinco libros, en diversos géneros literarios, excepto de poesía “la poesía es vaso santo”, dijo José Asunción Silva y Juan Ramón Martínez no se atrevió a profanarla. Tiene alrededor de cuarenta años de mantener una columna en diario “La Tribuna”, de esta ciudad y recientemente en diario “La Prensa”. Actualmente es el director de la Academia Hondureña de la Lengua (AHL). Al calor de la confianza me ha dicho que en su larga trayectoria es el cargo que más le enorgullece.

Señoras y señores:

Sin historia no hay porvenir. El libro publicado señala errores y aciertos. Hay que leerlo. Es un primor literario. De sus páginas se desprende un intenso amor a Honduras.

Muchas gracias.

Tegucigalpa, 16 de julio de 2021

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