Un proceso electoral amenazado

MA
/ 27 de julio de 2021
/ 01:15 am
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Un proceso electoral amenazado

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Rafael Delgado Elvir

Si bien es cierto no es lo único, pero el hecho de celebrar con regularidad elecciones que sean libres y justas en sus resultados, contribuye a crear un ambiente de paz y prosperidad en el país. Con elecciones de esa naturaleza, tanto a nivel interno de los partidos políticos como a nivel nacional, se puede contar con un mecanismo en funcionamiento que escoja a los mejores ciudadanos para desempeñarse como representantes de sus conciudadanos y que descarte todos aquellos que no cumplen con los requisitos mínimos establecidos por el consenso general establecido en las leyes. Indudablemente que sería un buen punto de partida. Los candidatos y funcionarios electos entregados a otros intereses diferentes a los de la población que los eligió, podrían existir, pero sería un fenómeno que por la misma fortaleza del proceso estaría condenado a ser de poca importancia.

En el caso que las elecciones presenten cada vez más, elementos que niegan la participación libre del ciudadano, con financiamiento del crimen, con reglas y autoridades comprometidas solamente con los intereses de sus cúpulas partidarias, improvisando en cada momento, dejando los resultados a criterios de los corruptos en las mesas electorales a los que no les importa el criterio del votante, estaremos evidentemente ante algo muy diferente que no es precisamente un evento que conduzca finalmente al fortalecimiento de la democracia.
No es ninguna exageración, mucho menos una intención de desprestigiar al país y a sus instituciones, constatar que mucho de lo anterior ocurre en Honduras. Aún más, sucede con el agravante que los vicios alcanzan dimensiones cada vez mayores, convirtiéndose en factores que deciden más en los resultados electorales. Es un hecho comprobado, que en suma son centenares los candidatos tanto a nivel presidencial, como a nivel de diputados o alcaldes que han surgido bajo la sombra del fraude que se arma desde días antes con las ya conocidas artimañas y bajo el manto de la ilegalidad impuesta a través de los golpes constantes a la institucionalidad. Lo peor, es que esas situaciones van impregnando a los políticos y a los partidos, al sistema en general, convirtiéndose en una rara normalidad a la que sorprendentemente muchos se acostumbran y a la que finalmente perciben como normal e inevitable que ocurra.

A escasos meses de las elecciones generales y con un antecedente poco lucido como fue el proceso electoral primario, las fuerzas que controlan maniobran para definir el proceso a su favor. Todo camina al ritmo de los compromisos contraídos años atrás, que ahora cada quien desea ignorar. Sobre un fango que amenaza con paralizar lo poco rescatable, se hunde el proceso electoral amenazado además por la negación a aprobarle fondos, por la indefinición de temas claves como la transmisión de los resultados y por un ejército de mercenarios preparándose el día de las elecciones para cambiar los resultados en la mesa receptora a favor de su patrón.

La verdadera naturaleza del proceso, controlado por las cúpulas partidarias antidemocráticas, sale ahora a relucir con sus defectos y defectuosa preparación. Nunca quisieron democratizar el proceso sentando las bases para un evento mejor organizado y así superar los vicios del pasado. Se negaron a proteger el proceso frente a las agresiones a la voluntad popular manifestada una y otra vez en el conteo parcializado, en la elaboración del acta y en la transmisión amañadas. Dispusieron una repartición de los puestos y funciones de los organismos electorales al gusto de las cúpulas para defender sus votos cuando en realidad lo que aspiran es controlar el resultado electoral. Hubo una obstinada e interesada oposición a la segunda vuelta electoral para bloquear la posibilidad de un resultado contrario en caso de no haber un claro ganador. Todo esto tiene su costo para la salud del país ya que la debilidad evidente nos lanzará nuevamente a una situación donde se abrirán más diferencias y crecerán más las dudas sobre la legalidad de las autoridades que puedan surgir de este evento electoral.

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