SI NOS TOCASE PROPONER

MA
/ 15 de septiembre de 2021
/ 12:25 am
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SI NOS TOCASE PROPONER
GANADORES Y PERDEDORES

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CUANDO la comisión exploratoria (“fact finding misión”) de alto nivel –en la época de la guerra fría– anduvo por estos pintorescos paisajes acabados recogiendo pareceres para realizar un diagnóstico sobre la naturaleza del polvorín que amenazaba sus intereses hegemónicos y de seguridad nacional, su inquietud primaria era que la asistencia de Washington durante todo ese tiempo pareciera no haber incidido en mejorar las condiciones de vida, dando banderas –por paupérrimas condiciones de pobreza– a los movimientos guerrilleros de izquierda para instigar insurrecciones. El efecto secundario eran los desplazados, huyendo de los trastornos políticos. No tenían otra opción más que migrar a los Estados Unidos. Hoy, la piedra en el zapato, los crecientes flujos migratorios, no altera que la raíz del problema siga siendo la misma: La pobreza extrema generadora de vulnerabilidades desemboca en masivas migraciones.

Solo que a la penosa situación derivada del círculo vicioso del atraso y a la hemorragia por inestabilidad política, se fueron sumando los desastres naturales y los daños a la infraestructura productiva nacional de esta peste sanitaria. Gente desesperada, sin trabajo, sin ingreso, sin oportunidad, por primario instinto de sobrevivencia –ya que la necesidad obliga–, busca afuera lo que no encuentra en su país. Así que la solución a este condenado maleficio no va a ser ninguna cantidad de asistencia de cualquier plan que elaboren. Sea cual sea la lista de favores en que escojan malgastar. Tampoco sirve ninguno de esos proyectos mexicanos de sembrar palos, (“Sembrando Vidas”) o de vincular varios muchachos a empresas para que los capaciten, (“Jóvenes construyendo Futuro”) para los que AMLO –dio un irrisorio donativo–, tapando el ojo al macho de la inexistencia del “plan integral de desarrollo” que ofreció. Ahora quiere saludar con sombrero ajeno. Que Washington ponga el dinero. Ello equivale a echar gotas en un mar de descomunales necesidades. Aparte que al gobierno mexicano lo que le interesa –sacándole partido a esta coyuntura– es lo suyo. O sea lo otro que abordaron en el Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN): “Promover el desarrollo económico y social sostenible en el sur de México”. Si se tomaran la molestia haciendo las consultas pertinentes –y no solo a gobiernos porque esos son solo parte del todo dentro del contexto nacional– tendrían insumos para elaborar algo que funcione.

Si a nosotros nos tocase proponer –ni caso que hicieran– no lo haríamos solicitando recursos inútiles que a saber qué destino vayan a tener. Se trata de dar una salida que logre transformar este herrumbroso sistema disfuncional. La idea de los beneficios de la “Cuenca del Caribe” fue acertada. Inspirada como solución integral. Tuvo logros evidentes. Recompuso la arquitectura estructural del país, de ser exportador de artículos tradicionales a la mayor diversidad y heterogeneidad de las actividades productivas. Generó crecimiento económico y cientos de miles de empleos evitando que la migración fuese superior. Lástima que el desarrollo solo llegó a la exportación de artículos primarios. Cuando México –otra vez los mexicanos–negociaron el Nafta con los Estados Unidos, perdimos ventaja. Las maquilas migraron para allá. Para compensar y superar –haciendo oportunidad del bíblico huracán en nuestro período presidencial– gestionamos la ampliación de los beneficios de la “Cuenca del Caribe”. La dieron y las maquilas regresaron, e incluso hubo expansión.

Sin embargo el gobierno siguiente dispuso negociar un TLC. Desapareció el beneficio que teníamos en una vía. Ello es que mientras Honduras sí podía introducir al mercado norteamericano sus productos de exportación libres de gravámenes, los artículos de allá pagaban aranceles con limitación de cuotas de importación. El TLC es un intercambio comercial en ambas vías. Donde progresivamente fueron desapareciendo los impuestos de introducción a los artículos traídos de los Estados Unidos. Con tal tuerce que el inhábil negociador nacional, dejó desprotegidas las actividades del campo. Que sufrirán las consecuencias –de los perdedores–cuando venzan las cláusulas de salvaguarda. Ello hundirá aún más la economía doméstica. Así que si quieren hablar de planes que detengan la migración, esa es la ruta. Debe haber una renegociación del TLC –mejor si desaparece la opción de las dos vías y se deja como era cuando se gozaban de los beneficios de la “Cuenca del Caribe”– y algo más. La inversión debe ser en educación, reentrenamiento y tecnología. Eso es lo que no se pudo desarrollar y que sin ello, no hay forma de superar estos guarismos deprimentes del atraso. Son los avances tecnológicos los que mueven las agujas del reloj de la hora presente. (Volvimos a agotar el espacio y no se supo qué vela encendió el Sisimite. Así que continuará).

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